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19/11/2017

James Ellroy, un romántico del demonio

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“La literatura no es más que la historia de hombres aislados sobrepasados por lo que les rodea, que intentan dar forma a lo que ocurre a su alrededor y que se ven forzados al cambio mientras interactúan con los acontecimientos y conocen a una mujer.”

James Ellroy, nacido como Lee Earle Ellroy en 1948 en Los Ángeles (California).

Siguiendo la estela de la gran novela policial norteamericana iniciada en la década de 1930 por Dashiell Hammett y Raymond Chandler hay que incluir a James Ellroy, uno de los más destacados escritores de novela negra y autor de ensayos y artículos que analizan y desglosan crímenes reales.

Su forma de escribir se caracteriza por un estilo narrativo telegráfico de frases duras y cortantes, imprimiendo un ritmo endiablado que a menudo recuerda a un guión de cine. No hay palabras o explicaciones de más. Ningún miramiento retórico (y quizá esta sea la mejor forma de decir mucho con pocas palabras), para un conjunto de historias que destilan una negrura que impresiona.

Ellroy a lo largo de los años ha retratado una Norteamérica autoritaria de personajes envueltos en el pesimismo, la decadencia y la ausencia de esperanzas. Con La dalia negra (adaptada al cine por Brian de Palma), El gran desierto y L. A. Confidential (magnífica la película) adquirió maestría y prestigio en el género negro. Después llegaría una trilogía de altura: América, Seis de los grandes y Sangre vagabunda.

La inmersión en el conjunto de su obra permite seguir la historia de su país a través de los entresijos políticos, mafiosos y policiales. Es un mundo sórdido donde las buenas intenciones nunca existen; nadie se libra, todo son sucios intereses movidos por la venganza, la traición y por supuesto, el vil metal.

Hace poco leí Mis Rincones Oscuros (My Dark Places), una de sus novelas medio olvidada que data de 1996 y que en sentido estricto no es tal novela, sino un ejercicio de memoria e investigación que parte de un suceso tan real como aterrador.

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En 1958, cuando Ellroy tenía 10 años, encontraron el cadáver de su madre en la cuneta de una pequeña localidad cercana a Los Angeles donde vivían ella y él (sus padres estaban divorciados). Apareció estrangulada con sus medias. El autor del asesinato no fue encontrado y el caso hubo de cerrarse. Muchos años más tarde, el propio Ellroy emprendió una investigación por su cuenta con la ayuda de un policía de homicidios retirado pero a pesar del trabajo concienzudo de ambos tampoco entonces consiguieron averiguar la identidad del asesino.

“Mis Rincones Oscuros” es un relato sobrecogedor por la precisión y laconismo con el que el autor acomete la explicación de la muerte de su propia madre, desmenuzando al detalle tanto la investigación policial inicial como la posterior que él mismo realizó décadas después. También es un viaje a las zonas que la memoria oculta, de ahí el título.

En este libro no hay concesión al sentimentalismo, tampoco su autor pone énfasis en el horror. De hecho parece un informe policial frío y distanciado, aunque en ocasiones no consiga mantenerse al margen. Lógico, si tenemos en cuenta que al fin y al cabo constituye la experiencia traumática de un niño. ¿Quién podría llegar a un acuerdo con las emociones que rodean el asesinato de una madre?.

Ellroy ajusta cuentas con su madre enjuiciándola con brutal sinceridad. en un intento no solo de encontrar al asesino sino también de reconciliarse con sus fantasmas. Sella con tinta y sangre el amor que no pudo recoger en su infancia. Como él mismo ha confesado, el libro fue una terapia espectacular:

“No encontré al asesino, pero la encontré a ella, solo desde entonces tuve paz al pensar en mi madre”.

Un hecho tan violento marcaría toda su vida posterior. Aún adolescente, abandonó la escuela y se dedicó a vagabundear. Su padre murió y él se alistó brevemente en el Ejército, para caer poco después de cabeza en el alcoholismo y las drogas. Desayuna un cuarto de litro de whisky mezclado con elixir bucal, se hace adicto a las anfetaminas y a los inhaladores, duerme en las calles viviendo como un indigente. Además era una especie de pervertido sexual que se colaba en domicilios ajenos en busca de lencería de chicas que lo obsesionaban, robaba en supermercados, pasó por la cárcel y sufrió dos neumonías. Hubo otras barbaridades que prefiero no contar por aquí…

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A pesar de todo pudo rehacer su vida desde Alcohólicos Anónimos consiguiendo empleo como caddy en un campo de golf y dedicándose a escribir en serio. Paradójicamente, de la travesía por el infierno emergería una poderosa y decidida vocación de escribir. Desde entonces, centrado en el género policíaco ha cosechado gran éxito practicando ese tono macabro y pesimista en unos mundos literarios tan horribles como seductores.

Y ahí sigue James Ellroy, un escritor frenético, descarado e inquietante y una persona contundente e incorrecta siempre. Hoy es uno de los grandes narradores contemporáneos y nadie podrá negar que se trata de una bestia literaria: no necesita nada más que unas páginas para atraparte y obligar a que termines su novela, por muchas páginas que tenga. ¿Cuántos pueden decir lo mismo?.

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