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18/11/2017

Heroicos diputados

El Diario de Sesiones del Congreso registra acontecimientos como los que se produjeron en 1874 con motivo del golpe de estado del general Pavía que dio término a la I República española (sí, un antecedente del 23-F).

En medio de un ambiente caldeado por los debates que desde horas antes se estaban produciendo en torno a la problemática ocasionada por los movimientos federalistas que brotaban por todo el país, Nicolás Salmerón anuncia con voz temblorosa:

-Señores diputados: hace pocos minutos que he recibido un recado u orden del capitán general de Madrid, para anunciar que se desalojará esta sala en un término perentorio.

Varias voces claman:
-¡Nunca, nunca!

El presidente del Congreso:
-¡Orden señores diputados! La calma y la serenidad es lo que corresponde a ánimos fuertes en circunstancias como éstas. Piden que se desaloje el local en un plazo perentorio o que, de lo contrario, lo ocuparán a viva fuerza.

Interrupciones continuas se suceden mientras el presidente reitera la llamada al orden.

El diputado Chao:
-¡Esta es una cobardía miserable!

Vibran con acentos heroicos las proclamas de muchos diputados:
-¡Viva la República! ¡Viva la Asamblea! ¡Viva la soberanía nacional!

El presidente:
-No esperaba yo menos, señores diputados. Ahora somos todos uno.

Emilio Castelar:
-Yo he reorganizado el ejército no para que se volviera contra la legalidad, sino para que la mantuviera (estallan aplausos). Yo, señores, no puedo hacer otra cosa más que morir aquí el primero con vosotros… (se oyen más vivas).

El diputado Benot pide armas:
-¿Hay armas? Vengan, nos defenderemos

El ministro de la Guerra:
-Señores diputados, en este mismo momento, cumpliendo la voluntad de las Cortes soberanas, voy a extender un decreto destituyendo al general Pavía de sus honores y condecoraciones (más aplausos. “Muy bien, muy bien”, gritan todos).

El diputado Chao:
-Venga el decreto exonerándole y yo lo llevo

El señor Calvo:
-La Guardia Civil ha entrado en el edificio preguntando a los porteros la dirección y diciendo que se desaloje el edificio de orden del capitán general de Madrid.

El señor Benítez de Lugo:
-Que entren y todo el mundo a su asiento.

El Presidente:
-Ruego se sirvan ocupar su asiento… ¿Acuerdan los señores diputados que debemos resistir?

Varios diputados:
-Sí, sí. Todos.

El señor Castelar:
-Señor presidente, yo estoy en mi puesto y nadie me arrancará de él; yo declaro que me quedo aquí y aquí moriré.

Entra la fuerza armada en el salón y varios diputados exclaman:
-¡Qué escándalo!

Castelar:
-¡Qué vergüenza!

Otros:
-¡Viva la República Federal! ¡Viva la Asamblea soberana!

Se oyen algunos disparos en la galería, quedando en el acto desierto el salón de sesiones.

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