«Yo solo». Bernardo de Gálvez y la toma de Pensacola

Un malagueño en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

Lo prometido es deuda. Después de invocar las hazañas de Blas de Lezo, recogemos hoy la historia de otro intrépido personaje de la historia española, un héroe poco conocido.

El 19 de octubre de 1781 el ejército de la nueva república de Estados Unidos, las 13 nacientes colonias, vencí­a en Yorktown a los ingleses dándose por concluida la Guerra de Independencia norteamericana. En el desfile de la victoria un militar español llamado Bernardo de Gálvez cabalgaba junto al mismí­simo George Washington. Era el reconocimiento oficial de los Estados Unidos a la importante ayuda que los españoles habí­an aportado a su causa.

¿Quién era nuestro héroe español, andaluz por más señas?

Bernardo de Gálvez y Madrid nació en 1746 en la pequeña localidad montañosa de Macharaviaya (Málaga), primogénito del general Matias de Gálvez y Gallardo y de Josefa de Madrid. Muy pronto sintió la vocación familiar. Estudió la carrera militar y con sólo 16 años toma parte como voluntario en la invasión de Portugal, aliado de Gran Bretaña, consiguiendo el grado de teniente de Infantería.

Por mediación de su tío José de Gálvez, visitador del Virreinato de Nueva España, en 1769 llega a América y participa en las campañas contra los apaches ascendiendo a Capitán.

Nueva España

Hay que decir que el Virreinato de Nueva España es el antecedente histórico del que surgiría México y que a finales del S.XVIII tení­a una gran trascendencia para la Corona española por los enormes territorios que comprendía, ya que se extendí­a desde los estados de Arizona, California, Colorado, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Montana, Nevada, Nuevo México, Texas, Oklahoma, Wyoming y Utah en los Estados Unidos hasta Guatemala en Centroamérica, estando bajo su dominio la Capitaní­a General de Cuba, la Capitaní­a General de Guatemala, la Capitaní­a General de Filipinas y los Territorios de Florida, Louisiana y Nootka, teniendo su capital en la Ciudad de México.

Nueva España no sólo administraba las tierras comprendidas entre estos lí­mites sino también el archipiélago de las Filipinas en Asia y varias islas menores en Oceaní­a como Guam.

En la campaña contra los apaches Gálvez recibió múltiples heridas, algunas muy serias, lo que no impidió que en 1770 fuese ascendido con 24 años a Comandante de Armas de Nueva Vizcaya y Sonora (esto es al norte de Nueva España, el actual Nuevo México).

En 1775 regresa a España y participa en la desastrosa invasión española de Argel de 1775 que había encargado Carlos III a Alejandro O’Reilly. A pesar de lo cual Gálvez cumplió sus cometidos, sufrió nuevas heridas y obtuvo el ascenso a teniente coronel y el nombramiento como profesor en la Academia de Avila.

La lucha contra los ingleses en América

Es destinado otra vez a América en 1776 como Coronel y un año después se le concede el cargo de gobernador de la «Gran» Luisiana, extenso territorio que ocupaba una tercera parte de lo que hoy son los Estados Unidos. Inmediatamente toma medidas para atajar la amenaza británica a la par que favorece la causa de la Guerra de Independencia de las colonias. En ese mismo 1777 se casó con una criolla de Nueva Orleans: Marie-Felicité Saint-Maxent, viuda de un antiguo tesorero del rey de Francia.

Durante 1778 refuerza la presencia española en la provincia fundando colonias, como la ciudad de Galveston al sureste de la actual Texas y continúa con la ayuda encubierta a los norteamericanos.

En junio de 1779 se declara formalmente la guerra con Gran Bretaña. A través de unos informes secretos, Gálvez conoce que los ingleses se disponen a invadir la Luisiana y decide adelantarse y acometer al enemigo. Con una tropa novata de menos de 700 hombres compuesta por blancos, negros y mulatos, marchó contra el puesto avanzado británico en Manchac, al este del Misisipi De camino consigue reclutar algunos cientos de combatientes más y avanza hacia Baton Rouge para desbaratar la concentración de fuerzas británicas contra la provincia.

Conquista el fuerte de Manchac sin una sola baja y un mes más tarde ataca Baton Rouge, a la que bombardeó hasta su capitulación. Restablece así el dominio de la región de la cuenca baja del rí­o Misisipi.

De regreso a Nueva Orleans comienza a preparar la campaña contra los principales objetivos de la región: la Mobila (actualmente Mobile, al sur de Alabama) y Pensacola capital de la Florida.

La batalla de Pensacola y la Independencia de Estados Unidos

Pensacola era la fortaleza británica más importante en la costa del Golfo. Bajo el mando del general Campbell, los ingleses estaban construyendo defensas adicionales y recibiendo refuerzos.

Estamos en 1781. A la isla de Santa Rosa, que proporcionaba el acceso a la bahía de Pensacola llega una flota española procedente de la Habana con el capitán José Calvo de Irázabal al frente a la que se había unido Gálvez a bordo de su bergantín, el Galveztown.

Calvo de Irizabal no estaba dispuesto a meter sus barcos en el interior de la bahía ante el temor de que la mayoría quedasen embarrancados y a merced de los cañones británicos. Gálvez por su parte quería tomar lo más rápido posible Pensacola, pues temía la llegada de huracanes y de refuerzos británicos que hubieran complicado mucho la operación.

Fue en esta acción de la toma de Pensacola donde Gálvez cobró fama, al forzar con el Galveztown la entrada en la bahía demostrando a los oficiales marinos de la expedición que aquello era posible. El jefe de la Escuadra española, Calvo de Irizabal, se habí­a negado a seguirlo pero Gálvez izó la bandera del almirante en su bergantí­n y entró solo para dar ejemplo a los demás navíos. El mensaje que envió al capitán Calvo de Irazábal fue:

«Una bala de a treinta y dos recogida en el campamento que conduzco y presento, es de las que reparte el Fuerte de la entrada. El que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galveztown para quitarle el miedo.»

Tras lo cual toda la flota le siguió y comenzó a hostigar a los ingleses. Después de varios días de duros combates, John Campbell se ve obligado a rendir la plaza de Pensacola a la Corona Española. Ello supuso para España las recuperación de las dos Floridas. Inglaterra se quedó sin plazas en el Golfo de México, exceptuando la isla de Jamaica.

La victoria no solo se celebró en el bando español, también fue grande la satisfacción para George Washington y los rebeldes que luchaban contra el imperio colonial británico. Poco después, octubre de 1781, asediado por franceses y estadounidenses tras la batalla de Yorktown, se rendí­a el gobernador colonial inglés Charles Cornwallis. La Independencia de Estados Unidos se había hecho realidad y Thomas Jefferson escribió al Bernardo de Gálvez expresando su agradecimiento por la ayuda española.

Virrey de la Nueva España

En 1783 Gálvez regresó a España para ser consultado sobre las futuras relaciones con los EE.UU.y recompensado con los grados de mariscal de campo y teniente general. Además recibió los títulos de vizconde de Galveston y conde de Gálvez y el rey Carlos III le permitió incluir en su escudo nobiliario, junto al bergantí­n Galveztown, el lema «Yo solo

Gracias a las brillantes campañas de Bernardo de Galvez el Tratado de Paz de Versalles (1783) sanciona sus conquistas y España recupera la Florida perdida en 1763.

En 1785 es nombrado virrey de Nueva España, siendo sucesor de su padre (quien había enfermado). El periodo de Gálvez como virrey trajo importantes novedades, actuando como verdadero prototipo de ilustrado.

De trato sencillo, amable y franco, Gálvez llegó a ser muy popular. Baste decir en su favor que la Audiencia criticó de él su carácter «poco formal» simplemente porque cuando hubo heladas y hambruna, de su propio dinero y de otro que obtuvo prestado compró maí­z y frijol para los necesitados.

Durante su mandato se emprendieron muchas obras públicas, reconstruyó el castillo de Chapultepec, reforzó la frontera norte, reformó el ejército virreinal, comenzó la instalación del alumbrado público y la construcción de las torres de la catedral.

Otro aspecto de su gobierno fue la preocupación por mejorar la situación de la población india. Como supiera que los indios eran llevados a trabajar a grandes distancias sin abonarles jornal, dispuso que se impidieran tales abusos. Además ordenó destinar a beneficencia el 16% del producto de la Real Loterí­a y otros fondos de multas y promovió el apoyo a la ciencia. Se ocupó de intensificar las labores en los campos para aumentar la producción y evitar la escasez de maí­z y frijol.

Y a pesar de todo ello Gálvez no contaba con el beneplácito de la Audiencia para quien la popularidad del virrey era molesta y sospechosa. Se le acusó de que podrí­a alzarse contra la Nueva España y fue reprendido por la Corte en un tiempo en que su salud comenzó a empeorar. Incapaz de seguir desempeñando sus funciones, las traspasó a la Audiencia y el 30 de noviembre de 1786 falleció en el palacio de Tacubaya, a donde se había trasladado con la esperanza de recuperarse. Sus restos reposan en la iglesia de San Fernando de la Ciudad de México.

Legado y reconocimiento

Bernardo de Gálvez fue un militar brillante, un gobernante humanitario y una destacada figura que contribuyó a la independencia de Estados Unidos. Y a pesar de la envergadura de sus acciones ha sido poco conocido para la opinión pública española y la estadounidense.

Afortunadamente en la actualidad un retrato suyo cuelga en una de las distinguidas salas del Capitolio de Washington y el Congreso estadounidense le otorgó el título de ciudadano honorífico a título póstumo, un reconocimiento oficial que poseen muy pocos. Además en 1976 Juan Carlos I descubrí­a un monumento a Gálvez en la ciudad de Washington y finalmente Pensacola erigió también una estatua ecuestre en su honor en una de las mayores plazas de la ciudad.

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