Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

19/08/2017

¿Y ahora quién respalda a los ciudadanos?

“El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento”

Patas Arriba. La escuela del mundo al revés. Eduardo Galeano

Parece que las votaciones se ejecutan con el mismo sentimiento que mueve a las religiones: el de la fe invariable en aquello que “los nuestros” dicen. Y para acomodar el culo propio. El resto sobra, está excluido; los demás son aquellos sujetos molestos y perversos, claramente el enemigo.

Al amparo de esta alternancia de cuadrillas en el poder que tanto tiempo venimos padeciendo, unos votan al unísono para que no salgan los otros y estos harán lo mismo al llegar su oportunidad. Entretanto un montón de personas, millones de ciudadanos, no dándose por aludidos, bajan la vista con resignación a la espera de la siguiente hornada de trepas con pasaporte para trincar.

Pero si continúas votando y defendiendo a personas que figuran como imputados en cualquier trama, estás haciendo un flaco favor a todos. Un político mínimamente involucrado en algún tejemaneje sospechoso no puede estar en lista electoral ni debe continuar representando a nadie, simplemente por cuestión de sentido común e higiene, que algo debería de quedarnos…

No es buena idea salvaguardar a los corruptos, no es justificable y resulta irracional. No premies a quien desprecia la honestidad, no recompenses a quienes carecen de escrúpulos. Recuerda que el de político es un oficio de gestión de aquello que es público y común, lo que pertenece a todos. ¿O es que hemos dejado de atender el sentido originario de conceptos tan básicos como RES-PUBLICA y DEMO-CRACIA?.

Existe siempre un riesgo con los que en virtud de un cargo de gestión decisorio obtienen acceso a fondos generales. Pero que puestos ahí, medrar sea la norma prioritaria en este país, no debemos consentirlo más. Basta de fomentar tales prácticas, basta de esa reverencial admiración hacia el pícaro y el cacique. No puede ni debe seguir aumentando la distancia entre gestores y gestionados. Ahora si que no podemos permitirnos ese lujo.

Engañar al prójimo puede constituir todo un arte pero su naturaleza verdadera es delictiva, una estafa a la democracia por mucho talento y sofisticación que albergue. Sembrar el campo de trampas y tapaderas sirve para distraer de los problemas verdaderos, vieja añagaza. La corrupción es tan profunda y extendida en este país que ya ha deteriorado por mucho tiempo los fundamentos de la democracia y de nuestra propia convivencia.

Ahora mismo, mientras intentamos tirar del carro de nuestras cada vez más difíciles vidas, abrumados por unos recortes que no nos corresponden, viejos políticos a los que hemos gritado y a veces afeado su comportamiento preparan un retiro de oro entre reconocimientos públicos y pasan a calentar el butacón amiguete de alguna poderosa junta directiva o a disfrutar de pensiones que tú no puedes ni soñar y de indemnizaciones millonarias pese a escandalosas gestiones. Al mismo tiempo los nuevos cachorros de la política se cuelan por el fondo de la sala, van ocupando los huecos que aquéllos dejaron y reemprendiendo “su camino”. Está garantizada la perpetuación de la casta y una vez más han conseguido callarnos la boca.

Este modelo que permite campar a su anchas a una agrupación con mayoría representativa no sirve desde el momento en que no resulta eficaz sino es para asentar toda una serie de malas prácticas. ¿Ahí acaba la democracia? No, hay que implicar a muchas más personas y empezar a liberarse de lacras enquistadas: de la falsa separación de los poderes, del tráfico de influencias, del mantenimiento de ejércitos de paniaguados, de nombramientos a dedo, de despilfarro institucional sin pudor.

Somos nosotros quienes hemos de ocuparnos de pararles los pies haciéndoles saber que son observados a cada momento, porque ellos no se autorregulan. Nosotros tenemos que desentrañar las cagadas políticas porque no las destapan con transparencia los medios de comunicación. Nadie nos va a prohibir que lo intentemos. No consintamos en seguir recibiendo clases magistrales de impunidad. El tiempo de los tontos ha terminado.

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