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22/07/2017

La bomba que os hará gays

A lo largo de la historia, pero especialmente en los últimos cien años, la inteligencia militar (pedazo de oxímoron) no ha dejado de investigar y desarrollar técnicas y experimentos arriesgados, ingeniosos, sofisticados, costosos y por qué no decirlo, también inútiles.

Fueron principalmente nazis, británicos y americanos durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, mientras que rusos y norteamericanos protagonizarían más tarde una escalada de tensión que desató el desarrollo de proyectos más o menos secretos durante el período de la Guerra Fría y hasta la actualidad.

A lo largo de todo esa etapa han sido numerosos en el ejército de Estados Unidos los estudios de todo tipo de armamentos, bombas y tácticas pensadas para derrotar al enemigo. Contaban con una disponibilidad de presupuesto muy por encima de cualquier otro ejército del mundo, pero también es el producto de una poderosa industria armamentística y del carácter paranoico marca de la casa.

Dentro de tales proyectos no es difícil descubrir unos cuantos verdaderamente insólitos, desde la bomba murciélago hasta las pruebas con gas nervioso, pasando por la Parapsicología (ver “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”), las sustancias alucinógenas o la utilización de soldados que no necesitan dormir.

También podría recordase el gran Panjandrum, espectacular artefacto que constaba de dos ruedas unidas cargadas de explosivo para ser lanzada sobre fortificaciones y que nunca funcionó satisfactoriamente, las bouncing bombs de las que hablábamos en una ocasión, o aquella idea perversa de crear sustancias químicas para provocar que enfurecidos enjambres de avispas atacasen al enemigo.

De vez en cuando se conocen historias nuevas en base a documentos desclasificados. Quién sabe cuántas experimentaciones permanecen todavía ocultas…

Por ejemplo en 2004 se descubrió que diez años antes el laboratorio Wright del Ejército del Aire de los EEUU, en Dayton (Ohio), solicitó 7,5 millones de dólares para desarrollar una bomba que conteniendo un producto químico de efecto poderoso y afrodisíaco, llevaría a “un comportamiento homosexual” y minaría “el espíritu y la disciplina de las unidades enemigas”.

No se trataba de un artefacto que eliminara a los homosexuales, sino de una bomba que transformara a los soldados enemigos en homosexuales (lo que resultaba igualmente descabellado).

Como es lógico la ciencia no supo dar con un afrodisíaco tan potente, capaz de convertir una masa humana en una macro orgía con un simple petardazo químico. Pero aún así el Pentágono tardó 7 años en desechar la idea, así que al menos algo investigaron…

Si de repente encuentras irresistible a tu compañero de trinchera, es que tal vez ya has sido alcanzado por la bomba gay.

Están locos estos americanos.

Fuente | No puedo creer que lo hayan inventado.

Más experimentos militares bizarros en Cracked.com.

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