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19/11/2017

Elvis Presley, icono total

Ante una masa de jóvenes blancos en su mayoría desconocedores de la música que estaba fraguándose de la mano de Chuck Berry y Little Richard, irrumpe un jovencísimo Elvis Presley en el momento justo para conquistar a una marea de adolescentes ávidos de ritmo. Que además de blancos eran consumidores. Tenía todas las cualidades para eso y el fenómeno explotó como una bomba.

¿Quién mejor que él para para llevar al público el estereotipo del Rock and Roll, más tarde imitado hasta la saciedad? Por eso se le considera el rey.


“El pelo, los ojos, la burla, la pelvis… Elvis”

Decir que Elvis es un icono es quedarse corto. Creó una imagen audaz y sexy de estrella cuando el panorama musical estaba anquilosado, habida cuenta de que hasta entonces los artistas que cantaban a la juventud eran demasiado “mayores”, bien por edad, bien por actitud (Sinatra, Bing Crosby, Dean Martin). Más allá de su aportación musical, Elvis fue ese líder juvenil que abría una puerta hasta entonces cerrada: la libertad de ser y de actuar como jóvenes y para jóvenes.


En el patio delantero de su casa tras regresar de una gira (1956).

El chico que salió de Tupelo (Mississippi) dispuesto a comerse el mundo con su guitarra y sus inimitables movimientos de caderas se adueñó de los corazones de millones de personas de todo el mundo con un estilo lleno de talento. Y “ellas”, las mujeres en general, se derretían en su presencia. Pero quizá por la intensa relación que mantuvo con su madre, cuya pérdida nunca consiguió superar, muchas de las que estuvieron en contacto con él afirman en las entrevistas que en realidad a Elvis el sexo le interesaba más bien poco. Según una de sus centenares de chicas, “Lo que más le gustaba era besar y toquetear, en plan quinceañero”. Aparte de eso, que da para muchas páginas e interpretaciones malignas, artísticamente era un animal del escenario que a lo largo de una carrera de 23 años colocaría 149 singles en los Billboard, obteniendo tal cantidad de discos de oro, platino y demás, que probablemente nunca será superado.


Un descanso durante una actuación en el Ellis Auditorium de Memphis, hacia 1956-1957.

Cosas que tal vez no sabías de Elvis

Hay tantas curiosidades sobre el rey del rock…

¿Sabías que Elvis utilizaba tres tipos de gomina diferente para peinarse el tupé? Quienes lo conocieron en los inicios de su carrera coinciden en que era un chico sencillo y modesto pero absolutamente preocupado por su aspecto. Su tupé, perfectamente esculpido, fue sin duda una de sus principales señas de identidad. Como recordaba su amigo, el músico Jimmie Rodgers:

“Me fascinaba mirar cómo se peinaba por la mañana. Usaba tres aceites diferentes para el pelo. En la parte delantera una cera muy fuerte para el tupé, un tipo de aceite para la parte de arriba y vaselina atrás. Decía que era la única forma de que el pelo cayera perfecto mientras actuaba”.

Tuvo un hermano gemelo, Jesse Aaron, que murió unas horas después de nacer. Siendo joven estudió para electricista y después de graduarse de la escuela secundaria comenzó a trabajar como conductor de camiones.

Con sus primeros dólares se compraba trajes en Lansky’s, una pequeña tienda de Memphis donde el dueño le traía modelos en tonos rosas y blancos sólo para él. Con el paso de los años su gusto se fue haciendo cada vez más recargado: le apasionaban las joyas, los trajes de cuero ajustados, grandes cinturones… Y ya en el estrellato, contrató al sastre de Frank Sinatra, artífice de sus trajes con capas. Así es como se visten frecuentemente sus imitadores. ¡Qué se le va a hacer!

Un juez del Tribunal de Menores de Jacksonville, Florida, amenazó con arrestar a Elvis después de asistir a uno de sus shows celebrado allí en agosto de 1956, por considerar los movimientos de cadera del cantante sumamente explícitos. En ese mismo año Presley hizo su primera aparición en el célebre “The Ed Sullivan Show”, aun cuando el propio Sullivan había jurado que nunca lo consentiría.

La prioridad inicial de Elvis fue comprar una vivienda para sus padres ¿O habría que decir para su madre? En 1957 adquirió Graceland, una de las casas probablemente más famosas de todo el mundo. Con 18 habitaciones y un espectacular jardín, el cantante buscaba que su madre se sintiera cómoda y feliz, por lo que mandó construir un gallinero donde Gladys daba de comer a sus animales. La mansión, de estilo colonial georgiano, fue decorada por George Golden en un batiburrillo delirante de estilos que van desde la psicodelia a los motivos étnicos.

La casa siempre ha producido una atracción irrefrenable sobre sus fans, y cuando todavía Elvis vivía en ella ya peregrinaban hasta sus puertas. Es el caso de Bruce Springsteen que trató de saltar la valla de la mansión en 1976 –aunque fue detenido– o Jerry Lee Lewis, que pistola en mano, se plantó en la puerta de Graceland en noviembre del mismo año afirmando que quería matar al Rey.

Aunque era su hogar principal, tenía otras casas, como la de Bel Air, donde sus invitados más celebres fueron los Beatles, que acudieron en 1965. Cuando los de Liverpool entraron en ella se encontraron con Elvis tirado en un sofá, tocando el bajo y contemplando la televisión sin sonido. “Sé que Paul, Ringo y George estaban tan nerviosos como yo”, recordaría después John Lennon. “Éste era el chico al que habíamos mitificado durante años. (…) Sin embargo Elvis hizo lo posible para que nos sintiéramos como en casa”.

El cantante tenía pasión por las armas y también por las placas de policía auténticas; de hecho estas aficiones le llevaron hasta la propia Casa Blanca. En una carta patriótica y un tanto pueril dirigida al presidente Nixon, Elvis Presley pedía audiencia ante su preocupación por el creciente uso de drogas entre la juventud y el avance de la cultura hippy y el comunismo. Desde su posición y con su influencia entre los jóvenes “puedo ayudar a este país al que amo”, le dice a Nixon.

En 1970 se producía en el Despacho Oval una reunión un tanto esperpéntica: Richard Nixon recibía a Elvis, quien solicitó una placa de agente federal de lucha antidroga (él, que era adicto a multitud de fármacos) y entregó como presente una Colt 45 con siete balas de plata. Nixon vivía horas bajas por el desarrollo de la guerra de Vietnam, de modo que pensó que una foto con Elvis podía otorgarle publicidad entre los jóvenes. Elvis logró su placa y Nixon la instantánea deseada.

La sombra del Coronel

Otro dato curioso es que a lo largo de su carrera sólo dio cinco conciertos oficiales fuera de los EE.UU. Nunca hizo una gira fuera de su país a pesar de ser inmensamente popular en todo el mundo y sobre todo en Europa. Tal vez habría que preguntarle a su manager, el carismático y avaricioso Coronel Parker (que ni era coronel ni se apellidaba realmente Parker, ya que en realidad había nacido en Holanda como Andreas Cornelius van Kuijk).

Parker era capaz de cualquier cosa por aumentar los dividendos de su gallina de los huevos de oro, demostrando siempre una devoción despiadada por los intereses de su cliente, controlando aspectos como los derechos de imagen -en lo que fue pionero- e interviniendo en todas las etapas de producción. Hasta en las películas de Elvis aparece su nombre en los créditos. Exprimió a Elvis lo que pudo y peleó hasta el último centavo para aquél y para sí mismo.

Tom Parker fue por lo tanto un factor crucial para hacerle famoso; sin embargo ni comprendía ni le importaba aquella música. Con tal de que su pupilo recibiera un millón de dólares por película, lo demás le daba igual. De hecho no le permitió que tocara en directo durante casi una década, cuando en realidad toda la fuerza de Elvis residía precisamente en los directos. El “Coronel” es seguramente uno de los personajes más oscuros de la historia del Show business.


Elvis con el coronel Tom Parker

Cuando en 1963 asoman con fuerza los Beatles seguidos de cerca por los Rolling Stones, Presley es pillado por sorpresa; parecía que la corona era arrebatada al rey para ser entregada a la siguiente generación del rock. Mientras los Beatles grababan “A hard day’s night”, “Can’t buy me love” y los Stones lanzaban “Satisfaction”, Elvis se encontraba condenado a interpretar películas musicales ridículas. Era un suicidio artístico.

“¿Por qué no vuelves al sonido de antes?”, le preguntó John Lennon. Seguramente Elvis lo quería, sin embargo no se enfrentó a su representante, tal vez por miedo, el miedo a perder todo lo conseguido.

Películas vulgares y píldoras de colores

Por eso Elvis anduvo un tanto desconectado de las inquietudes que rodearon a los 60. El mundo cambiaba y aunque tuvo momentos de grandeza, los años 60 pasaron para Elvis como una neblina de píldoras, sexo, pésimas películas y canciones mediocres.

Cuando Elvis regresó a un escenario en Las Vegas (1969) estaba muy nervioso; no defraudar a sus admiradores siempre había sido una obsesión y ahora sabía que se había convertido en una especie de bufón hollywoodiense y como cantante estaba desfasado. Pero sobre las tablas toda duda se desvaneció: al caer el telón Elvis volvía a ser el puto amo, el genuino número uno.

Fue el 69 un año de cambios, con nuevos músicos, mejores temas y un nuevo productor. El resultado, espectacular, con cuatro millones de discos vendidos incluyendo “In the ghetto” y “Suspicious Minds”.

Con 34 años estaba en el cenit de su carrera, todo parecía ir sobre ruedas… y sin embargo pronto se sintió nuevamente infeliz. En las siguientes giras su vestimenta se fue recargando de lentejuelas y pedrería. Llegaron más éxitos, sí, pero también la decadencia. Su depresión y sus adicciones ya estaban demasiado enraizadas.

Aunque el dinero entraba a raudales salía con la misma rapidez; se cuenta que para mantener su tren de vida necesitaba medio millón de dólares al mes. Se acostumbró a cierto estilo de vida y se negó a reducir costes. A pesar de los cientos de millones de dólares que había generado, carecía de ahorros, nunca invirtió nada en acciones o fondos.


Señales de deterioro

Dexidrinas para desayunar, inyecciones de vitaminas, combinados químicos para mantenerse despierto y bombas variadas de Valium y otras sustancias para inducir el sueño. Este coctel de farmacia se convirtió para Elvis en un hábito que, como todo adicto, decía controlar. Ninguno de sus amigos se atrevió durante años a criticarlo, entre otras cosas porque la llamada “mafia de Memphis” -los amigos de la infancia que le servían de corte, guardaespaldas, confidentes y compañeros de aventura- hacía exactamente lo mismo. Por cierto, John Lennon manifestó su desprecio hacia toda esa camarilla con la frase: “Los cortesanos mataron al rey”.

Cargamentos de pastillas de colores llegaban por correo desde diversos puntos del país y si no, ahí estaba su médico, el infausto doctor Nick. Uno de los aspectos más deprimentes de su vida fue la facilidad con la que encontró a médicos y farmacéuticos en Los Angeles y Las Vegas dispuestos a recetarle lo que quisiera. Al ser a través de recetas, el cantante se convencía a sí mismo de que no era un drogadicto.

Aficionado al kárate y a la numerología y con grandes dotes para el canto gospel, hay también otra cosa que siempre acompañó a su carácter: las permanentes dudas espirituales. El cantante portaba en su cuello una cruz cristiana, una medialuna islámica y una estrella de David, como para no errar el tiro con respecto a los paraísos posibles.

Había sido su peluquero, Larry Geller quien en 1964 le abriera las puertas de la teología. Hinduismo, budismo, cristianismo, autoayuda… Elvis devoró libros dedicados a todos los ismos religiosos en busca de una respuesta a las preguntas que aquejan a todo ser humano. Pero en tal sentido nunca conseguiría alcanzar una estabilidad interior.

¡Yo también he visto a Elvis!

A las 22.30 horas del 15 de agosto de 1977 Elvis salió de Graceland vestido con una camiseta de la DEA (la Agencia Anti Drogas) y dos pistolas al cinto para ir a visitar a su dentista. Al regresar a casa llamó al doctor Nichopoulos (el Dr. Nick que decíamos antes) para pedirle unos sedantes que un empleado compró en una farmacia de 24 horas.

Como en plena madrugada seguía despierto, jugó un poco al tenis. Se aburrió. Se sentó al piano. También se aburrió. Volvió a su habitación y se tomó el primero de tres combinaciones de somníferos, barbitúricos y placebos recetado por el médico. Un poco después se tomó una segunda dosis y finalmente la tercera.

Todavía incapaz de dormir, le dijo a Ginger Alden -de 21 años, su compañera de entonces- que se iba a leer al baño. Más tarde Ginger se despertó y al no encontrar a Elvis se vistió para buscarle. Lo encontró muerto, tendido boca abajo sobre el suelo del baño. Se había mordido la lengua casi partiéndosela en dos. Su muerte se atribuyó a un paro cardíaco y la autopsia reveló que había consumido 14 estupefacientes. Tenía 42 años y pesaba casi 130 kilos.

El 18 de agosto se ofició el funeral en Graceland, con una hilera de 16 limusinas blancas, 40 furgonetas cargadas con coronas de flores y 150 policías y guardias nacionales intentando contener a una multitud de 50.000 personas. El ataúd fue llevado al cementerio local pero más tarde y ante el temor de que robaran el cuerpo de Elvis, el féretro se trasladaría a su actual ubicación en Graceland.

Y volvamos al ínclito coronel que no era coronel, a quien desde luego no le resultaron mal sus negocios. Andreas Cornelis van Kuijk, su verdadero nombre, era un grumete que a los 17 años entró ilegalmente en los EEUU y consiguió reinventarse a sí mismo de arriba a abajo. Al estar indocumentado jamás tuvo pasaporte, lo que explica que nunca abandonase el país por ejemplo para unas previsibles giras internacionales.

En 1979 fallece Vernon, el padre de Elvis y los tribunales de Memphis se interesan por el caso de Lisa Marie Presley, menor de edad y única heredera. Intrigado por la enorme comisión del 50% que se llevaba Parker, un juez de Memphis ordenó una investigación y el resultado fue asombroso: “The Colonel” fue acusado de actuar siempre en beneficio propio. Había vendido los royalties de todas las grabaciones de Elvis anteriores a 1973 y remontándose a los tiempos de la RCA. Seis millones de dólares fueron para él, por 4,5 millones para Elvis. Afortunadamente su contrato de representación acabaría siendo invalidado por los tribunales y Priscilla, madre de la única heredera de Elvis, se encontró al frente del imperio.

Existen docenas de biografías sobre el rey del rock que repasan su intensa vida y su legado artístico; unas elevan el mito hasta la mayor de las cumbres; otras prefieren escarbar en cualquiera de las debilidades todo lo posible. En realidad casi todo aquel que tuvo un mínimo contacto con él acabaría publicando algún libro o está en vías de hacerlo. Memphis se convirtió en un lugar de peregrinación y como sus fans se negaban a creer que estaba muerto, comenzaron los primeros “avistamientos”. En seguida surgieron imitadores por todo el mundo.

Hay un montón de versiones diferentes para los mismos hechos, pero en cualquier caso nunca existió un rey más querido por sus súbditos. El legado de Elvis se cuida y mucho, no en vano 34 años después de su muerte su música y su figura continúan siendo un negocio floreciente. Elvis Presley Enterprises es la firma con base en Memphis que controla tan lucrativos bienes.

También yo quise escarbar un poco en las zonas oscuras relativas a la vida del cantante y su entorno, y no puede negarse que hay mucha miga en toda esa historia. Duele constatar que finalmente una serie de circunstancias lo alejasen del Elvis Presley de los años 50, cuando era puro Rock and Roll.

Fuentes principales:
[1] [2] [3] [4]

Y una magnífica galería de fotos del Elvis en The Selvedge Yard.

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