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29/05/2017

On Raglan Road

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Aunque considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX en Irlanda, Patrick Kavanagh (1904-1967) es en cambio casi un desconocido en España.

Inconformista con las tendencias literarias de su tiempo, Kavanagh no hizo cuentas con el romanticismo nacionalista habitual en otros de sus congéneres; prefería cantar a la realidad desnuda de las cosas tal como le dictaba su carácter sencillo. Y aún consciente de toda la miseria e ignorancia ancestral del campo irlandés -del que él mismo procedía y cuyas opresivas estructuras siempre denunció-, fue hilando versos que hablan tanto de la dureza del medio como del compromiso con la tierra. Ante todo un poeta de lugares y de experiencias ligadas a esos lugares.

Fue autodidacta, abandonando el colegio con trece años, y aprendiz de su padre como zapatero además de trabajar en la granja familiar. En realidad durante los primeros 27 años de su vida vivió y trabajó como agricultor y en 1939 es cuando se estableció en Dublin (decisión que con el tiempo consideró un error), donde intentó ganarse la vida como escritor y colaborador de prensa. Soportó el desprecio de dandis, periodistas y funcionarios aspirantes a “artistas”, quienes conformaban el grupo literario dominante. Lo consideraron poco menos que un intruso de pueblo. Parece que tan solo él creyó en su propio talento y así fue tirando mientras se ganaba el pan entre colaboraciones literarias y artículos periodísticos.

En 1946 Kavanagh se trasladó a Belfast donde trabajó como periodista y camarero en diferentes pubs. Regresaría a Dublín años después pero progresivamente se fue aislando y paseó su figura abatida por los bares de la ciudad. Contó en sus últimos años con algunos benefactores y finalmente comenzaba a recibir un reconocimiento que nunca había tenido, lo que supuso invitaciones a conferencias y hacerlo partícipe en jurados de premios literarios. Murió en 1967.

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Su obra, no muy extensa, incluye dos novelas autobiográficas: The Green Fool (1938),Tarry Flynn (1948) y cinco libros de poemas, entre los que destaca el poema-libro La gran hambruna (1942), considerado como una de las obras centrales de la poesía irlandesa moderna.

El Premio Nobel de Literatura de 1995 Seamus Heaney -quien ha escrito excelentes páginas sobre Kavanagh- reconoce la profunda influencia que ejerció sobre él.

Conmemórame donde haya agua,

agua de canal, a ser posible,

tan calma y verde en el hondo verano.

Hermano, conmemórame así, bello,

junto a una esclusa donde ruge un Niágara

de cascadas para el tremendo silencio

de quien se sienta a mediados de julio.
No hablará en prosa

quien encuentre el camino a estas islas-Parnaso.

Un cisne inclina la cabeza con sus muchas disculpas,

la fantástica luz cruza ojos de puentes…

y, mirad, una barcaza llega llena de mitos

de Athy y de otras villas remotas.

Conmemórame sin tumbas de héroes bravos,

basta un banco en el canal para el paseante.

Inspirada en uno de sus poemas, en la alameda que corre paralela al Grand Canal dublinés, verde del metal fundido y del reflejo de árboles y líquenes sobre él mismo y el agua, hay una estatua de Kavanagh sentado. Cada 17 de marzo, después del desfile del día de San Patricio, un grupo de “amigos” de Kavanagh se reúne en su honor alrededor de la escultura.

En el otoño de 1944 Patrick Kavanagh conoció y se enamoró de Hilda Moriarty, una estudiante de medicina de 22 años. En ese momento Kavanagh estaba a punto de cumplir 40 y se encontraba en paro después de perder un trabajo como columnista. Al principio Hilda aceptó esta relación. Le interesaba la literatura y le complacía tener por admirador a uno de los principales poetas de Irlanda. Pero fue un breve romance que ella zanjó, haciendo luego lo posible por librarse de él.

De la amargura provocada por ello surgiría poco después un poema: On Rangland Road (o simplemente Raglan Road), una balada del desamor que describe una relación desde la ilusión del principio a la ruptura final. Es el nombre de una calle tranquila de Dublín por donde el poeta camina evocando un amor perdido. Sabía del riesgo de acabar con el corazón roto, pero aún así anduvo camino.

Lucas Kelly (1940-1984), de The Dubliners, coincidió con Kavanagh en The Baileys Pub de Dublín a mediados de los años 60. Después de escuchar a Kelly, Kavanagh le sugirió que debería cantar On Raglan Road. Kelly aceptó y desde entonces muchos músicos irlandeses han hecho sus propias versiones de este tema, de conmovedora sencillez, incluidos Sinead O’Connor, Van Morrison, Mark Knopfler y Billy Brag.

Lucas Kelly On Raglan Road


LYRICS



On raglan road on an autumn day,
I saw he first and knew 

That his dark hair would weave a snare 

That i might one day rue. 

I saw the danger and yet i walked
Along the enchanted way 

And i said let grief be a falling leaf

At the dawning of the day. 



On grafton street in november, 

We tripped lightly along the ledge 

Of a deep ravine where can be seen 

The worst of passions pledged. 

The queen of hearts still baking tarts 

And i not making hay, 

For i loved too much; by such and such 

Is happiness thrown away. 



I gave he the gifts of the mind. 

I gave he the secret sign 

Thats known to all the artists who have 

Known true gods of sound and time

With word and tint i did not stint.

I gave he reams of poems to say 

With his own dark hair and his own name there 

Like the clouds over fields of may. 



On a quiet street where old ghosts meet, 

I see he walking now away from me, 

So hurriedly. my reason must allow, 

For i have wooed, not as i should 

A creature made of clay. 

When the angel woos the clay, hell lose 

His wings at the dawn of the day.

Lucas Kelly On Raglan Road

LETRA en español


En Raglan Road, en un día de otoño 

la vi por primera vez y supe

que su pelo oscuro tejería una trampa

que un día habría de lamentar. 

Percibí el peligro y aun así 

recorrí el camino encantado. 

Y me dije: que el pesar sea 

como una hoja caída al amanecer… 



En Grafton Street durante noviembre

viajábamos ligeros a lo largo del muro 

de un barranco profundo

en el que aún puede leerse la súplica de pasión

La Reina de Corazones urdiendo sus embrollos

y yo sin saber cómo deshacerlos

Oh!, he amado tanto, pero tanto.

Y por esto y aquello la felicidad se desperdicia. 



Le entregué dones de la mente

Le enseñé el signo secreto que sólo saben 

los artistas que han conocido 

a los verdaderos dioses del sonido y de la piedra 

Y palabra y tinta sin límite 

Y poemas para que dijera con su único nombre allí 

Y su única cabellera oscura 

Como nubes sobre los campos de Mayo. 



Desde una tranquila calle donde los viejos fantasmas se encuentran

La veo caminando apresurada ahora lejos de mí 

Mi razón debe comprender que he amado como no debía 

a una criatura de “polvo”. 

Cuando el ángel se enamora de la tierra

perderá sus alas al amanecer.

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