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23/09/2017

Mark Twain y Samuel L. Clemens

Mark Twain fue el seudónimo literario que utilizó siempre Samuel Langhorne Clemens, escritor y periodista estadounidense (1835-1910).

Twain adoptó tal seudónimo a raíz de sus vivencias en en el Mississipi, ya que “mark twain” era la expresión equivalente para significar “dos brazas de profundidad” (el calado mínimo necesario para una buena navegación).

Tipógrafo, piloto de un barco de vapor, soldado de la Confederación, minero ocasional y periodista. Todo eso y probablemente más fue el inquieto Mark Twain. Muchas vueltas hasta enderezar el rumbo (si es que hay rumbo derecho en esta vida). De hecho en la década de los 60, sin trabajo y arruinado, estuvo cerca del suicidio, pero finalmente se centró en la literatura, frecuentó a escritores y su primera gran obra, “La célebre rana saltarina del condado de las Calaveras” (basada en experiencias vividas en las minas de oro de California) adquirió una fama inesperada.

Fue el principio de una carrera prolífica. Sus múltiples viajes por Europa y América le procuraron tanta experiencia como conocimientos para producir narraciones una detrás de otra: Un yanqui en la corte del Rey Arturo, Un vagabundo en el extranjero, Una aventura curiosa, Príncipe y mendigo, Viajes alrededor del mundo siguiendo el ecuador, Vida en el Misisipi (que data de 1883 y fue la primera novela escrita a máquina, si bien otras fuentes señalan a Tolstoi como el pionero) y por supuesto los inmortales Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1884).

Mark Twain estaba dotado para las relaciones sociales, tenía verdadera chispa, verbo fácil y afabilidad. No es extraño que paralelamente al oficio de escritor fuera especializándose como conferenciante. Su ingenio y audaz ironía encajaban a la perfección en esta labor que tuvo que practicar seguramente más a menudo de lo que hubiera deseado. Afortunadamente para él era una práctica bien remunerada.

Aunque le gustaba repetir que “había nacido vago” Twain (o Clemens, si se prefiere) abandonó muy pronto el colegio y hubo de sudar toda su vida para sobrevivir como cualquier hijo de vecino o más. Sus atrevidos planes en los negocios le condujeron a la bancarrota muchas veces. por hache o por be los proyectos se torcían. En 1893 una inversión en un nuevo tipo de linotipia, la linotipia Paige, le arruinó completamente. Consiguió salir a flote dando conferencias por todo Estados Unidos y alrededor del mundo, pero las ganancias obtenidas con sus éxitos editoriales se esfumaban con nuevas y fallidas inversiones y, cuando no, por la dilapidación que practicaron distintos miembros de su familia (su hermano en particular). Y si no, simplemente mala suerte: en 1877 en lugar de aceptar una oferta preferente de acciones en el negocio de Graham Bell se conformó con “poner el primer teléfono que se usó en el mundo en un domicilio particular”, el suyo.

A pesar de todo fue siempre especialmente solícito con su familia y allegados. Fuera de ese reducido círculo, Mark Twain se mostró como un crítico incisivo de la política norteamericana y el mundillo de los negocios de su época. Ante todo atacó la hipocresía social en cualquiera de sus infinitas formas.

La obra de Mark Twain es reconocible sobre todo por el sentido del humor y la frescura de sus relatos y un pensamiento de inimitable ironía. Detrás del hombre de letras y conferenciante agudo estuvo el hombre de vida intensa, azarosa y en su último tramo, amarga; murió su hija mayor de meningitis, su esposa Livy quedó inválida y otro hijo murió por un descuido suyo, como dolorosamente cuenta en su Autobiografía.

En pie de guerra siempre con los apuros económicos, el escritor fue orientándose hacia un negro pesimismo y misantropía. Él mismo se percató de que lo que escribía por aquel entonces era en exceso mordaz y sombrío y dejó instrucciones para que no se editase tras su muerte. Su mujer murió en Florencia en 1904; su hija Jean murió súbitamente a finales de 1909 y él ya no se recuperó y dejaba el mundo cuatro meses después, en 1910. Sólo le sobrevivió una hija.

Algunas citas marktuainescas:

“No sería deseable que todos pensáramos igual. La diferencia de opiniones es lo que hace posible las carreras de caballos.”

“Hay tres clases de mentiras. Las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”

“El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía.”

“Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.”

Twain en la wikipedia
Algunos apuntes sueltos de su vida.

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