El puente de los perros suicidas

Overtoun bridge es el nombre de un puente de piedra de tres ojos y estilo victoriano que se encuentra cerca de Milton, en el condado de Dumbarton al oeste de Escocia.

Un puente de tantos que a pesar de su sobriedad captó el interés público debido al número inusualmente elevado de perros que en las últimas décadas han saltado desde lo alto hacia una muerte casi segura.

Incluso, y esto lo hace todaví­a más inexplicable, algunos perros que sobrevivieron a la caí­da, regresaron al lugar para saltar de nuevo. Y otro dato: la mayorí­a pertenecí­an a razas de hocico grande y especialmente cazadores, como Labradores, Collies y Golden Retrievers.

La cosa solí­a ocurrir más o menos así­: un chucho que atraviesa el puente de pronto es presa de la agitación, toma carrerilla y salta por encima de la baranda. Adieu.

No se sabe exactamente cuándo o por qué los perros comenzaron a saltar desde el puente pero los estudios indican que estas muertes podrí­an haberse iniciado entre 1950 y 1960, a una media de casi un perro por mes.

Cuando el fenómeno habí­a acaparado la atención internacional, y después de años con las tí­picas teorí­as sobre la existencia de un extraño magnetismo en el lugar y otras influencias sobrenaturales, la Sociedad Escocesa para la Prevención de la Crueldad a los Animales envió a sus representantes para investigar el tema, entre ellos a David Sands, un experto del hábitat de los animales.

Las investigaciones llegaron a distintas conclusiones.

En primer lugar se constató algo bien simple y es que el puente de Overtoun está rematado con unos petos muy anchos de piedra de más de un metro de altura. Por tanto los animales con inferior alzada no pueden vislumbrar el otro lado y tampoco pueden imaginar que el vací­o sea tan considerable (ver la siguiente foto)

Pero el aislamiento visual no era suficiente para explicar los hechos ¿Sonidos de alta frecuencia? Se descartaron. Sólo quedaba centrar el estudio en otro de los sentidos más desarrollados en los perros: el olfato.

Cotejando datos, el Dr. Sands comprobó que los «suicidios» se iniciaron en la misma época en que se produjo la invasión del visón americano en la zona. Y resulta que el visón tiene en el mismí­simo culo unas glándulas que segregan una sustancia extremadamente olorosa que sirve para marcar su territorio pero al mismo tiempo enloquece a los perros, particularmente de caza.

La zona de abajo de este puente, hábitat de ratones y visones, es un cauce muy cerrado que carece de corrientes lo que hace que la sustancia se condense más y atraiga sobremanera a los canes que cruzan por arriba. Los experimentos que más tarde realizó confirmaron su teorí­a.

Resumiendo, los malditos efluvios que ascienden desde el cauce trastornan a los perros. El parapeto del puente es demasiado alto para que vean lo que hay detrás y lo confunden con una simple pared divisoria que cualquier perro ha saltado cientos de veces persiguiendo a un conejo.

No vendrí­a mal retocar el puente colocando huecos protegidos que ofrecieran visión.

Gracias a la ciencia pudo contarse con una explicación razonable. Hay un documental televisivo sobre suceso tan singular (en inglés):

Una lectura provechosa, una vez más del blog Kurioso. donde podéis leer la historia entera.

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