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26/09/2017

Lawrence, alma de la arena candente

Existen dos clases de hombres: aquellos que duermen y sueñan de noche y aquellos que sueñan despiertos y de día… esos son peligrosos, porque no cederán hasta ver sus sueños convertidos en realidad

T. E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.

Corría el año 1917 y los turcos se habían aliado con los alemanes para fortalecer su imperio, que entonces abarcaba todos los territorios hoy constituidos por Siria, Líbano, Iraq, Yemen, Jordania, Israel y Arabia Saudita. Los árabes, heridos en carne viva por esta dominación, se estaban rebelando y corrían rumores de que un joven oficial inglés (a quien los árabes llamaban El Aurens) era quién los dirigía contra sus opresores en los desolados desiertos de Arabia.

En medio del eterno conflicto de Oriente Medio irrumpe un europeo enigmático, individualista y seductor. Sus fabulosas aventuras en los desiertos hicieron legendario su nombre y contribuyeron a moldear el destino de la región. Este hombre tenía una apariencia menuda y frágil, era indisciplinado y como soldado resultaba poco convencional. Sin embargo impresionó a sus superiores por su visión y mentalidad, su entusiasmo por el trabajo y una capacidad única para salirse con la suya.

Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia (1888-1935) se había graduado en Oxford como historiador con una notable tesis titulada “La Influencia de las Cruzadas en la arquitectura militar europea”. En 1909 en un viaje a unos yacimientos arqueológicos de Siria entra en contacto con la zona, la lengua y las costumbres de sus gentes. Ese conocimiento de la región llamó la atención del servicio secreto británico, para el que Lawrence comienza a trabajar en 1914. Es el inicio de una serie de expediciones con el objetivo encubierto de obtener información sobre el ejército otomano presente en la región.

En 1916 Husayn ibn Ali, jerife de La Meca inicia la revuelta contra los turcos ocupantes de la península arábiga. Lawrence es enviado a reunirse con él y promueve a Faysal, uno de los hijos de Ali, como cabeza visible de la rebelión. Ambos, Lawrence y Faysal (futuro Faysal I), lideran la ofensiva desarrollando la estrategia y ganándose la adhesión de otras tribus.

En 1917 rinden Aqaba y la campaña termina con una aplastante victoria para los árabes. Un año después la conquista de Deraa provoca la desbandada del ejército turco y Lawrence marcha a Damasco para reunirse con el general Allenby, máximo responsable del ejército británico. Con la victoria asegurada y creyendo que los árabes van a poder comenzar su propio gobierno, recibe permiso de sus superiores para volver a Gran Bretaña.

Lawrence era un tenaz opositor a la intrusión foránea en los asuntos árabes (por ejemplo la codicia de los franceses lo exasperaba). “Los extranjeros siempre vienen aquí a enseñar cuando en verdad debieran venir a aprender”, escribió en 1921. Pero lo que más le sacó de quicio fue el acuerdo Sykes-Picot suscrito de manera secreta entre Inglaterra y Francia en 1916 que, en una época de reminiscencias todavía coloniales, acabó con las esperanzas de autodeterminación del pueblo árabe, que también eran las suyas.

La partición fruto de aquel pacto generó estados relativamente pequeños, con fronteras de artificiales líneas rectas dibujadas de manera interesada. Los ingleses se quedaron con la tutela de Irak y, junto a los judíos, con Palestina; los franceses con Siria y Líbano. Se impuso un modelo de realeza a la europea que ahogó el sueño de la independencia. Un duro golpe para Lawrence, quien hasta el día de su muerte viviría atormentado en el convencimiento de que les había fallado a los árabes después de tantos esfuerzos.

Aquella lucha rebelde se había llevado a cabo mediante un ejército irregular y sin entrenamiento militar, compuesto mayoritariamente por beduinos indisciplinados y levantiscos que bajo cualquier excusa se peleaban entre sí (no olvidemos que procedían de tribus rivales); sin embargo Lawrence consiguió lo que parecía imposible: vencer al ejército turco.

¿Cómo pudo un oficial inglés bajito, un letrado procedente de las aulas de Oxford, asceta, vegetariano, introvertido y testarudo, que no trataba a los árabes con desprecio y que para irritación de sus superiores andaba descalzo y vestido de sarraceno, adquirir la talla de héroe universal?

A finales de 1917, en una incursión de reconocimiento tras las líneas enemigas, Lawrence es capturado por soldados turcos, torturado y al parecer violado, motivo por el que se ha dicho que vivió el resto de su vida con profundas secuelas psicológicas. De todas formas ya era la suya una personalidad compleja, con tendencia a la melancolía y a la soledad aunque siempre impulsado por una poderosa voluntad de hierro. Fiel a su doctrina de sacrificio y sobriedad, soportó el sol del desierto, el frío nocturno, la escasez de comida y agua, la disentería y la malaria para llevar a cabo su destino.

Un personaje que es historiador, arqueólogo, lingüista, literato y traductor al inglés de La Odisea, es sin duda un hombre culto y probablemente ha nacido para ser escritor relevante. Pero Lawrence entraría en la historia y la leyenda por otra puerta, la del estratega militar que lideró durante la Primera Guerra Mundial la rebelión árabe contra la dominación turca. Por eso sintetiza como nadie al hombre de acción y de pensamiento. Tipos como él, tan genuinamente británico y a la vez tan atípicamente británico, han desaparecido del mapa.

Rodeado de leyenda y a menudo exaltado, en realidad T. E. Lawrence siempre rehuyó la gloria, prefiriendo el anonimato e incluso el castigo. Sí, tenía un punto oscuro de carácter: sentía la necesidad de “degradarse”. En 1922 había dejado escrito:

“¿Qué es lo que me hace tan condenadamente sensible y tan proclive a lamentarme y sin embargo tan dispuesto a buscar más dolor?”

De regreso a Inglaterra, en 1921 acepta la propuesta de Churchill de trabajar para el Departamento de Medio Oriente y volvió a Egipto. Un año después se enroló en la fuerza aérea inglesa con el seudónimo de John Hume Ross. En 1923 se alistó como soldado raso en la unidad de tanques bajo otro seudónimo y poco después pasó de nuevo a la RAF como mecánico.

Abrumado por una fama que le resultaba muy incómoda y decidido a pasar desapercibido, se retiró a Clouds Hill, una casita rural donde reunió sus libros y pertenencias para vivir con austeridad. Entre otras cosas terminó de escribir su legado fundamental, Los siete pilares de la sabiduría, que Winston Churchill consideraba una de las obras cumbres de la literatura inglesa.

En 1935 un accidente de moto acabaría con la vida de uno de los personajes históricos más extraordinarios y fascinantes del S. XX. La gran superproducción cinematográfica dirigida en 1962 por David Lean y protagonizada por Peter O’Toole, inmortalizó su mito.

“Continúo aprendiendo porque cuanto uno más aprende, uno menos sabe y algún día podré alcanzar la ignorancia perfecta de este modo”.

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