Quí­mica desconcertante

Las propiedades de los elementos pueden resultar más curiosas aún cuando se combinan.

· El oxí­geno y el hidrógeno, por ejemplo, son dos de los elementos más amigos de la combustión que existen. Pero si los unimos forman agua, que es incombustible.

· Incluso es más extraña la combinación del Sodio, uno de los elementos más inestables y el Cloro, uno de los más tóxicos. Si dejas caer un poco de sodio puro en agua normal, explotará con fuerza suficiente para matarte.

El cloro es de por sí peligroso: aunque útil en pequeñas concentraciones para matar microorganismos, en cantidades mayores resulta mortal.

Fue el elemento preferido para muchos de los gases venenosos de la Primera Guerra Mundial. Y, como más de un nadador con los ojos irritados atestiguará, el organismo humano no lo acepta de buen grado ni siquiera en forma muy diluida.

Y ahora pon juntos estos dos elementos desagradables (cloro y sodio) y, ¿qué es lo que tienes? Cloruro sódico, es decir, sal común.

· El oxigeno no es combustible en sí­, solamente facilita la combustión de otras cosas. Y menos mal, porque si fuese combustible, cada vez que encendiésemos una cerilla estallarí­a en llamas el aire que nos rodea.

· El Hidrógeno por otra parte, es sumamente combustible, como demostró la catástrofe del dirigible «Hindenburg» el 6 de mayo de 1937 en New Jersey».

Extraído de Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson

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