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22/11/2017

Flashmob o cómo dar la nota colectiva

Si alguna vez asisto en plena calle a una escena de gente haciendo en masa algo inesperado, pensaré que tal vez se trate de un “Flashmob”, palabra que descubro hoy.

La traducción literal de Flashmob sería “multitud instantánea” (flash: destello o ráfaga, mob: multitud). Es decir, una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa. Suelen convocarse a través de medios telemáticos (móviles e Internet) y aunque pueden perseguir fines político-reivindicativos en la mayoría de casos no tienen por objeto más que el puro entretenimiento y diversión.

Leo que el fenómeno de los flashmobs arranca con la publicación en 2002 del libro del sociólogo Howard Rheingold, “Smart Mobs: The Next Social Revolution”, donde el autor predecía el uso de las nuevas tecnologías de comunicación (Internet y teléfonos móviles) como método para auto-organizarse un colectivo de gente. Desde entonces han surgido “mobbers” en todo el mundo planeando todo tipo de reuniones.

Al parecer el primer flashmob que tuvo éxito fue impulsado por Bill Wasik, editor de Harper’s Magazine y se realizó en junio de 2003 en Nueva York, en el departamento de ventas de Macy’s. Wasik se reunió con los participantes en unos puntos de encuentro prefijados para repartir las instrucciones con la información sobre lo que iban a hacer. Así, más de 100 personas subieron a 9ª planta de Macy’s y se agolparon alrededor de una alfombra carísima con un sólo guión: a los dependientes de la tienda le contaban que todos ellos vivían juntos en un almacén de las afueras y que habían acudido juntos a comprar la alfombra porque todas sus decisiones las tomaban en grupo.

Por lo tanto los flashmobs son esencialmente un espectáculo sin sentido donde prevalece la diversión producida por la provocación y el factor sorpresa, pero como cabe esperar, pueden revestir matices sociales y políticos; son de hecho un arma imaginativa con la que llamar la atención acerca de algún problema o cuestión.

Un derivado son las Absurdmobs. Se centran en generar actos colectivos donde se lleva a cabo un gesto absurdo multitudinario. La primera Absurdmob se realizó a finales del 2006 en Barcelona: unas 25 personas empezaron a chutarle a latas de Coca-Cola en la plaza del Borne y se dispersaron rápidamente. Luego utilizaron las imágenes para enviarles un mail a Coca-Cola donde comunicaron que se trataba de un acto de protesta “porque la Coca-Cola ya no tiene el mismo gusto.”

Me llaman la atención las manifestaciones colectivas de este tipo. Si resultan ingeniosas y están bien organizadas y ejecutadas, mejor. Con esto de los flashmobs tenemos una manera curiosa e imaginativa de expresarse, una nueva forma de experimentación a partir de situaciones inusuales. Son fenómenos a veces extraños, a veces críticos y por supuesto a menudo estúpidos.

Más casos de flashmobs o absurdmobs (realmente no encuentro grandes diferencias):

En Barcelona se reunió una peña al lado de la estatua de Cristóbal Colón con el brazo en alto, apuntando con el dedo índice hacía el mar. Tras pasar dos minutos, había que dar dos vueltas para acto seguido ponerse a gritar “¡Qué vienen los indios!” y dispersarse en silencio.

En Roma una multitud acudió a una frecuentada librería del centro de la ciudad para preguntar por libros que nunca habían sido editados.

La clientela de un conocido centro comercial de Berlín se vió sorprendida por un grupo de personas que, de repente, se pusieron a repetir ¡Sí!, ¡Sí!, ¡Sí! como si hablaran con alguien a través sus respectivos teléfonos móviles.

En una tienda de caridad de Birmingham un elenco de personajes se desnudaron y agitaron su ropa por encima de sus cabezas cantando “Give it Away” de Red Hot Chili Peppers y la donaron a la tienda. Este evento fue descrito como “el primer flashmob altruista del mundo”.

Varios cientos de personas se citaron en Paris frente a la Comédie Française, próxima al museo nacional, desde donde se dirigieron a la Pirámide. Una vez allí, los flashmobbers se tumbaron en el suelo como si estuvieran enfermos y luego se levantaron y aplaudieron, antes de salir de la Pirámide por las escaleras mecánicas sin causar incidentes. La escena duró menos de cinco minutos y dejó estupefactos a los turistas que se encontraban en el museo.

En 2006 se acordó el “World Jump Day” o Día del Salto Mundial con el objeto de modificar el eje terrestre de posición y así retrasar el calentamiento global. Se estimó que para dicho objetivo sería necesario que 600 millones de personas saltaran al mismo tiempo. Ni que decir tiene que el experimento carecía de base científica y que lógicamente no pasó nada.

Especialmente populares han sido las guerras de almohadas que se han celebrado en todas las latitudes. El “pásalo” suele contener instrucciones precisas: llegar al lugar convenido con una almohada oculta y a la hora indicada liarse a mamporros contra todo oponente que saque la suya. Al finalizar, no dejar rastro del paso por el campo de batalla.

Más información en la Wikipedia y bastantes videos en YouTube…

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