Antonio Machado: Elegí­a de un madrigal

Recuerdo que una tarde de soledad y hastí­o,
¡oh tarde como tantas!, el alma mí­a era,
bajo el azul monótono, un ancho y terso rí­o
que ni tení­a un pobre juncal en su ribera.

¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
que borra el misterioso azogue del cristal!
¡Oh el alma sin amores que el Universo copia
con un irremediable bostezo universal!

Quiso el poeta recordar a solas,
las ondas bien amadas, la luz de los cabellos
que él llamaba en sus rimas rubias olas.
Leyó… La letra mata: no se acordaba de ellos…
Y un dí­a ””como tantos”” al aspirar un dí­a
aromas de una rosa que en el rosal se abrí­a,
brotó como una llama la luz de los cabellos
que él en sus madrigales llamaba rubias olas,
brotó porque un aroma igual tuvieron ellos…
Y se alejó en silencio para llorar a solas.

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