Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

22/11/2017

A las pruebas me remito

El escritor francés Roland Dorgelês (1886-1973) fue un bromista empedernido.

Hacia 1910 se habían puesto de moda en París un buen número de movimientos extravagantes en arte, especialmente en pintura y poesía. Antes -como ahora- el público más esnob pagaba lo que fuera por audaces composiciones y gracias en parte a esa crítica capaz de inventar expresiones para las vanguardias tales como “encrucijada conceptual de antítesis estética”, “visiones inmanentes de lo surreal” o “preciosismo de la materia obsoleta”

Harto de tanta tontería y tanto nuevo rico, Dorgelês reunió a sus amigos Carco, Utrillo y Mac Orlan y les dijo:
– Vamos a lanzar a la fama al mejor artista del mundo.
Los condujo a la colina de Montmatre para mostrarles un pequeño burro que pastaba allí.
– Éste es Lolo y cuando le das zanahorias y un poco de tabaco, se pone muy contento y empieza a remover la cola como un bendito.
Ataron un pincel a la cola, pusieron pintura y un lienzo en blanco y suministrándole zanahorias y tabaco, se pusieron manos a la obra.

Finalmente hicieron venir a un notario para que diera fe del proceso creativo. Antes de terminar, Francis Carco exclamó:
– Quizás sea excesivo.
¡Claro, ya está! Al nuevo movimiento pictórico decidieron bautizarlo como “Excesivismo”, y a la obra: “Y el sol se durmió sobre el Adriático”. Autor: Joachim-Raphael Boronali, de la nueva escuela italiana del Futurismo.

Poco después se colgaba el cuadro en el Salón de los Independientes de París. ¿Qué pasó? Pues pasó que se vendió a 400 francos, más de lo que había cobrado Modigliani en toda su vida. La crítica lo ensalzó como gran ejemplo de “perspectivas insólitas”, “empastes geniales” y “sentido trascendente del color”.

Entonces Dorgelês y sus colegas publicaron una nota en el periódico diciendo que Boronali era un burro. De inmediato un crítico de arte les amenazó con un pleito por insultos a un artista tan excelso. Sin embargo ahí estaba el notario para atestiguar la farsa.

Si pensáis que aquí acaba la historia, es que desconocéis que la estupidez humana no tiene límites. A pesar, o mejor dicho, gracias al montaje, el cuadro siguió su andadura directa a la fama y su último comprador lo aseguró en 5 millones de francos. Algún borrico habrá por ahí que se derrite presumiendo de tener colgado el cuadro de un alma gemela.

¡Se me olvidaba!. En la cabecera del post figuran el autor con su dueño (el autor es el del semblante más despierto) y aquí abajo mostremos el famoso cuadro, que dicho sea de paso, tampoco está tan mal.

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