Podéis amar a Picasso o a Modigliani a través de mi

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El escritor Clifford Irving describe así a Elmyr de Hory a su llegada a la isla de Ibiza, en el verano de 1961:

Llevaba un monóculo pendiente de una cadena de oro, sus jerséis siempre eran de Cachemira (…) Lucía reloj de pulsera de Cartier y se sentaba al volante de un descapotable Corvette Sting Ray de color rojo… Era, así lo hizo saber, “un coleccionista de obras de arte”.

Aunque este hombre elegante no trabajó en su vida, aún se le considera como el falsificador más grande de la Historia, capaz de colar como auténticos durante años y años un millar de obras de grandes artistas: Picasso, Modigliani, Matisse, Renoir, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Chagall…

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Cielos salvajemente hermosos

Mirar al cielo es una necesidad vital y ancestral para el hombre de este mundo, siempre atónito y reverencial ante un espectáculo grandioso, más aún cuanto más agitado o amenazador.

Los cielos, las nubes, permanecen fuera de todo lugar o tiempo. Para sentir el latido del universo sobre nuestras cabezas solamente hay que alzar la vista, bien alta, pasear la mirada sobre los horizontes cambiantes a lo largo de las estaciones y aspirar el perfume que siempre nos trae la atmósfera.

Sabemos por películas, reportajes y otras referencias que las Grandes Llanuras de Estados Unidos brindan algunas de las formaciones de nubes más espectaculares a las que puede asistir el ojo humano. Qué decir de las tormentas… No obstante todos y cada uno de nosotros, en mayor o menor escala, somos espectadores de momentos así, únicos, sea cual sea el rincón del planeta en que nos haya tocado vivir.

El fotógrafo Nicolaus Wegner es un cazatormentas, un buscador asiduo de las mas bellas y sobrecogedoras agitaciones atmosféricas, con todos sus matices y aparato eléctrico. Inmensas estructuras de nubes en rotación, únicas en el mundo han sido filmadas por este hombre enamorado tanto de los hermosos paisajes de Wyoming como de su clima salvaje.

Wegner invirtió catorce meses conduciendo, caminando y explorando en compañia de su mujer a través de montañas, ríos, lagos y llanuras del estado de Wyoming (unas 20.000 millas en total). Y alrededor de 6TB fue el espacio utilizado por los discos duros para llevar a cabo el posterior renderizado y procesado de las imágenes.

Estos y otros detalles sobre la génesis del proyecto los explica en su propia página. El fruto de ese trabajo, un magnífico time-lapse, me ha permitido hoy disfrutar como un niño alborozado.

Un intruso con cámara en mano

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En lo alto del puente ferroviario de Forth, Edimburgo (Escocia)

Se supone que casi cada metro cuadrado del mundo ha sido ya explorado y trazado, pero acaso los lugares cotidianos que nos rodean en las ciudades donde vivimos sean los que necesitamos redescubrir. Siempre lo he pensado así. ¿Quién no ha querido alguna vez ver de cerca los túneles subterráneos, los tejados con sus cornisas y estatuas, subir a lo alto de una grúa o colarse en instalaciones abandonadas o edificios clausurados?

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Charles Kingsford Smith, una vida entera en el aire

Charles Kingsford Smith, apodado Smithy (1897-1935), fue el más grande aviador australiano, acumulando más récords que nadie y enfrentándose a los desafíos más arriesgados. En 1928, un año después de que Charles Lindbergh realizase su histórico vuelo en solitario a través del Atlántico, Kingsford se convirtió en el primero en cruzar el Pacífico, una empresa más ambiciosa no sólo porque la distancia fuese mayor, sino porque las condiciones de vuelo eran mucho más duras y estaban menos estudiadas, de hecho solo diez meses antes el primer vuelo a Hawai se había cobrado las vidas de diez aviadores.

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La cabaña de Scott

Suspendida en el océano del tiempo desde un lejano día de 1912, la cabaña de Scott es un recuerdo palpable de la época heroica de las exploraciones polares, cuando un puñado de hombres intrépidos, entre los que se encontraban Ernest Shackleton y Robert Falcon Scott, entregaron sus vidas por la conquista de la Antártida.

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Demostrado: las gallinas prefieren a los humanos guapos

¿Hay relación entre el cacareo de los pollos y la llegada de un tornado? ¿Cuál es la forma óptima de mojar una galleta? ¿Alguien ha estudiado seriamente la pelusa del ombligo? Todo esto y mucho más está perfectamente documentado, con horas de trabajo y desvelos por parte de científicos que tal vez han estado o están en el punto de mira de los próximos Premios Ig Nobel.

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La metamorfosis de Domingo Badía en Ali Bey

Domingo Francisco Jordi Badía y Leblich, nacido en Barcelona en 1767, hijo de padre aragonés y madre belga y más conocido como Ali Bey, disfrutó de la vida de un auténtico aventurero. No solo fue explorador, sino además funcionario, espía, escritor, científico… un espíritu más que inquieto y seguramente uno los más fascinantes personajes de la historia de España.

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La última búsqueda de “El Dorado”

Percy Fawcett se adentró en el Amazonas el 20 de abril de 1925. Lo acompañaba su hijo mayor, Jack, y el propósito de la expedición era descubrir la civilización que había dado origen a la leyenda de El Dorado. Tenía 57 años, medía un metro ochenta de estatura y todos los periódicos aireaban las hazañas de sus exploraciones geográficas en Suramérica.

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Que venga Shackleton


El Endurance atrapado por los hielos. Octubre de 1915

Como jefe de expedición científica yo elegiría a Scott; para viajar veloz y eficientemente, a Amundsen; pero cuando uno se encuentra en una situación desesperada y parece que no hay salvación, conviene arrodillarse y rezar para que te envíen a Shackleton.

Raymond Priestley, geólogo y explorador de la Antártida, quien conoció a los tres grandes del Polo Sur: Scott, Shackleton y Amundsen.

Eddie “El Águila” Edwards. El pegayesos que cambió las reglas del olimpismo.

En la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Calgary (Canada) en 1988, Samaranch, entonces presidente del COI, decía ante los micrófonos: “En estos Juegos algunos atletas han ganado medallas de oro, otros han batido récords y uno incluso ha volado como un águila”. No pudo seguir. Miles de gargantas prorrumpieron en un grito unánime: “¡Eddie, Eddie!”. ¿A quién se referían?

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