Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

01/11/2014

Por qué digo que la cerveza no engorda

Pensando en otro de los muchos tópicos que propagamos como loros de feria, concretamente ese de que la cerveza engorda, repasé un poco la cuestión para tratar de aclararme.

Aprendí que una cerveza está compuesta principalmente de agua (por encima del 90%) y el resto es un aporte de cereales triturados y hervidos que suponen algunos nutrientes, mientras que la levadura transforma los azúcares del cereal en otros compuestos, entre ellos CO2 y alcohol. Está por otro lado el gas, que al parecer tampoco engorda aunque provoque sensación de hinchazón. No hay aporte de calorías en las burbujas.

Recordemos desde cuándo acompaña la cerveza a la humanidad para comprender que se trata de una bebida no nociva ni alienígena, sino natural. No os engañen pseudo-científicos de bata blanca pagados por una multinacional o ese tipo de articulista boba de revista de belleza. Una cerveza corriente tipo pilsener o rubia aporta unas 40 calorías por 100 ml. (equivalente a un zumo de naranja) mientras el vino son 70 calorías y la leche entera 50. No contiene grasas ni azúcares y sí una cantidad importante de hidratos de carbono, vitaminas y proteínas, por lo que su consumo con moderación es hasta recomendable para la salud.

De todos modos el alcohol es alcohol: no existen bebidas alcohólicas “moderadas”, existen bebedores moderados y bebedores empedernidos.

Hay cervezas a las que incorporan azúcares de frutas en busca de sabores especiales y obviamente tendrán más calorías, de igual forma que las de mayor graduación alcohólica tienen más valor energético. Sin embargo en los niveles de graduación en los que se suele mover la cerveza la presencia de alcohol es bastante discreta.

Es diurética y depurativa y proporciona ácido fólico, fibra soluble y antioxidantes. Por todo ello la cerveza es una buena opción para rehidratarse tras realizar ejercicio físico, incluso mejor que algunas bebidas isotónicas, ya que todos sus ingredientes son de origen natural (agua, cebada y lúpulo) y no químico.

Mucha gente no se conforma únicamente con una cerveza, va a por más e inevitablemente las acompañará con algo sólido. Eso más el sedentarismo y la proverbial dejadez sí es matemáticamente un barrigón. Ahora estamos de acuerdo.

Pero el debate no se sitúa en torno a cantidades sino a la capacidad de engordar que tiene la cerveza por sí sola, capacidad que no tiene. Acostumbramos a ingerir cosas acompañando a la cerveza: una bolsa entera de frutos secos, pongamos que un cubo de pipas, todo clase de fritos y refritos… Por alguna razón nos gusta sentir esa argamasa en la tripa mientras charlamos sin parar o escuchamos a otros, o recostados en el sofá nos complacemos bajo la pesadez de nuestros propios sentidos.

¿Por qué es importante reiterar que la cerveza no engorda? Pues porque es una idea tan extendida y que repetimos todos de manera tan mecánica que hasta los grandes fabricantes desistieron tratando de demostrar lo contrario y conscientes de ello (el asunto de la paranoia dietética, el boom de los “alimentos naturales” que te ayudan “por dentro y por fuera” a estar ligero, guapo y triunfador), comenzaron a sacar al mercado multitud de aberraciones a las que llamaron cervezas Light.

Ahora bien, ¿cómo disminuir la cantidad de calorías de un producto de por sí bajo en calorías? Pues quitándole sustancia o extrayendo alcohol. Así nacieron las cervezas bajas en calorías y alcohol, como es de esperar muy tristes de sabor; para contrarrestarlo se incorporan esencias de melocotón, manzana o limón. ¡Estupendo!, tomamos un producto natural de toda la vida al que robamos parte de sus sustancias naturales para a continuación añadirle otras sustancias naturales…

Los anuncios de tales bebidas insisten en el acierto que han tenido en mantener toda la naturaleza del sabor auténtico de la cerveza y al mismo tiempo proporcionarte una cintura de avispa, pero el brebaje resulta bastante triste, qué queréis que os diga. Estas cervezuchas copan el espacio en las estanterías de los supermercados que debería estar ocupado por cerveza a secas..

Dicho queda: La cerveza por sí sola no engorda, simplemente porque no tiene potencial para ello.

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