Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

20/09/2017

Ahora todo es digital y está en la Red. Pon tú el precio.

Muchos recursos de los que disponemos son escasos, pero el conocimiento no es uno de ellos.

Hoy la informática no puede concebirse sin la ética hacker. Entiéndase que hacker no es sinónimo de pirata informático: en su acepción más auténtica hacker es un experto en seguridad informática, programación o sistemas. El sentido peyorativo del término procede de la baja calidad informativa que de ordinario ofrecen los medios de comunicación (sin descartar que muchos se vean bien guapos con parche en el ojo).

Los hackers tienen protagonismo en la constitución de Internet tal como la conocemos ahora. Es una filosofía que hunde sus raíces en un momento histórico concreto de la cultura norteamericana y se basa en principios como la descentralización y el afán de compartir conocimientos y, respecto a la relación humana con los ordenadores y la tecnología que nos rodea, se parte de la base de que:

– La información debe ser libre.
– La informática ha de ser una herramienta que sirva para mejorar nuestras vidas.
– La red debe facilitar cualquier forma de expresión creativa o artística.
– La autoridad gubernamental, académica o la propia burocracia, no deben poner trabas al desarrollo de todo lo anterior.

Un numeroso grupo de personas perseveran por entender y mejorar las nuevas tecnologías haciéndolas accesibles al conjunto de la sociedad. Eso se llama usabilidad y difusión. Y, no menos importante, también es la lucha para que los avances obtenidos en el conocimiento se mantengan lejos del control exclusivo de gobiernos y grandes empresas, algo que por supuesto no resulta nada fácil.

Es el ideario que forma parte del movimiento de software libre, donde miles de programadores repartidos por el mundo se unen a través de Internet para progresar juntos. Saben que sus creaciones pueden beneficiar a todos y de paso están frenando en lo posible los monopolios, que de otra forma florecerían instantáneamente.

Sin personas que compartan conocimientos de forma colaborativa y altruista no existiría la Wikipedia, ni se hubieran desarrollado todas esas plataformas que dan cobijo a grandes ideas y aplicaciones: Google, Firefox, FileZilla, Thunderbird, WordPress, los sistemas Linux, Apache, MySQL, OpenOffice, eMule, BitTorrent… Sin la cancha de Internet los programadores de todo el mundo no hubieran podido encontrarse y aplicarse en crear y compartir software, así que todo va en el mismo lote.

La inveterada costumbre humana de imponer patentes, privilegios, arbitrios, licencias y todo ese tipo de iniciativas que tanto nos gustan poner en marcha para prosperar nosotros y joder al prójimo, no hubiera permitido el desarrollado de Internet de la forma impresionante en que lo ha hecho.

No hay duda de que las nuevas tecnologías están obligando a cambiar de manera clara y muy rápida un montón de cosas en nuestras vidas, para bien y para mal, desde aspectos relativos al ocio, las profesiones o los hábitos domésticos hasta la forma de comunicarnos, formarnos o comprar y vender.

Todo lo cual afecta no sólo a los modelos de negocio; también a la creación desde su fase inicial y por lo tanto a los tan cacareados “derechos de autor”.

Desde hace años el gobierno legisla para salvaguardar la propiedad intelectual en la Red. Pero, ¿qué interés? ¿el cultural común o lo que demandan personajes y grupos empresariales de presión? Porque hasta ahora las leyes de propiedad intelectual más que aumentar y favorecer parece que han reducido las creaciones en general, y eso sin hablar de privilegios, favoritismos o la clientela de paniaguados que generan las políticas de subvenciones…

Se puede debatir acerca del tema de los derechos de autor hasta el último anochecer de los tiempos, pero resumiendo la cuestión planteada respecto al uso y abuso de tecnologías, hoy tenemos básicamente dos escenarios planteados:

a) Los creadores, sus representantes, valedores e interesados, renuncian a parte del pastel que -antes- había y que venían percibiendo y explotan nuevas fórmulas para obtener beneficios por otro lado.

b) Permanece el mismo esquema de derechos de autor adquiridos protegiéndolo con una política represora que restrinja los usos tecnológicos de la mayoría para amparar a una minoría.

La realidad marca la primera vía; la Administración, empujada por las organizaciones que gestionan aquellos derechos, opta por la segunda. ¿Cuánto durará la lucha? ¿Cómo acabará? Ni idea, pero es seguro que los modelos de negocio se transforman a tal velocidad que no van a ser los mismos. Es así, no hay vuelta atrás.

La innovación no va a morir ni las personas emprendedoras van a desaparecer. Quienes sí tendrán dificultades son todos aquellos que se opongan rotundamente a los nuevos tiempos.

Si se transforma la filosofía de la industria de la música y similares, habituadas a explotar a los artistas y exprimir el bolsillo de los consumidores, bienvenido sea el cambio.

Os dejo con unos extractos de un excelente articulo de Javier Candeira, uno de los mejores analistas de nuevas tecnologías:

“En presencia de las tecnologías actuales, la copia privada (masiva, pero privada) es un hecho natural inevitable o, mejor dicho, sólo evitable mediante dos catástrofes: o la vuelta a una sociedad preindustrial o la implantación de un estado policial.
(…)

Cada vez hay más cultura más accesible libremente a más gente, y los esfuerzos de las Coaliciones son sólo dedos que intentan taponar agujeros en un dique que se derrumba.
(…)

Pero no el dique de la cultura, sino el de los modelos añejos de las industrias editoriales de la cultura. Los nuevos modelos pueden suponer otras hecatombes distintas .. : la desaparición del negocio de la música grabada, por ejemplo. El mundo de la edición literaria ya está sufriendo grandemente, y el paso al digital puede hacer que desaparezcan los sueldos (que no los trabajos) de muchas personas, no sólo autores sino editores, correctores, diseñadores, impresores… Otros intermediarios perecerán en los cambios a una industria
(..)
Pero sigue habiendo lugar para los creadores.
(…)

Los modelos de negocio post-Internet deberán tener en cuenta la existencia de redes de pares y al público como diseminador de la obra existente
(…)

La principal característica de los nuevos modelos de negocio es que aún no los hemos puesto a prueba, y la forma de hacerlo no puede ni debe ser cortar el aire a la sociedad y a sus experimentos económicos.
(…)

No sabemos la forma que tendrá la economía política de la cultura dentro de cincuenta o cien años, pero yo estoy dispuesto a arriesgar una predicción: cuando los historiadores y economistas del futuro la analicen, no describirán Internet, las descargas y las redes de pares como “piratería”, ni tampoco como el germen de mil nuevas formas de producción cultural, y serán las facultades de Ciencias Económicas y Empresariales las que traten de los mil nuevos (nuevos para nosotros: para entonces serán ya establecidos) modos con que los creadores se ganen la vida gracias a su obra”.

Hay una animación en Youtube de Nina Paley que explica con una canción infantil por qué Copiar No Es Robar (“Copying Is Not Theft”).

Y como también recuerda el mismo J. Candeira, hay muchos casos reales de modelos de negocio para creadores en la Red.

Fuente principal:
Cómo ganar dinero en un mundo perfectamente copiable.

Ver también:
El manifiesto y la ética hacker., artículo de Víctor R. Ruiz

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