Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

19/09/2017

Iniciando Leopard

Después de un mes largo de funcionamiento diario con Mac OS X 10.5 en el trabajo (en casa continúa el Tigre), soltaré algunas impresiones. Recopilando, como siempre …

Algo muy típico que me ha pasado más de una vez: los atractivos de Mac OS X dejan en suspenso a más de un espectador, especialmente si delante de una concurrencia no maquera muestras las habilidades de un, digamos, iMac 24″ de última generación con Leopard. Pones en acción la cámara integrada, DashBoard, Spaces y QuickLook o buscas redes inalámbricas, transfieres un fichero desde tu móvil mediante BlueTooth. Todo en menos que canta un gallo, todo fino. Es puro espectáculo… seguro que obtienes algún que otro “guau”. Luego lanzas el atractivo FrontRow con el mando a distancia mientras encaramas los pies en la mesa con actitud ligeramente chulesca y esperas a ver las caras de los demás.

Vale, todo eso está bien, claro que sí. Pero aparte de efectos teatrales las novedades estéticas que aporta Mac OS X 10.5 Leopard no son de especial relevancia (ya se disfrutaban la mayoría con Tiger donde, dicho sea de paso, me sentía muy a gusto). Las últimas actualizaciones del 10.4 consiguieron consolidar un sistema bien estabilizado por el que podía circular “raudo y sin dilación”. Es natural si se piensa en el tiempo acumulado de uso.

No voy a desglosar las características que ven la luz con Leopard. Sería aburrido un copia/pega desde un largo listado, sea o no oficial. Para situarse está por ejemplo la presentación promocional de la propia Apple (con el natural autobombo de una empresa por su producto), o bien podemos leer un certero, como siempre, análisis de Juan de Dios Santander

Como resumen baste recordar que Mac OS X Leopard es un sistema más depurado, presidido por una interfaz que le presta mayor coherencia de la que había tenido hasta ahora. El Finder experimenta una estructuración profunda, Spotlight ha madurado plenamente, QuickLook y Time Machine son dos ejemplos representativos de la fuerza innovadora de Apple. El resultado es una experiencia de manejo que continúa siendo la más avanzada y amigable que se me ocurre pensar. El sistema responde con destreza superior respecto a versiones anteriores, aunque (todo hay que decirlo) para trabajar en Leopard con garantías será mucho mejor un equipo de última generación y con suficiente memoria instalada. Lamentablemente 1 Giga ya resulta escaso en este loco mundo. Por ejemplo, un G4 por muy “bala de plata” que sea, se arrastra con un 10.5 en sus entrañas.

Mac OS X 10.5 en tres apuntes

1. Un nuevo escritorio, que incluye transparencia de la barra de menús, Dock remodelado y Stacks o pilas. Las pilas permiten acceso rápido desde el Dock a los grupos de archivos constituidos por descargas y documentos. La idea es mantener el espacio del escritorio más desahogado, pero todavía se discute si hemos avanzado o no con esto (hay opiniones para todos los gustos).

2. Finder, con nueva barra lateral estilo iTunes, CoverFlow para una localización visual de archivos y un nostálgico y útil rescate: reaparece la opción de compartir carpetas (se recupera algo que existía con los sistemas Classic).

3. Nueva hornada de Aplicaciones: Time Machine, QuickLook y Spaces principalmente. Time Machine ofrece la posibilidad de copias de seguridad cada hora y poder restaurar un sistema completo. Eso sí, dicen los que lo utilizan que Time Machine se come los discos duros de destino que da gusto. Es por su forma de trabajar haciendo copias cada hora y guardando una por día. Pero es una aplicación muy útil, potente y tremendamente sencilla, que traerá vientos de cambio por lo menos a los sistemas de backup domésticos. QuickLook es una gozada. Es como un vista previa que lo abre casi todo instantáneamente, pudiendo ver fotos, vídeos, música o documentos sin abrirlos. Se activa pulsando la barra espaciadora sobre cualquier archivo, algo a lo que te aficionas muy pronto.

Algunas ventajas e inconvenientes del nuevo sistema de Apple, apreciaciones completamente subjetivas:

Sorpresas

-Recuperado el mensaje “¿Seguro que desea eliminar los items de la Papelera definitvamente?”, como siempre fue en Mac Classic. ¡Bien!. Muchos tiraron a la basura trabajos esenciales por no tener esta mínima barrera.

-Front Row para todos los ordenadores Mac, tengan o no mando a distancia.

-QuickLook y Time Machine, razones atrayentes para plantearse el cambio.

-Con volúmenes montados y un cambio voluntario o involuntario de red (o cuando se pira un volumen remoto), un mensaje de aviso lo confirma y nada más. ¡Nada más y nada menos! Esto me parece cojonudo, ya que con la misma situación en Panther o Tiger, la “rueda de la pizza de la muerte” se quedaba permanente ante tus ojos porque el ordenador buscaba sin cesar y sin ningún éxito el volumen desaparecido, lo que provocaba cuelgue del Finder. Permutar entre redes es ahora muy rápido.

-En obtener información hay cambios. “Permisos y Propietarios” ahora se presenta como “Compartir y permisos”. Con el lavado de cara el manejo parece más fácil y completo. Cuando lo he tenido que utilizar me ha funcionado sin problemas, aunque gente hay que se queja de temas relacionados con los permisos en Leopard.

Molestias

-En ciertos aspectos he perdido algo de soltura. Normal, ya que cualquier cambio conlleva readaptación. Nada que objetar, sin embargo.

-Suelo trabajar con dos ventanas superpuestas y organización en columnas (así tengo mayor agilidad moviendo dedos y localizando las cosas). Cuando quiero expulsar un volumen me lo expulsa, sí, pero al mismo tiempo desaparece la ventana y he de volver a llamarla (manzana + n). Existe de todas formas algún truquillo para evitarlo, como me comentan: hacer clic en un item del contenido antes del clic sobre el icono de expulsión.

-La barra de menús semitransparente no gusta nada, canta demasiado. Se puede solucionar con terceras partes: OpaqueMenuBar es una utilidad que la vuelve de nuevo opaca.

-La nueva organización de la barra lateral dispone de secciones nuevas. Puede estar bien, pero a mi me cuesta entenderla. En la parte “Compartido” se muestran volúmenes que localiza tu máquina y que son presentados automáticamente. Por otro lado cuando accedes a un ordenador remoto no lo ves a primera vista. Ambas cosas pueden inducir a confusión.

-Spaces es muy chulo, pero puede sobrar (unos lo utilizarán y otros lo obviarán) y algo parecido puede decirse de CoverFlow. Pijadillas marca de la casa.

-¿Safari se torna más inestable de lo que fue nunca?. Puede que sólo sea una mala experiencia personal, pero es la impresión que me queda. Firefox suele responder mejor. Por cierto, si abandonas el Safari con varias pestañas abiertas un mensaje te pide confirmación, lo mismo que Firefox y así es como ha de ser; lástima que ya me había acostumbrado a cerrar del tirón y ahora incomoda un poco.

-Hay o puede haber problemas de interconexión entre plataformas. Ahora existe bastante lío con la coexistencia de protocolos veteranos, nuevos o readaptados que se incluyen en Windows Vista y Mac OS X Leopard… parece que en determinados casos los ordenadores de los distintos sistemas operativos presentarán dificultades a la hora de “conversar”.

En mi caso particular tengo un contratiempo desde la instalación de Mac OS X 10.5: problemas a la hora de navegar, cierre continuo de Safari. Por el momento lo he podido esquivar pero todo parece indicar que se trate de un fallo en la autenticación de mi Mac ante los servidores Windows encargados de los ajustes de Proxy (saltando el proxy desaparece el fallo). A pesar de tan importante coñazo, el sistema no se ha colgado una sola vez. No olvidar que habrá aplicaciones, diversos plugins y utilidades que pueden dejar de funcionar al pasar a Mac OS X 10.5. Toca husmear en busca de nuevas versiones adaptadas a Leopard.

Y punto

Se puede seguir el rastro en distintos foros maqueros de variadas protestas sobre el funcionamiento del último de los sistemas de Apple. Esto es y seguirá siendo así siempre: avances interesantes y a la vez problemas nuevos. Lo que importa es que éstos últimos sean mínimos o se solventen rápido, en tanto van puliendo el tinglado que acaba de ponerse en marcha. La complejidad propia de un sistema operativo sumada a la complejidad de lo instalado por cada individuo o individua en su máquina y unido a su vez a la virulenta complejidad de la cabeza de cada criatura, resulta demasiado desbarajuste (y si no que le pregunten a un informático que presta soporte técnico). Basta con un bug concreto que afecte de manera directa a tu trabajo -aunque todo lo demás funcione a la perfección- para que un día sí y otro también te acuerdes de mentar la maldita actualización que se te ocurrió emprender. Pero así es la vida, mon ami.

Igual que el tiempo prosigue su marcha incontenible, el hombre es culo de mal asiento y los sistemas operativos se renuevan para bien y para mal. El caso es no estarse quieto. Tenemos nuevo felino y con ello un nuevo capítulo en la interminable carrera evolutiva de los S. O. Si el tuyo es un Mac OS X 10.4, no tengas demasiada prisa por actualizarte, de todas formas la propia industria y otra serie de circunstancias (la casualidad, la obligación, la envidia, tu primo) te forzarán en un momento dado, te llevarán a Leopard.

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