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26/09/2017

Barcos de hormigón

La inventiva, la imaginación y la audacia suplen la escasez de medios ante la urgencia que conlleva todo conflicto bélico. Cuando se intenta contrarrestar al enemigo en tiempos acuciantes, todo vale. Aparte del proyecto Habbakkuk, un proyecto británico para construir portaaviones de hielo durante la Segunda Guerra Mundial (en realidad con un material llamado Pykrete) que quizá repasemos en otro momento, llegaron a construirse barcos de hormigón.

El S.S. Faith fue el primer barco de hormigón armado botado en Estados Unidos en 1918, aunque la idea no era nueva puesto que un francés llamado Lambort había fabricado con el mismo material en 1854 un pequeño bote de remos que después presentó en la Exposición Mundial de París. Pasó sin pena ni gloria. En Estados Unidos su desarrollo se debe a que en la Primera Guerra Mundial había escasez de materias primas (hierro) para la construcción naval.

Estos barcos eran más baratos de construir, 25.000$ frente a los 500.000$ de uno de hierro. Sin embargo su mantenimiento resultaba más caro.

Finalizada la contienda el S.S. Faith fue destinado al transporte pero con una vida corta, puesto que en 1921 fue vendido a Cuba donde se utilizó como rompeolas. En la Segunda Guerra Mundial resurgió la idea de utilizar este material.

El gran resultado que estaba dando la fabricación en cadena de la industria del automóvil quiso trasplantarse por igual para aviones y barcos, elementos de vital importancia en la II Guerra Mundial tanto para aliados como para las potencias del Eje. Estados Unidos tenía mucho que decir en tal sentido gracias a sus recursos y su potente industria; sin embargo nadie era impune a la escasez y desabastecimiento de materias primas y, para desgracia de los aliados, los submarinos alemanes obstaculizaban sin cesar el tráfico de mercancías y armamento entre EEUU y Gran Bretaña. Por eso no dejaban de estudiarse alternativas.

La construcción naval demandaba enormes cantidades de hierro y acero. Para conseguir el mayor ahorro posible en materias primas se ideó la fabricación de barcos de hormigón, ya que podían construirse en muy poco tiempo y con un coste muy inferior. Se calcula que durante la guerra sólo en los EE.UU. se crearon 24 buques y 80 barcazas de hormigón.

Se trataba no obstante de una situación coyuntural. En esos momentos se daba por bueno todo lo que fuera capaz de llevar carga sobre las aguas pero lo cierto es que los barcos de hormigón no presentaban ventajas reales respecto a los de hierro, así que muchos quedaron en fase experimental y posteriormente, cuando la industria norteamericana dejó de correr peligro por quedar desabastecida, el proyecto fue cancelado.

Uno de aquellos barcos de hormigón, el SS Palo Alto, se encuentra varado al sur de una playa de Santa Cruz, en California, convertido en una atracción turística visitable.

Hay que decir que, aunque resulte extraño, aquellos barcos flotaban (seguramente en virtud del principio de Arquímedes).

Existen ocultos por la red más casos de estos armatostes abandonados y dispersos por distintos rincones del planeta. El hormigón en inglés es “concrete”; una búsqueda de imágenes con “concrete ships” resulta curiosa. En castellano pueden valer también expresiones como “construcción naval en ferrocemento” para seguir estas historias.

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