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21/11/2017

El puente de los perros suicidas

Overtoun es el nombre de un puente de piedra de tres ojos y estilo victoriano que se encuentra cerca de Milton, en el condado de Dumbarton al oeste de Escocia. Un puente de tantos que a pesar de su sobriedad se ganaría el interés público debido al número inusualmente elevado de perros que en las últimas décadas han saltado desde lo alto hacia una muerte casi segura.

Incluso, y esto lo hace todavía más inexplicable, algunos perros que sobrevivieron a la caída, regresaron al lugar para saltar de nuevo. Y otro dato: la mayoría pertenecían a razas de hocico grande y especialmente cazadores, como Labradores, Collies, y Golden Retrievers.

La cosa solía ocurrir más o menos así: un chucho que atraviesa el puente, de pronto es presa de la agitación, toma carrerilla y salta por encima de la baranda. Adieu.

No se sabe exactamente cuándo o por qué los perros comenzaron a saltar desde el puente, pero los estudios indican que estas muertes podrían haberse iniciado entre 1950 y 1960, a una media de casi un perro por mes.

Cuando el fenómeno había ya acaparado la atención internacional, y después de años con las típicas teorías sobre la existencia de un extraño magnetismo sobre el lugar u otras influencias sobrenaturales, la Sociedad Escocesa para la Prevención de la Crueldad a los Animales envió a sus representantes para investigar el tema, entre ellos a David Sands, un experto del hábitat de los animales.

Las investigaciones llegaron a distintas conclusiones.

En primer lugar se constató algo bien simple y es que el puente de Overtoun está rematado con unos petos muy anchos de piedra y de más de un metro de altura. Por tanto los animales con inferior alzada no pueden vislumbrar el otro lado (tampoco es fácil suponer que el vacío sea tan considerable). Basta mirar las siguientes fotos para comprenderlo:

Un camino bucólico. No parece un puente

Pero esto hay al otro lado

Pero el aislamiento visual no era suficiente para explicar los hechos ¿Sonidos de alta frecuencia? Se descartaron. Sólo quedaba centrar el estudio en otro de los sentidos más desarrollados en los perros: el olfato.

Cotejando datos, el Dr. Sands comprobó que los “suicidios” se iniciaron en la misma época en que se había producido la invasión del visón americano en la zona. Y resulta que el visón tiene en el mismísimo culo unas glándulas que segregan una sustancia extremadamente olorosa que sirve para marcar su territorio pero que al mismo tiempo enloquece a los perros, particularmente de caza. La zona de abajo de este puente, hábitat de ratones y visones, es un cauce muy cerrado que carece de corrientes lo que hace que la sustancia se condense más y atraiga sobremanera a los canes que cruzan. Los experimentos que más tarde realizó confirmaron su teoría.

Resumiendo, los malditos efluvios que suben del cauce trastornan a los perros. El parapeto del puente es demasiado alto para que vean por detrás (lo confunden con una simple pared divisoria que cualquier perro ha saltado cientos de veces persiguiendo a un conejo). No vendría mal retocar el puente colocando huecos protegidos que ofrecieran visión.

Gracias a la ciencia se pudo contar con una explicación razonable. Hay un documental televisivo sobre esta suceso tan singular (en inglés):

Una lectura provechosa, una vez más de el Blog de Kurioso. donde podéis leer la historia entera.

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