El símbolo de la paz en los setenta, los cuernos en los 80 y los puños en los 90 constituían gestos ordinarios entre los asistentes a cualquier concierto de rock. Luego los brazos perdieron su independencia y expresividad con el cambio de siglo, que trajo la fiebre tecnológica por grabarlo todo: primero con cámaras fotográficas, después con teléfonos móviles y finalmente con tabletas. Ahora puede ser dramático olvidar el smartphone o la tablet el día de un evento.
Esta situación conlleva implícita una paradoja: en lugar de ver un concierto por televisión u otro medio pagas para asistir a la actuación en vivo, y sin embargo una vez allí te pasas todo el tiempo mirando a través de una pantalla del tamaño de un naipe. ¿Que no?
Vía | Microsiervos






