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24/09/2017

¿Calentamiento global?

Se me ha pedido hablar sobre cuál considero el mayor reto que tiene que afrontar la humanidad y tengo fundamentalmente una respuesta. El mayor reto que tiene que afrontar la humanidad es el reto de distinguir la realidad de la fantasía, la verdad de la propaganda.

Michael Crichton (1942-2008)

En no pocas ocasiones resulta embarazoso mantenerse en pie ante tanto confusionismo mediático como llueve cada día. Cuando por enésima vez escuchas otra noticia superficial o tendenciosa, arbitraria, absurda o manipulada, pasas del estupor a la inquietud y de las ansias de amotinarte a la impotencia. Terminarás contemplando la actualidad informativa con más desconfianza de la precisa. Pero sobre todo con hastío.

No son únicamente trivialidades; también por obra de partidismos ideológicos e intereses puramente económicos nos hacen perder el tiempo. De remate hemos de soportar las habituales cortinas de humo, globos sonda, o como quiera que se llame toda esa mierda que se utiliza sistemáticamente para desviar la atención de otras cuestiones más esenciales. Todo eso, como diría Michael Corleone “es un insulto a mi inteligencia, y eso no me divierte.”.

¿Y en materia de información científica? Lo se, hay poca y con frecuencia resulta más que nada folklórica. Sin embargo por inercia los espacios informativos mantienen un apartado más o menos fijo sobre ciencia desde el que anuncian grandes avances que cambiarán nuestras vidas o el último estudio absurdo de la Universidad de tal.

Aquí en principio no cabe parcialidad: hay consenso en admitir cualquier cosa que comuniquen en dicha sección. ¿Qué vas a objetar tú en tu ignorancia?

Una de los más grandes temas de los últimos años es sin duda el del cambio climático. ¡Cuántos minutos generados en televisión! ¡Cuántas ideas catastrofistas vertidas desde cualquier tipo de publicación! ¿Tienes ya suficientemente arraigado el sentimiento de culpa? No, aún no lo bastante. Tranqui, seguirán machacándonos con nuevas alertas.

Ante el calentamiento global no cabe discrepancia, a no ser que estés dispuesto a ser demonizado, catalogado de insolidario y cavernícola profundo entre otras cosas.

Pero todo es cuestionable y hay un texto que haciendo honor a su título, Guía políticamente incorrecta de la ciencia resulta rompedor con su serie de refutaciones sobre grandes teorías actuales de la ciencia que suelen ser aceptadas por la mayoría. ¿Son realmente tan incontestables como parecen?.

Tom Bethell, el autor, pretende lanzar un llamamiento a la responsabilidad de periodistas y personas comprometidas con el mundo de la comunicación para que prevalezca la verdad. Este es su mensaje más importante, independientemente de lo que te parezcan sus argumentos.

Voy a poner aquí algunos extractos de este libro, en concreto parte del capítulo en que se analiza el cambio climático, que es el que más me llamó la atención. También dejo algunos estúpidos comentarios míos. Ciertamente largo, así que si consigues leer casi todo, enhorabuena.

Guía políticamente incorrecta de la ciencia. Capítulo 10

“Todos hemos oído hablar del escenario. El planeta se encuentra envenenado por un desastre ecológico, debido a que el hombre está contaminando la atmósfera y calentando la Tierra. El calentamiento global derretirá las capas de hielo polares y producirá la subida del nivel del agua de los océanos, sumergiendo grandes zonas (..) Usted pensará que ante tales predicciones alguien habrá estado estudiando los datos durante mucho tiempo. Al menos, eso es en lo que usted confía. Pero el calentamiento global se convirtió en el juego preferido de los estudiosos del medioambiente sólo a partir de los últimos años de la década de 1980. Antes de eso, algunos creían que la Tierra se estaba enfriando, no calentándose. (De hecho) Para detener el enfriamiento global algunos expertos propusieron derretir la capa de hielo del Ártico. Ahora lo que nos dicen que debemos temer es exactamente eso. ¿Qué está pasando aquí?”

“Según las estadísticas más fiables de la temperatura de la superficie terráquea de todo el globo, que no llegan más allá de 1861, se produjo un periodo de calentamiento en la primera parte del siglo XX, que duró desde 1910 a 1940. Tal periodo fue seguido de otro de enfriamiento que duró desde 1940 a 1975. Desde 1975, hemos experimentado una tendencia hacia un suave calentamiento. Los tres periodos combinados nos dan una temperatura de la superficie que aumentó quizás 0,5 grados centígrados durante todo el pasado siglo XX. Pero hay un problema. Las mediciones de las temperaturas atmosféricas de los satélites no concuerdan con estas lecturas de la temperatura de la superficie terrestre”.

“Las mediciones a través de satélite empezaron en 1979 y no han mostrado un incremento significativo en la temperatura atmosférica durante el último cuarto de siglo (..) las temperaturas parecen haberse estabilizado”.

“Los expertos en medioambiente creen que el calentamiento experimentado durante el pasado siglo se debió a la actividad humana, básicamente a la quema de combustibles fósiles. Su combustión produce dióxido de carbono, uno de los varios gases invernadero. El metano es otro. El argumento que mencionan es que su llegada a la atmósfera produce una nube invisible que rodea a la Tierra, lo que causa que la salida de calor hacia el espacio exterior se haga algo más difícil que en su absorción inicial por la Tierra (por la luz solar). Este es el Efecto Invernadero. Y su consecuencia es que la Tierra se calienta. El efecto en sí no es puesto en duda por los científicos. Pero el hecho de que las emisiones de dióxido de carbono producidas por el hombre hayan sido suficientes para haber causado un incremento de la temperatura global del planeta durante los últimos treinta años es un tema de profundo debate. El dióxido de carbono en sí mismo es una sustancia benigna y esencial. Sin él no crecerían las plantas, y sin ellas los animales no podrían vivir. Por consiguiente, el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera facilitará un crecimiento más abundante en árboles y plantas, en bosques y junglas. Los datos indican que el dióxido de carbono emitido por el hombre no ha sido suficiente para aumentar las temperaturas globales”.

“El periodo 1940-1975 fue una época de considerable consumo de combustibles fósiles y las fábricas que quemaban carbón emitieron humos sin que ningún partido verde o ministro de Medio ambiente tratasen de restringir su utilización. Sin embargo, la Tierra experimentó un suave enfriamiento (..) Si el calentamiento global causado por el hombre es algo real, las temperaturas atmosféricas al igual que las de la superficie terrestre habrían experimentado un fuerte aumento. Pero esto no ha sucedido. Los aumentos se registraron sólo en los últimos años de la década de 1970; y, probablemente, fueron causados por una anomalía solar y no por algo producido por el hombre” (..)

En 1990, el calentamiento global se convirtió en el tema más popular entre ecologistas. En 1992, representantes de 160 países se reunieron en Río de Janeiro para celebrar la Cumbre de la Tierra y acordar la reducción de sus emisiones de dióxido de carbono. En el 97 se fijaron más detalles en Kioto. Pero U.S.A no ha querido firmar, con el argumento de que según el protocolo de Kioto sus emisiones tendrían que reducirse enormemente y eso perjudicaría de manera grave a su economía.

Países que firman y otros que no, entidades que se acusan de acuerdos incumplidos… no se bien de qué va todo esto, lo que está claro es que la retórica sí que se ha ido recalentado cada vez más, hasta el punto de que cualquier suceso climatológico inusual ahora se achaca al cambio climático sin dudarlo. Así pasa lo que pasa:

“A menos de veinticuatro horas de producirse el tsunami de diciembre de 2004, CBS Evening News hacía referencia a unos “expertos en climatología” anónimos que desplegaban un gráfico que contenía tan solo las palabras “calentamiento global” y “tsunamis”.

Importante: el conocimiento que tenemos de las antiguas temperaturas solo se puede conseguir de forma indirecta. Para descifrar las temperaturas de los siglos pasados los científicos se basan en los anillos forestales, perforaciones árticas, los componentes del hielo y los esqueletos de organismos marinos. De todo eso resultan gráficos basados en modelos matemáticos correspondientes a un pasado vagamente conocido y un futuro desconocido.

Hablando con lógica, siempre han existido subidas y bajadas en las temperaturas y periodos tanto de calentamiento como de enfriamiento:

“Al inicio del primer milenio, allá por el año 1000, hubo una etapa que recibió el nombre de Periodo Cálido Medieval, que perduró hasta el periodo conocido como Pequeña Edad de Hielo que tuvo lugar durante los siglos XIV y XV (..) Ambos periodos duraron varias centurias”.

Lo de los medios de comunicación es tremendo. Son capaces de generar corrientes de opinión de cualquier signo en muy poco tiempo, algo que luego es muy difícil de extirpar del inconsciente colectivo. Y lo tienen bastante claro. En una ocasión el profesor David Daming, geólogo y geofísico, recibió la llamada de un periodista para discutir con él un artículo de Science donde rebatía el calentamiento global:

-¿Quiere decir usted que el calentamiento climático experimentado en Norteamérica pudo haber sido debido a causas naturales?, le preguntaron.
Sí -contestó Deming.-
Bien; en ese caso me temo que no tenemos reportaje -comentó el reportero-. No es en eso en lo que está interesada la gente. La gente sólo quiere saber si el calentamiento ha sido causado por la actividad humana. Adiós.

Y el hombre colgó el teléfono. De este modo Deming se enteró de cómo manipulan los medios de comunicación lo que después oye el público y de donde saca sus propias conclusiones.

Todos los años se producen catástrofes naturales en distintos puntos del globo. Pero desde hace mucho tiempo vivimos con el sobresalto por una debacle inminente, no atribuible a la madre naturaleza sino a la pérfida acción humana. Una subida dramática de temperaturas, el hundimiento de ciudades costeras, la desaparición de las estaciones del año… Los científicos que de alguna manera han cuestionado esto han recibido una avalancha de críticas. Mal asunto si la climatología oficial tiende a admitir solo aquellos comentarios que sean políticamente correctos:

“Cuando se citan las previsiones para el futuro se escoge regularmente entre todos los escenarios posibles aquellos en el que aparezcan los índices más elevados de emisiones de gas invernadero, con sus consiguientes y dramáticas consecuencias climáticas. Y se dejan sin mencionar otras plausibles variaciones que presentan aumentos de las emisiones significativamente más bajas”.

“Quizás haya algún calentamiento como parte de una tendencia natural que empezó alrededor de 1850, cuando salimos de una etapa fría que duró unos cuatrocientos años, un periodo conocido como Pequeña Edad de Hielo. Sin embargo no se sabe por ahora qué parte de esa tendencia puede ser natural y qué parte puede estar causada por el hombre”.

En Estado de miedo, obra de 2004, Michael Crichton se muestra como un inesperado y poderoso crítico del calentamiento global. Estado de miedo desató una gran polémica y fue recibida ferozmente por sectores ecologistas, científicos que trabajan en investigación climática y, en general, por los defensores del calentamiento global de origen antropogénico. A pesar de ser un libro de ficción, se rebatió como si se tratase de un ensayo, lo que demuestra hasta qué punto está politizado el debate en los medios.

De lo que alerta Crichton es precisamente del peligro de esa politización de la ciencia, así como la desinformación generada por determinados intereses hacía una postura u otra. Reivindica el derecho de la sociedad a conocer todos los detalles del Cambio Climático y nos anima a no dejarnos llevar por cualquier información publicada, en especial por los medios sensacionalistas, dada la nueva autoridad que se le ha otorgado a este tipo de opinión.

Y advierte a todos que hay que sospechar al oír cualquier conclusión científica basada en el consenso, como a menudo se nos viene diciendo cuando se habla del calentamiento global. Ya que históricamente la reivindicación del consenso ha sido el primer refugio de los granujas; es la forma de evitar el debate afirmando que el asunto está zanjado.

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