Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

19/11/2017

Ayuda a tus defensas, está en juego tu equilibrio

En estos tiempos de neurosis antigrasa y guerra al colesterol los yogures con etiquetas moradas o verdes invaden los pasillos de cualquier supermercado hasta el punto de que a veces cuesta encontrar un yogur normalito, de toda la vida, no light, ni 0 calorías, ni bifídus ni la madre que lo parió.

Existen mil variantes de esos yogures así como de distintos productos lácteos, presentes cada día en la publicidad y que se venden como la mejor ayuda para reforzar las defensas de nuestro organismo, regular la flora intestinal, fortalecer huesos, ahuyentar el colesterol… Tal vez convendría recordar que el yogur -a secas- de por sí ya hace algo así, no de un modo milagroso simplemente es beneficioso sin que tenga que venir a decirlo un tío con gafas de delgada montura y bata blanca o un actor o actriz de confianza.

Al parecer de los envases mágicos depende no solo nuestra flora y colesterol, sino también nuestro equilibrio hormonal y emocional, nuestra vida. La leche normal no sirve. Los cereales normales no sirven. Así están las cosas desde hace tiempo, aunque siga pareciendo un insulto a la inteligencia del comprador.

Los yogures y otra serie de lácteos con ingredientes fantásticos son esos pequeños envases que hoy nos presentan a precios un tanto desorbitados, si exceptuamos los de marcas blancas (que por cierto, si valen la mitad que el equivalente de marca, ¿me ayudan solo la mitad?). Serigrafiados con siluetas humanas de cintura de avispa, acaban destinados principalmente al sector más débil por la conjunción edad avanzada-salud precaria-ingresos modestos: la tercera edad, haciéndoles adquirir algo que no creo que aporte un beneficio extra y a menudo a un precio abusivo.

Intensas campañas publicitarias venden Actimeles, Danacoles y Activias como pócimas prodigiosas que mejorarán las defensas del cuerpo de un modo incontestable. Sin embargo no explican con mucho detalle qué coño de defensas son las que refuerzan y estoy por apostar que casi ninguno de los ingredientes exclusivos que se anuncian profusamente existen desde el punto de vista microbiológico, son nombrajos que se inventan los departamentos de marketing.

“Ayuda a tus defensas” es ya una de esas afirmaciones plenamente implantada en el consciente colectivo y se deriva de estudios científicos que, casualmente, realizan las propias empresas. La insistencia en que están avalados por la ciencia afianza el ritmo de ventas y al mismo tiempo se aprovecha para elevar precios. Lo que sigue es ese tipo de reportaje disfrazado de información periodística que muestra prados verdes, maduros atractivos, chicas delgadas con ropa blanca y gente en paz consigo mismo que sonríe por doquier. Para rematar la faena muchos medios se harán eco de esa publicidad “científica” utilizándola como noticia de relleno. Y si pones en tela de juicio todo esto eres un ignorante y un inconsciente. Negocio redondo.

La publicidad puede ser cualquier cosa menos verídica. Aún así, ¿vamos a creer que un maldito yogur nos va a solucionar la vida?

Los estudios científicos de que presumen estas grandes marcas son cuanto menos engañosos desde el momento en que han seguido un método financiado ex-profeso, poco riguroso y cuyos resultados no son por tanto estadísticamente significativos. La mayoría de tales estudios no cumplirían los requisitos necesarios para aparecer en una revista científica.

Claro que si no sacas cada poco tiempo un “nuevo” estudio que ha descubierto un “nuevo” compuesto, no eres nadie, los medios de comunicación te harán poco o ningún caso. Pero tiene tan poca ética la empresa que elabora el publirreportaje como el medio que lo acoge. En fin, la gente sabrá lo que se lleva a la boca.

Para estar saludable basta con comer variado, de todo un poco, dedicando algo de tiempo a la cocina, que entre otras cosas puede ser divertida.

Aprende a escuchar a tu cuerpo, dale un poquito menos de lo que te pida, sin atiborrarlo. Unas caminatas y unas carreras semanales sientan muy bien.

No comas fritanga, menos aún por la noche, ni azúcares a cualquier hora.

Trata de evitar los platos preparados siempre que sea posible y aparta el fiambre del día a día.

Come mucha fruta, yogur sin historias, queso, leche, arroz, ensaladas, huevos y pescado, un poco de pollo… Y bebe cerveza, cojones.

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