Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

28/04/2017

El póster de la chica de tenis

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Siempre fue, es y será costumbre entre adolescentes decorar el dormitorio con imágenes que puedan proclamar sus ideales, afianzar la personalidad, escandalizar, permitir alardear de algo e impresionar a los amigotes o a esa improbable aunque deseada visita.

Para encontrar pósters con que vestir las paredes existía hace mucho una sección en grandes almacenes que exponía multitud de imágenes de variada temática. Podían ser desde los héroes del momento (actores, músicos y otros ídolos) hasta la inevitable puesta de sol. En medio convivía un mercadillo de propuestas y ahí es donde se centraban las pesquisas, ya que en realidad más del 50% podía resultar insoportablemente cursi. Estaba la foto espectacular de algún vehículo extremo y otras escenas deportivas o el pibón de turno pero también viñetas de humor, figuras del cómic, emblemas e iconos, mensajes poéticos y otras declaraciones, reproducciones artísticas, etc. Y luego de plantilla fija teníamos a Groucho, Bob Marley y John Lennon, símbolos gastados -de tanto utilizarse- del humor, la libertad o la paz.

No compré muchos pósters: podían ser caros para la inexistente economía de un chaval y además a veces alguien te lo regalaba o heredabas alguno. A esta última categoría pertenece uno que siempre recordaré: el de la tenista enseñando el culete mientras deja tras de sí una alargada sombra crepuscular, una foto que me cautivó y durante largo tiempo permanecería en la pared de mi cuarto (creo que todavía ronda por ahí). Era una escena inocente a la vez que pícara, es decir, con el punto justo tanto para soñar uno mismo como para llamar la atención de los demás.

Tennis Girl o “la tenista” muestra a una chica de espaldas que camina hacia la red de una pista de tenis con una raqueta en su mano derecha y que, levantando su corta falda con la mano izquierda, deja ver que no lleva ropa interior. Una secuencia evocadora e ingenua muy del gusto de cualquiera -despierta una sonrisa- y al mismo tiempo traviesa porque parece una sutil burla de las normas.

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La fotografía fue tomada en Septiembre de 1976 por el estudiante de fotografía Martin Elliot a su por entonces novia Fiona Butler, de 18 años, en la Universidad de Birmingham (Inglaterra). Tanto el vestido como la raqueta y las pelotas son prestadas. Al año siguiente se publicó como parte de un calendario de la empresa británica Athena, famosa por su negocio de carteles y tarjetas postales. El póster de la chica del tenis fue ridiculizado en su momento por los críticos, que lo calificaron de “fantasía de colegial”, lo que no impidió que se vendieran en torno a 2 millones de copias y se convirtiese en uno de los cuadros más famosos del mundo.

Con el paso de los años la imagen se ha prestado a un gran número de parodias, existiendo numerosas versiones de tan emblemática foto. Ojo a las dos siguientes:

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Fiona, a la que nunca vimos la cara, no cobró dinero como modelo ni entonces ni después. Al parecer se casó con un millonario y Martin Elliot con otra mujer. Elliott, fallecido en 2010, no destacó particularmente como fotógrafo después de aquel día en que obtuvo la instantánea de su vida, una fotografía inspirada y perdurable. Cualquier fotógrafo soñaría con conseguir algo así.

Vía | Meridianos

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