El cartero rural que soñó con un palacio

Un día de 1879, al regresar de su recorrido diario como cartero rural, Ferdinand Cheval tropezó con una piedra de forma curiosa que le recordó de inmediato un sueño. Cosas de lo más profundo de su imaginación que ya venía incubando. Según contaría más tarde:

«Era una piedra de forma tan extraña que la puse en mi bolsillo para admirarla a gusto».

A partir de entonces dedicaría 33 años de su vida al diseño y construcción de un singular monumento, en un empeño personal alejado de cualquier movimiento artístico.

Orígenes, vida y profesión

Joseph Ferdinand Cheval, nació en 1836 en Charmes-sur-l’Herbasse al este de Francia, en el seno de una familia campesina bastante pobre.

Trabajó desde crío con su padre, por lo que su asistencia a la escuela fue muy limitada, y más tarde estuvo como aprendiz de panadero.

Durante un tiempo se alejó de su tierra en busca de mejora laboral, pero acorralado por la miseria decide opositar y en 1867 entra en la administración postal, siendo destinado como cartero en distintas poblaciones francesas.

Dos años más tarde es aceptada su solicitud de traslado a Hauterives, un municipio a pocos kilómetros de su aldea natal de donde ya no se moverá.

Amontonando piedras

Para desempeñar su oficio en esta zona rural, Cheval se ve obligado a cubrir largos recorridos a pie y en solitario y no deja de pensar en construir él mismo un «palacio mágico» inspirado en la naturaleza y en las postales y primeras revistas ilustradas que distribuye.

Y así durante años y años continuará recogiendo piedras en su ruta postal, primero echándolas a los bolsillos, luego en una cesta y finalmente con una carretilla.

Cada una de las piedras es seleccionada con la idea de desempeñar un papel en el edificio. Para su vecindario, el cartero se convierte en una persona extraña, el “tonto” que siempre está amontonando piedras en el jardín.

No tenía formación técnica o arquitectónica alguna, pero sí que contaba con la más férrea voluntad, la de alguien que soñó con hacer algo grande con sus propias manos.

El palacio ideal, fisonomía de un monumento extraño

Lo que hoy se conoce como «El palacio del cartero Cheval» (Le Palais Idéal du Facteur Cheval) es una construcción considerada ingenua a nivel artístico, pero asombrosa como creación de un solo hombre.

El monumento levantado íntegramente por este hombre mide 26 metros de largo y tiene 12 metros de altura. Las diferentes partes, en su mayoría piedras recogidas de los caminos, se ensamblaron con cal, mortero, cemento y metal.

Detalle de las esculturas en una de sus fachadas

El palacio es a la vez un himno a la naturaleza y una extraña y personal mezcla de diferentes estilos arquitectónicos, con inspiraciones de la Biblia y de la mitología hindú y egipcia entre otras cosas.

Ferdinand Cheval relató que correspondían a visiones de sus sueños.

Es sin duda una obra bastante peculiar y tanto su interior como los muros exteriores, están poblados por un bestiario increíble: ciervos, elefantes, pulpos, pájaros y también personajes como César, Adán y Eva, Vercingetorix o Arquímedes, gigantes, hadas, cascadas e incluso sentencias en las paredes compuestas por él mismo.

Con su delirio barroco, el resultado recuerda en cierta forma a Gaudí y por su extravagancia ornamental, también a Dalí. Un palacio que es pura imaginación desatada y una obra arquitectónica inclasificable.

Y todavía una construcción más

Cheval quería ser enterrado en su «Palais Idéal» pero como la legislación francesa lo impedía, a partir de 1914 pasó ocho años más llevando piedras al cementerio de Hauterives y ensamblándolas para también construir su propio mausoleo.

La tumba de Cheval que él mismo construyó

Aunque cuando terminó la gran obra de su vida tenía 77 años, todavía se vio con energía suficiente para levantar su última morada, algo que completó con 86 años de edad. Justo a tiempo, ya que en 1924 falleció a los 88 años.

Su tumba monumental, que bautizó como La tumba del silencio y el descanso sin fin, es de acceso libre y se encuentra cerca de la puerta de entrada del pequeño cementerio de Hauterives, donde hoy es patrimonio municipal.

Reconocimiento

El Palacio Ideal de Cheval es un ejemplo extraordinario de arquitectura naif, propia de un creador poco convencional, y así fue reconocido por artistas de la talla de André Breton, Pablo Picasso y Max Ernst.

Vista general del Palacio de Cheval

Gustos y opiniones aparte, es desde luego algo diferente y no pasa desapercibido, más si tenemos en cuenta que fue concebido y ejecutado por alguien ajeno al mundo arquitectónico o artístico.

La escultora, pintora y cineasta francesa Niki de Saint Phalle, gran admiradora del cartero, dijo:

«Es un ejemplo de la capacidad creativa y la terquedad del hombre, solo en su locura, sin ningún intermediario»

André Malraux, siendo Ministro de Cultura, apoyó el procedimiento para catalogar el palacio como monumento histórico, hecho que se produjo en 1969 en contra de la opinión de su propio ministerio, donde era tildado de «horrible y grosero».

Para Malraux, en cambio, era «una representación única de arquitectura ingenua” y como tal había que preservarlo.

Quizá hagamos bien en considerar que la vida personal de este cartero estuvo marcada por demasiados infortunios: dos veces se casó y las dos enviudó y lo peor es que todos sus hijos murieron antes que él. Tal vez eso explique mejor lo que él juzgó como una misión en la vida.

En 1905 escribió:

«Hijo de un campesino, quise vivir y morir para demostrar que en mi categoría también hay hombres de genio y energía. El trabajo fue mi gloria y el honor mi única felicidad. He aquí mi extraña historia».

El Palais Idéal du Facteur Cheval, ubicado en Hauterives (Drôme, Francia) recibió en 2017 la visita de 175.000 personas procedentes de todo el mundo.

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