El mar de los Sargazos, un extraño mar inmóvil

En la parte noroccidental del Atlántico existe un extraño mar de aguas tranquilas, no limitado por tierra alguna…

Esta masa ovalada de agua que ocupa una superficie equivalente a dos tercios de la extensión de los EE.UU. gira en torno a las islas Bermudas, cuyas magní­ficas playas son la única tierra que bañan las aguas del mar de los Sargazos.

Mar de los Sargazos

El mar de los Sargazos se encuentra rodeado por importantes corrientes oceánicas: la corriente del Golfo por el norte y las corrientes que circulan hacia el oeste a lo largo del trópico de Cáncer, por el sur. Este acorralamiento da como resultado un sistema de aguas superficiales relativamente cálidas que gira lentamente en el sentido de las agujas del reloj sobre las aguas profundas del océano, mucho más frí­as y densas.

La estratificación del agua por densidades provocada por la diferencia de temperatura hace que en las regiones superiores del mar de los Sargazos apenas exista la vida animal.

El mar de los Sargazos carecerí­a de interés biológico si no fuera por el alga que le da el nombre, el sargazo, que forma grandes campos rebosantes de organismos marinos.

Parece que fueron los navegantes portugueses quienes pusieron el nombre al alga y al mar.

El sargazo es un alga que forma grandes conjuntos enmarañados que se mantienen a flote por medio de vejigas llenas de gas y se extienden hasta el horizonte. Con frecuencia, los barcos portugueses se veí­an frenados por las algas e incluso llegaban a quedar atascados en ellas, lo que daba a las tripulaciones tiempo de sobra para estudiar la planta. Como procedí­an de un paí­s donde abundan las vides, los conjuntos de vejigas de gas les parecieron racimos de uvas de una variedad denominada «salgazo». Así­ fue como el mar de los Sargazos adquirió su nombre.

Durante el primer viaje de Colón en 1492, el 16 de septiembre, las naves entraron en el mar de los Sargazos y vieron abundantes hierbas que les parecieron de rí­o, gusanos crustáceos y un cangrejo vivo, lo que les hizo creer que se encontraban cerca de tierra. Una ilusión que se repitió a lo largo de los dí­as siguientes. El mismo Pinzón, el 25 de septiembre, pidió «albricias» (solicitó una recompensa) en la seguridad de que la habí­a divisado en el horizonte. Falsa alarma, tan sólo se trataba de nubes bajas.

Conocido desde la antigüedad y frecuentado en el siglo XV por los marinos que buscaban la mí­tica isla Antilla, el mar de los Sargazos producí­a preocupaciones, miedo y terror. Nadie habí­a podido sobrepasarlo.

Sin embargo, como se comprobarí­a, la dificultad que representaba a la navegación era más psicológica que técnica.

Colón ordenó echar un sonda para conocer su profundidad y con 200 brazas de cuerda no se encontró el fondo. La abundancia de hierba flotando en el océano aumentaba o disminuí­a cada dí­a. Hasta el 30 de septiembre vieron gran cantidad; el 2 de octubre observaron que la dirección que llevaba era distinta «a la que solí­a»; el 5 parecí­a que ya la habí­an dejado atrás pero volvió a surgir el 8, desapareciendo como por ensalmo al dí­a siguiente.

Fuente: http://www.mgar.net/mar/sargazos.htm

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