Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

24/09/2017

Microcuentos

Se puede sintetizar hasta la mínima expresión, y escribir una historieta en pocas líneas. Sí, hay un nombre para eso: el microcuento, una especie de género que tiene sus cultivadores, especialmente en Hispanoamérica (vete a saber por qué).

He aquí algunos:

Fecundidad (Augusto Monterroso).

Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.

Tempus fugit (Eloy Mon)

Encima de un enorme iceberg a la deriva por el Atlántico Norte, un señor de Cuenca, funcionario de correos, y un pingüino discutían por el precio de un sello. El debate era agrio, visceral, a cara de perro, y quizás hubiera durado días, meses, años.

Pero el iceberg no.

Naufragio (Ana María Shua)

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Lingüistas (Mario Benedetti)

Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.

De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:

­¡Qué sintagma!

­¡Qué polisemia!

­¡Qué significante!

­¡Qué diacronía!

­¡Qué exemplar ceterorum!

­¡Qué Zungenspitze!

­¡Qué morfema!

La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.

Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ”Cosita linda”.

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