Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

26/09/2017

No pudieron con su sonrisa

La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, 1967), es uno de esos clásicos favoritos de siempre y, aunque no el único, sí un título imprescindible para acercarse a la figura del inolvidable Paul Newman.

¿Puedo quitarme la camisa, Jefe…?

La acción tiene lugar en una prisión sureña de carretera de las que crean género y estereotipos. Bajo un sol abrasador Luke, un espíritu libre e inconformista, lucha contra todo y contra todos en sus obstinados intentos de fuga. A mayor castigo mayor ansia de libertad.

Los Jefes no interfieren en los asuntos de los presos mientras se cumplan las reglas primitivas que impone la institución: acatar las órdenes y callar. Pero Luke no se adapta a la apatía de la vida en prisión y las sanciones llueven sobre él.

Con tan sencillos elementos el director Stuart Rosenberg arma una gran película que seduce aprovechando la plenitud de Paul Newman y la intervención de unos secundarios de lujo.

En este relato realista, duro y tierno a la vez, hay dos secuencias especialmente para el recuerdo: el barrigón de Newman tras zamparse 50 huevos duros en una chorrada de apuesta en la que se involucra sólo por terquedad, tal vez por matar el tiempo, y por otro lado la explosiva aparición de la actriz Joy Harmon, una rubia que caldea los ánimos de los presidiarios. Su escena lavando el coche inspiraría infinidad de anuncios de televisión, videoclips y hasta parodias, además de ser considerada como uno de los momentos más tórridos del cine (sólo apta para braguetas resistentes).

La leyenda del indomable puede considerarse fábula contraria al autoritarismo y un canto a la libertad. Refleja la violencia que ejerce el abuso de poder, sádico y caprichoso, amparado en un código penal inmisericorde que no concede redención para los que están tras los barrotes.

Luke se gana con su carácter rabiosamente independiente la admiración de los compañeros y de paso debilita al mando. Las gafas de espejo de uno de los guardianes, quien me parece que no dice una sola palabra en toda la película, simbolizan al verdugo sin rostro.

En definitiva, un alegato a favor de la rebeldía como acto de autoafirmación valiente ante un entorno hostil.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

^ Subir Arriba!

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies