La gran broma universitaria de todos los tiempos

A las 6 de la mañana del domingo 8 de junio de 1958, un madrugador jardinero de la prestigiosa universidad de Cambridge, quedó enormemente sorprendido a la vista de un extraño espectáculo. En las empinadas pizarras del tejado de la biblioteca Seely, a unos 26 metros de altura, se encontraba estacionado increí­blemente un viejo automóvil Austin Seven como caí­do del cielo.

Nadie daba crédito a lo sucedido, encaramado en una azotea inaccesible, como si tratara de cruzar la lí­nea del horizonte, se encontraba el misterioso vehí­culo de color negro. ¿Pero cómo ha podido llegar hasta ahí­?.

Una multitud de curiosos se reunieron en el asombro de ver el coche y como las autoridades trataron y fallaron numerosas veces, en la construcción de una grúa con que poder bajar el vehí­culo.

Policí­as, bomberos y unidades de defensa civil, lucharon durante casi una semana para poder bajar el viejo Austin a tierra firme. Las autoridades no dudaron en ningún momento de que todo habí­a sido producto de una gamberrada estudiantil, eso si, enormemente ingeniosa. El espectáculo fue noticia en todo el mundo.

¿Cómo es posible que un montón de profesionales tarden una semana en conseguir bajar el vehí­culo y casi despedazado, y éste aparezca completamente intacto de un dí­a para otro en lo alto de la biblioteca Seely? Un gran dilema que rondaba las cabezas de medio mundo.

Un misterio que desconcertó durante mucho tiempo historiadores universitarios y universitarios por igual. Probablemente fue la broma estudiantil más ingeniosa de todos los tiempos y también la más misteriosa.

Tuvieron que pasar cincuenta años para encontrar la explicación a la ingeniosa broma.

En una cena de aniversario del grupo de estudiantes de ingenierí­a, se reunieron para revelar sus identidades y explicar como el Austin Seven habí­a sido izado a lo alto de la universidad de Cambridge. El cabecilla, Peter Davey reveló que habí­a ideado el plan durante su estancia en las habitaciones de la zona Gonville and Caius con vistas a la azotea.

Peter y 11 estudiantes formaron el equipo de la gran broma universitaria. Divididos en varios grupos, el primer grupo de arrastre desplazó el Austin Seven por Cambridge hasta el aparcamiento cercano a la biblioteca Seely, alegando a los inoportunos que encontraban en su camino, que iba a ser utilizado para pegar carteles de publicidad de noticias universitarias.

Peter Davey, que ahora tiene 74 años eligió la semana final de mayo, cuando la actividad de transeúntes es casi nula, una semana perfecta para realizar todo tipo de golpes con toda tranquilidad. Así­ que durante la tranquila semana, el segundo grupo se dedicó a alzar una rudimentaria grúa construida a partir de andamios postes y cables de acero sobre el empinado techo de pizarra.

Un tercer grupo pasó una tabla que ayudó a la elevación,  a través de una brecha situada entre el techo y una torrecilla de la ventana Caius, conocida como el «Salto del Senado». Como equipo de transbordo, tres tipos de cuerdas, ganchos y poleas.

Los vigilantes, que posteriormente reconocieron haber escuchado un misterioso alboroto por encima de ellos, fueron distraídos en última instancia por unos conductores temerarios que se encontraban en la zona, tres remeros borrachos que serpenteaban de manera temeraria por la zona del campus. Pero realmente fueron los esfuerzos de dos bellas estudiantes que presentaron el mayor ingenio al tratar de guardar el descubrimiento de la broma estudiantil.

Habí­an sido enviadas con sus cortitas faldas por el ingenioso Davey para distraer a todos los transeúntes sin excepción. El terreno estaba completamente despejado.

Sin embargo, la broma estuvo a punto de fracasar al ser izado. Se les habí­a olvidado instalar una cuerda que ofreciera una lí­nea de verificación que mantuviera estabilizado el vehí­culo, debido a ello, el Austin Seven se desplazó ligeramente golpeando en una de las cornisas y en varias zonas del techo. Casi estuvo a punto de fracasar y convertirse en una tragedia, o por lo menos en un desastre.

Una vez arriba, temerosos de ser descubiertos, el equipo de elevación se apresuró a empujar el vehí­culo hasta el mismo vértice del tejado. Rápidamente
desmontaron todo el equipo de ingenio, y huyeron a través de unos puentes de tablas perfectamente colocados previamente y que les llevarí­a a una de las
habitaciones de la zona Gonville. Desde ahí­, piernas para que os quiero.

En la mañana del domingo 8 de junio ante el asombro de todos, comenzó a fraguarse la más ingeniosa y misteriosa broma estudiantil de todos los tiempos.

El entonces decano, el fallecido Hugh Montefiore Rev, tuvo en todo momento una ligera idea de quien era el responsable, envió una felicitación junto con una caja de champagne a los chicos de la zona Gonville and Caius, aunque en público mantuvo siempre que no sabí­a nada de los culpables. La misteriosa leyenda del Austin Seven negro de la Universidad de Cambridge duró 50 largos años.

Los bromistas reunidos dijeron que su único pesar era que el coche no se dejara en ese lugar para siempre, como sí­mbolo estudiantil.

Algunas bromas más surgieron décadas más tarde. En el 2002 un asiento de inodoro fue colocado por un estudiante en una de la torres, permaneciendo varias semanas allí­, rescatado finalmente por profesionales que escalaron el edificio.

Y como última tentativa, a finales de noviembre de 2009 sombreros de Santa Claus fueron colocados en cada una de las torres de la capilla de King’s College, nuevamente el colegio tuvo que recurrir a los costosos profesionales de escalada.

Muchos de los responsables del grupo pasaron a disfrutar de carreras distinguidas y oficios de prestigio, porque en realidad como comentó el Sr. Peter Davey, doctorado Honoris Causa y experto en automatización y robótica, «todo fue una alocada y desafiante broma estudiantil».

Fuente: El baúl de Josete

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