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19/11/2017

Habla Marlowe, Philip Marlowe

Los años le endurecieron y forjaron sobre él un carácter cínico. Pero bajo la piel del inmortal detective creado por Raymond Chandler se oculta una persona observadora, amante del ajedrez, la poesía y la belleza en todas sus formas, alguien que contempla la vida con ironía y aire de pertinaz y amargo individualismo. Aparte de todo ello hay que recalcar una cosa: Marlowe no se vende.

Las máximas que dejó escritas Chandler poniéndolas en boca de su detective preferido son un verdadero catálogo de frases cortantes, contundentes, simplemente lapidarias.

Las hay a montones en El sueño eterno (1939), Adiós muñeca (1940) o en El largo adiós (1953). En otro momento trataré de rescatar algunas y en breve quiero escribir más sobre un personaje que siempre me fascinó y sobre el hombre que le dio vida en el papel (luego vendría la recreación en el cine, con Bogart o Robert Mitchum poniendo rostro al detective).

Veamos una muestra de esas frases en la última aventura de P. Marlowe, Playback (1958):

1-Caramba, caramba, el señor Tío Duro en persona. ¿A qué debemos tal honor?
-Umney me está esperando.
-Señor Umney para usted, compañero.
-Y Umney a secas para usted, hermana.
Montó en cólera inmediatamente.
-¡No me llame “hermana”, detective barato!.
-Pues no me llame “compañero”, secretaria carísima. ¿Qué piensa hacer esta noche? No me diga que sale otra vez con cuatro marineros.

2 -Supongo que esto la impulsará a abandonarme. Una vez, hace un año y medio, tuve un sueño aquí mismo. Aún quedan algunos jirones. No me gustaría que el resto se desvaneciera.

3 El sentido común es el defensa del lunes por la mañana que habría podido ganar el partido si hubiese formado parte del equipo. Pero no juega nunca. Está en los graderíos con una botella en el bolsillo. El sentido común es el hombrecillo de traje gris que nunca se equivoca al sumar. Pero casualmente siempre hace cálculos con el dinero de los demás.

4 El camino se bifurcaba (…) Pasamos frente a casas de estilo español enclavadas en lo alto de la ladera (…) La carretera terminaba en una plazoleta en la que se podía dar la vuelta. Había dos casas de grandes dimensiones (…) hechas a base de cristal y ladrillo y las ventanas orientadas hacia el mar eran de cristal verdoso. El panorama era magnífico. Me recreé en su contemplación durante tres segundos.

5 -Sólo fumo cuando estoy muy deprimido. ¿Qué demonios le importa a usted? ¿Qué demonios le importa a nadie?. Es posible que me cojan y pierda un asqueroso empleo. Puede ser que me metan en una celda. Incluso es posible que haya vivido en una desde que nací. ¿Satisfecho?.
Hablaba demasiado. Las personas con los nervios desequilibrados son así. Primero monosílabos y después un discurso.

6 -¿Cómo puede ser tan dulce un hombre tan duro? -preguntó con curiosidad.
-Si no fuese duro, no estaría vivo. Si no pudiera ser dulce, no merecería estarlo.

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