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22/09/2017

De Lorean. Historias de aquel coche del pasado-futuro

Para quienes reserven una sonrisa al recordar el trasto de Doc en Regreso al futuro.

Dirigida por Robert Zemeckis (Forrest Gump, ¿Quién engañó a Roger Rabit?) y estrenada en 1985, Regreso al futuro es aquella entretenida película de ciencia ficción que narra la historia de un joven interpretado por Michael J. Fox, que es enviado al pasado por un científico chiflado para “reordenar” su vida desde atrás. La segunda y la tercera parte (1989 y 1990), más flojas, completan una trilogía de éxito.

“Doc” Emmett Brown es el inventor de una máquina del tiempo: un automóvil De Lorean DMC-12 donde se aloja el “Condensador de flujo o de fluzo” (“capacitador” en el inglés original), el verdadero ingenio que posibilita ese fantástico viaje cronológico que todos hemos soñado. En realidad la película poco aclara sobre el supuesto funcionamiento del condensador de flujo. Simplemente vemos un dispositivo en el salpicadero con tres pequeñas lámparas incandenscentes centelleantes y dispuestas en forma de “Y” y nos hacen saber que requiere para activarse una enorme cantidad de energía eléctrica..

Pues bien, existió ese coche en la realidad y tuvo bastante menos éxito que la película que de algún modo lo inmortalizó, además a posteriori, puesto que hacía dos años que ya no se fabricaba un modelo que había fracasado en cuanto a ventas (entre 1981 y 1983 se vendieron tan sólo unas 6.000 unidades de las 10.000 previstas). El DeLorean DMC-12 no obstante su breve existencia, forma parte de la cultura popular de Estados Unidos, Canadá y otros países. Ésta es algo de su peculiar historia.

DMC son las siglas de De Lorean Motor Company fundada por el norteamericano John Z. De Lorean (1925-2005) en 1975 y cuyo modelo distintivo fue el DMC-12, un coche deportivo con diseño coupé de dos puertas, esbelto y musculoso, con apertura de alas de gaviota, 130 CV y 1.230 Kg. de peso, y otra cosa bien característica: su carrocería era de acero inoxidable.

John Zachary DeLorean se inició en los años 50 como ingeniero de la desaparecida Packard. Eran su talento y capacidad tan notables que la poderosa General Motors lo reclutó en 1959. Como jefe de ingenieros de la división Pontiac, que estaba debilitada porque sus productos no entusiasmaban a nadie, De Lorean impulsó en 1964 la creación del exitoso Pontiac GTO. Con él Pontiac alcanzó el tercer lugar en ventas -tras Chevrolet y Ford- a fines de la década de los 60. En 1970 tomó las riendas de la división Chevrolet que, tres años más tarde, lideraba las ventas.

Mientras salía con Ursula Andress y Raquel Welch fue promovido a vicepresidente de la compañía automovilística más poderosa del mundo con un sueldo de 650.000 dólares anuales. Muchos presagiaban que se transformaría en el presidente más joven de la historia de GM… pero en 1974 renunció a su cargo para construir su propio coche.

¿Por qué? Probablemente porque un sueño puede ser más poderoso que cualquier otra cosa. Deseaba crear su propio coche, un deportivo único para cuyo diseño no dudó en recurrir al famoso Giugiario. Su aliado en el desarrollo del coche era nada menos que Colin Chapman, el patrón del equipo Lotus de F-1. Tenían grandes ideas para el trasto: airbags, mucha electrónica, un motor trasero tipo Wankel y un chasis revolucionario llamado ERM. Sin embargo poco de ello pudieron llevar a la práctica. El primer prototipo apareció en marzo de 1977 y la producción empezó oficialmente en 1981, cuando gracias a un crédito millonario del gobierno británico recaló en Dunmurry, Irlanda del Norte, muy cerca de Belfast. Levantar el complejo industrial donde habían de trabajar más de 2.000 personas más el desarrollo del coche, supuso un desembolso de unos 175 millones de dólares. Hacer coches no es cualquier cosa.

Poco a poco los buenos augurios fueron desvaneciéndose cuando el Gobierno británico impuso un elevado impuesto a la fábrica y echó abajo un plan de subvenciones prefijado. Fue uno de los motivos que condujo al fracaso, aunque hubo más. En 1982 John De Lorean se vió obligado a construir otra fábrica en un tiempo récord, esta vez en Detroit, pero las ventas del DMC-12 no arrancaban: la bancarrota resultaba inminente, hecho que se produjo a finales de 1982.

Cerca del final, en un intento desesperado de obtener los fondos necesarios para la supervivencia de la empresa, John De Lorean fue filmado aceptando dinero procedente del tráfico de drogas. En realidad la historia es más complicada. Él aseguró que sólo intentaba conseguir un préstamo y que se apartó cuando supo que había drogas de por medio. Sostuvo además que fue una maniobra del gobierno americano en connivencia con General Motors, Ford y Chrysler para destruirlo, incluso que el propio IRA estaba detrás actuando por venganza al haber hecho sociedad con el gobierno inglés. ¿Paranoias? La cuestión es que fue arrestado en Los Angeles con la acusación de blanqueo de dinero y más tarde absuelto, suficiente para acabar con lo que quedaba del proyecto y dañar su imagen sin remedio. Si bien nunca fue condenado, los conflictos judiciales no abandonarían ya a John Z. hasta prácticamente el final de sus días.

Hay rumores de que alguien compró los derechos de marca del DMC . ¡Ah!, y no es imposible conseguir uno.

Fuente (entre otras).

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