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29/06/2017

Arturo Barea: La forja de un rebelde

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Arturo Barea, fallecido en Inglaterra en 1957 tras 18 años de exilio, es autor de la trilogía La forja de un rebelde, obra que mereció elogios por parte de John Dos Passos, George Orwell y Gerald Brenan entre otros y que constituye uno de los relatos más esclarecedores y sinceros de los primeros 40 años del siglo XX español.

Al contrario que otros autores huidos tras nuestra ominosa guerra civil, Arturo Barea (1897-1957) alcanzó el éxito con esta obra escrita inicialmente en inglés gracias al trabajo de su segunda mujer Ilsa Kulcsar y que sería traducida luego a múltiples idiomas. En España hubo que esperar a 1977 y todavía hoy no es muy conocida.

Barea procedía de una familia humilde de Badajoz emigrada a Madrid tras la muerte de su padre. Aunque las circunstancias y la dureza de la vida que le tocó le hicieron hombre de izquierdas, sus aspiraciones estuvieron más cercanas a las de un burgués y, como él mismo reconocería, el ser tan individualista no encajó mucho en el ideario del socialismo. Fue un idealista particularmente sensible a la injusticia social y un eterno aspirante a escritor.

La forja de un rebelde son en realidad tres novelas: La forja (1941), La ruta (1943) y La llama (1946). No es otra muestra más sobre el preámbulo y devenir de la Guerra Civil Española, sino una novela enraizada en la ilustre tradición de Galdós, Baroja o Ramón J. Sender que retrata la pobreza y desventuras de un país contradictorio, vital, y casi siempre atrasado. España creo que se llama.

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Barea recuerda sus años de infancia en el Madrid de comienzos del siglo XX, donde se intercalaban descampados con numerosas posadas y tabernas, donde pululan arrieros, traperos, criadas, carromatos y curas. Una ciudad donde mucha, mucha gente, pasaba penurias cada día. Su madre se ganaba la vida lavando ropa militar en el río Manzanares:

Los doscientos pantalones se llenan de viento y se inflan. Me parecen hombres gordos sin cabeza, que se balancean colgados de las cuerdas del tendedero.

Con pluma ágil nos transporta a esos escenarios; son páginas conmovedoras por su cercanía, a las que asoman gentes, costumbres y ambientes de una ciudad que empezaba a ser moderna aunque incapaz de desprenderse de viejas estructuras, con un sistema educativo basado en la religión y un funcionamiento general fuertemente condicionado por la jerarquía social.

Aquí se apuntan varias claves de largo alcance en la historia de nuestro país: una sociedad con grandes retos ante sí que no termina de alcanzar por su anclaje al pasado y estrechez de miras, la dependencia del caciquismo y una perpetua actuación de políticos inmovilistas y tercos. Sin duda como sociedad somos gente capaz de lo mejor pero también de lo peor, tal vez por el sobrepeso de una herencia que siempre se cimentó en la más profunda desigualdad e insolidaridad.

En 1920 Arturo Barea es llamado a filas y enviado a la guerra de Marruecos, donde se convierte en un espectador privilegiado de las diversas corruptelas africanas dentro del Ejército, donde todos (oficiales, suboficiales, soldados y funcionarios) despliegan esta proverbial picaresca nuestra para obtener tajada a costa de los presupuestos del Estado.

La última parte de la obra narra la resistencia de las tropas republicanas en el Madrid cercado por el ejército de Franco. Barea lo enfoca todo con mirada sagaz. No hay figuras heroicas, la gente lucha por la supervivencia en una situación extrema. Hay periodistas sin escrúpulos, militares y burócratas con ansias de poder y personas corrientes capaces de grandes gestas. Personas, en suma, con tantas aristas como todos nosotros.

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La parte final del libro contiene episodios de la actividad pública y privada del autor, convertido en jefe de la censura de prensa internacional en el Madrid sitiado y voz de la radio en onda corta para el mundo desde un sótano mientras acechan continuos bombardeos.

Lo más relevante en todo el libro, y especialmente durante la guerra civil, es la permanente reflexión interior del protagonista, ávido de libertad y de honestidad, una persona con sólidos principios que nos regala una proyección en directo sobre la vida hispana donde encontrar muchas concordancias.

Quitando los largos pasajes de reflexión interior por parte del protagonista ante el rumbo de la guerra y sus muchas pugnas profesionales, las más de mil páginas de la trilogía se leen sin esfuerzo gracias a una habilidad innata para recrear la realidad vivida.

Arturo Barea murió demasiado pronto, sin la oportunidad de un regreso a España como exiliado con sus correspondientes honores. Aunque el franquismo se encargó de borrar la figura de Barea, La forja de un rebelde es una monumental reconstrucción narrativa de España que no merece el olvido.

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