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21/11/2017

El seis doble: el último Mosca español

Entre los ejemplares de aviones que atesora la Fundación Infante de Orleans (FIO) en el aeropuerto de Cuatro Vientos de Madrid, a cuya exhibición aérea he tenido el placer de asistir (ya organizaré una galería de fotos), quiero destacar uno que particularmente me llamó la atención por la bandera tricolor republicana en el timón de cola junto a un ficha de dominó del seis doble como emblema. Es el último “Mosca” y tiene tras de sí toda una historia.

Se trataba del célebre caza Polikarpov I-16 de fabricación soviética, cuyo primer lote llega a España en octubre de 1936 para prestar apoyo a la defensa de Madrid, interviniendo más tarde en frentes de Levante, Aragón y Cataluña. En seguida fue conocido como el caza Mosca (los embalajes llegaban con el nombre de Moscú en cirílico, algo muy parecido a la palabra “mosca”), aunque por otro lado los nacionales también lo apodaron “rata” por su gran capacidad de maniobra surgiendo desde abajo por sorpresa y disparando hacia la panza de los bombarderos. Se calcula que fueron unas 280 las unidades que se utilizaron por parte de los republicanos en la Guerra Civil.

En el año 1992 eran hallados los restos de seis aviones Mosca en el lago Karelia (Siberia), los únicos que quedan en el mundo y una empresa neozelandesa los adquirió y restauró. Después de varios años de gestiones la FIO, con al apoyo del ayuntamiento de Getafe, compró uno para su magnífico museo volante y de paso recuperaba algo que forma parte del patrimonio histórico español.

Hará un par de años, se producía precisamente en el aeródromo de Cuatro Vientos un emotivo reencuentro, casi setenta años después, entre el avión y su piloto. Jose María Bravo, destacado aviador en dos guerras (pilotó cazas Mosca primero en España y después del lado de los rusos en la Segunda Guerra Mundial) y probablemente el único superviviente de entre aquellos españoles que tuvieron en sus manos uno de estos aviones de morro chato, volvía a tocar con sus manos la máquina reconstruida con fidelidad.

José María Bravo Fernández-Hermosa, nacido en Madrid en 1917, estaba a punto de entrar en la escuela de Ingeniería de Caminos cuando estalló la Guerra Civil. Muy pronto se alistó en la fuerza aérea republicana y fue enviado a la URSS para entrenarse como piloto de caza en el Cáucaso. De regreso a España en el 37 y hasta el final de la guerra en el 39, consiguió 23 derribos individuales, 7 colectivos y 12 más atribuidos a su escuadrilla, la tercera del Grupo 21, cuyo símbolo era el seis doble del dominó. Según ha explicado él mismo, los pilotos solían jugar al dominó cuando estaban en tierra, pero ¿por qué el seis doble? Doce eran los aviones que formaban la escuadrilla y el seis doble una ficha que bien podía representar el trabajo en equipo.

Al terminar la guerra española Bravo se alistó en el ejército soviético. Más riesgos y nuevas batallas en otras latitudes, de hecho durante la invasión alemana parte de los aviadores españoles exiliados actuarían en primera línea de combate. Un día de 1943, en plena defensa de los pozos petrolíferos de Bakú (actual Ucrania) donde derribaron no menos de 10 aviones nazis, le llamaron para una misión especial: escoltar con su escuadrilla el avión de Stalin camino de Teherán, donde el líder soviético iba a asistir a la conferencia internacional con Churchill y Roosevelt.

Finalizada la II Guerra Mundial, Bravo compartió estudios con la élite de los pilotos de caza soviéticos, a la que se denominaba “la horda de oro”. Más tarde se graduó como filólogo en el Instituto Pedagógico de Idiomas de Moscú y llegó a catedrático y decano de la Facultad de Filología de Moscú, donde impartió clases de español durante 20 años. Experto en poesía rusa, ha traducido junto a su segunda esposa, Natalia Ujanova, a los grandes de la literatura rusa. En 1960 Bravo y su mujer decidieron volver a España. Aunque había conocido personalmente a dirigentes del PCE en la URSS, tras su regreso no quiso involucrarse en actividades políticas.

Apasionante la vida de quien con su categoría tanto humana como profesional se ha ganado el respeto de todos. En 2007 veían la luz sus memorias en forma de libro: “El Seis Doble: Bravo y los Moscas en la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial”, cuyo coautor es Rafael de Madariaga Fernández (Ed. Craftair/Agudin) y del que puede leerse una reseña. Su vivo testimonio ha servido para completar varias lagunas en la historia de la aviación española.

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