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23/09/2017

Julius Fučík. Esperando la muerte en la celda 267

He vivido para la alegría y por la alegría muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza.

Julius Fučík, Reportaje al pie de la horca.

Originario de un familia trabajadora, Julius Fucik nació en Praga en 1903 y desde muy pronto se sintió atraído por la literatura y por la política. Tras estudiar filosofía, en 1921 ingresa en el Partido Comunista e inicia una intensa labor como crítico literario y periodista. En 1925 entra en la redacción de “Rudé Právo”, el órgano del Partido Comunista Checoslovaco. En el 38 se había casado con Augusta Kodeřičová, luego conocida como Gusta Fučíková.

No se doblegó ni ante la censura impuesta por el gobierno checo tras la cesión de los Sudetes a Alemania en 1938 ni con la invasión nazi de su país un año más tarde, aunque a partir de entonces formó parte de la resistencia y sólo pudo seguir publicando y viviendo en la clandestinidad.

En 1942 la Gestapo descubre su paradero y es arrestado junto a otros miembros de su grupo. De inmediato lo torturan salvajemente, pero Fucik resiste:

…No, no temáis. No hablaré. Confiad en mí. Después de todo, mi fin ya no puede estar lejano. Esto ahora es sólo un sueño, una pesadilla febril: los golpes llueven, los esbirros me refrescan con agua. Y nuevos golpes. Y otra vez: ¡Habla! ¡Habla! ¡Habla! Pero aún no consigo morir

Era sólo el principio del fatal cautiverio. Interno de la prisión de Pankrác de Praga, Fucík fue sometido a constantes interrogatorios y vejaciones para que revelara más nombres de opositores. En el verano de 1943 es trasladado a Berlín, donde sería ejecutado por los nazis el 8 de septiembre bajo la acusación de traición.

Después de la guerra se supo que Fucík se las había arreglado para seguir escribiendo en la cárcel mientras aguardaba una muerte inevitable. Fue posible gracias a la ayuda que le prestaron algunos amigos encubiertos y a un guardia que recogió las páginas escritas en papel de estraza, sacadas al parecer por una ventana de la celda.

Posteriormente su viuda Gusta (que también había sufrido cautiverio), pudo recuperarlas y publicarlas. Así lo cuenta ella:

Después de la derrota de la Alemania hitleriana los liberados supervivientes fueron regresando de cárceles y campos de concentración. En el campo de concentración de Ravensbrück supe -me lo dijeron mis compañeros de prisión- que mi marido, Julius Fucík, redactor de Rudé Právo y de Tvorba, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por un tribunal nazi en Berlín. Mis intentos de averiguar algo más sobre su suerte posterior se estrellaron contra los altos muros del campo.

Al volver a mi patria liberada busqué y rebusqué las huellas de mi marido. Hice lo que hicieron millares y millares de personas que también buscaron (…) Me enteré de que Julius Fucik había sido ejecutado en Berlín el día 8 de septiembre de 1943, quince días después de su condena. También supe que había escrito algo mientras estuvo en la cárcel de Pankrác. Fue el guardián A. Kolínský quien procuró los medios para hacerlo, llevándole a la celda papel y lápiz y sacando clandestinamente de la cárcel las hojas manuscritas.

He tenido una entrevista con el guardián. Y poco a poco he podido ir recogiendo el material escrito por Julius Fucik en la cárcel de Pankrác. Reuní las hojas numeradas, escondidas por varias personas en diferentes lugares y se las presento al lector. Es la última obra de Julius Fucik

El libro resultante es Reportaje al pie de la horca, 158 hojitas de papel que contenían uno de los más conmovedores documentos del siglo XX, un relato que adquirió gran resonancia mundial y que sería traducido a multitud de idiomas. En 1950 Fucik recibió el Premio Internacional de la Paz a título póstumo.


Monumento en memoria de Julius Fučík en el Bürgerpark Pankow de Berlín

Fucik se impuso como tarea dejar testimonio a pesar de tener los días contados. Cárcel, tortura y muerte no fueron para él el fin de todo sino la última posibilidad de presentar batalla.

Un notable ejemplo de lo que es un hombre íntegro ante el dolor, la privación de la libertad y la perspectiva de una ejecución inminente, un tío tan fuerte en sus principios y convicciones que las organizaciones internacionales de periodistas declararon el día de su ejecución (8 de Septiembre) como el día de los hombres y mujeres de prensa en el mundo.

Han pasado más de 60 años desde que Fucik y otras miles de personas combatieran al nazismo contribuyendo a su derrota. Aunque él no viera la entrada del ejército rojo en Berlín, aquellos hombres y mujeres tuvieron clara conciencia de lo que tenían que hacer y lo hicieron.

La heroicidad que describe Fucik es del tipo de la que se manifiesta cotidianamente y sin resplandores: luchar día a día con sacrificio pero con sencillez. He aquí algunos fragmentos de Reportaje al pie de la horca, una lectura imprescindible.

Has tardado mucho en llegar, muerte. Pese a todo, esperaba conocerte más tarde, después de largos años. Esperaba vivir aún la vida de un hombre libre: poder trabajar mucho, amar mucho, cantar mucho y recorrer el mundo. Precisamente ahora, cuando llegaba a la madurez y disponía todavía de muchísimas fuerzas. Ya no las tengo. Se me van agotando. Amaba la vida y por su belleza marché al campo de batalla. Hombres: os he amado. Fui feliz cuando correspondíais a mi cariño y sufrí cuando no me comprendíais. Que me perdonen aquéllos a quienes causé daño. Que me olviden aquéllos a quienes procuré alegrías.

Que la tristeza jamás se una a mi nombre. Ese es mi testamento para vosotros, padre, madre y hermanas mías; para ti, mi Gustina, y para vosotros, camaradas; para todos aquéllos a quienes he querido. Llorad un momento, si creéis que las lágrimas borrarán el triste torbellino de la pena, pero no os lamentéis. He vivido para la alegría y por la alegría muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza.

19 de mayo de 1943:

Lo repito una vez más: hemos vivido para la alegría; por la alegría hemos ido al
combate y por ella morimos. Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre.

27 de mayo de 1943:

Algunas veces fui a los interrogatorios en autocares de la policía, en los que los guardianes se conducían con moderación. A través de las ventanillas contemplaba las calles, los escaparates de los comercios, los quioscos de flores, la masa de peatones, las mujeres. “Si logro contar nueve pares de bonitas piernas, me dije una vez, no seré ejecutado hoy”.

El 9 de junio de 1943:

Ante mi celda hay colgado un cinturón. Mi cinturón. La señal de partida. Por la noche me llevarán al Reich, al tribunal (…) El tiempo hambriento arranca los últimos bocados del pequeño trozo de mi vida. Cuatrocientos once días en Pankrác, que pasaron con una rapidez increíble. ¿Cuántos me quedan todavía? ¿Dónde? ¿Y cómo? Seguramente ya no tendré ocasión de escribir. He aquí, pues, mi último testimonio. Un trozo de historia, del que soy, sin duda, el último testigo vivo.

Esto es lo último que escribió el periodista checo antes de ser ejecutado:

Siempre hemos contado con la muerte. Lo sabíamos: caer en manos de la Gestapo quiere decir el fin. Y aquí hemos hecho lo que hemos hecho de acuerdo con esa convicción. También mi juego se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es un juego. Es la vida. Y en la vida no hay espectadores. El telón se levanta. Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!

Más información: [1] [2]

5 thoughts on “Julius Fučík. Esperando la muerte en la celda 267

  • Antonio Gómez

    Caramba, es un alegría ver que la gente se acuerda de Hilario, pero que además el mismo se acuerde de Julius fucik me parece casi milagroso. Gracias por el recuerdo, al que me voy a permitir añadir otro héroe muy parecido, aunque francés: George Politzer.
    Gracias por el recuerdo. Salud

    Reply
  • Carlos Castro Urbina.-

    Tuve la dicha en los años 80 de leer y estudiar el libro de “Reportaje al pie de la Horca” considero que es una obra universal que siempre perdurará en todos los revolucionarios del mundo,es conmovedora y verdaderamente quiero decir que en el año de 1984,estuve de visita en checoslovaquia,para las espartaquiadas checas en praga y conocí la carcel de pankrac,esto marcó mi vida pués aparte del arte como poeta nos refleja la lucha por la libertad de los pueblos.-

    Reply
  • Pedro Pablo

    No tuve el privilegio de leer su libro, pero de los extractos que llegaron a mi conocimiento puedo deducir que fue una gran revolucionario,convencido de sus pricipios y ante la adversidad de la muerte los asesinos hitlerianos no pudieron borrarlo de la faz de la tierra;él tiene un lugar reservado en los hombres y mujeres justos.Escribir en las condiciones que lo hizo es ya un buen síntoma de admiración y por ello vivirá a través de la historia y le haremos justicia siguiendo su ejemplo en donde cada uno de nosotros nos encontremos.

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  • Fausto

    Acabo de leer el libro de Fucik y ha logrado que pueda entender un poco o sentir de alguna manera lo que paso ahí, tal vez solo digo esto porque el libro removió algo dentro de mi pero creo que estas emociones ni se acercan al dolor y sufrimiento dentro de aquel infierno. Reconozco tambien que esa epoca debe haber golpeado tan fuerte a la humanidad que comparar con algun hecho actual simplemente seria una ofensa a la memoria de los caidos.

    Por eso respeto y agradezco a todos los que fueron capaces de mantenerse fuertes cuando fue necesario.

    Reply
  • Un hombre libre

    Conmovedor y triste testimonio. Esperemos que jamás se vuelvan a repetir las atrocidades que trajo el fascismo. Aunque, desgraciadamente los hombres olvidad rápidamente.

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