Friedrich Hölderlin : De «Quejas de Menón por Diótima»

Cada dí­a salgo para una búsqueda nueva.
Ya exploré todas las sendas de esta tierra,
y esas frescas alturas y esas sombras y fuentes.
Pues mi alma, desasosegada, vaga
por montes y valles implorando un descanso,
así­ como el animal herido se acurruca en la sombra
donde antes, al mediodí­a, descansaba.

Pero aunque el musgo le ofrece su verde capa,
él sigue errando bajo el aguijón del mal.
Ni el frescor de las noches ni la dulce luz
aplacan su dolor. En vano la tierra le ofrece
sus hierbas curativas, y la fiebre
no desaparece bajo la más fresca brisa.
Así­ estoy yo. ¡Amada!… ¿Quién podrí­a, por milagro,
arrancar el doloroso sueño que colma mi cabeza?

(…)

«Es preciso que olvides tu dicha efí­mera,
olví­dala y adormécete en silencio.»

Sin embargo en mi pecho algo suspira esperanzado.
A esta pena no has podido acostumbrarte,
y entonces sueñas en tu férrea somnolencia.
No es para mí­ momento de festejos;
empero yo querrí­a coronarme de flores.

¿No estoy solo aquí­? Pero un aire me roza,
muy suave, venido de lejos; y aunque dolorido
sonrí­o, admirado de sentir el poder
de una felicidad que desborda mi pena.

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