GNU/Linux: Un amor platónico, un desengaño de verano y una novia estable

A principios de 1995 yo me encontraba estudiando en el desaparecido Instituto de Formación Profesional Juan de La cierva cursando segundo curso de «Electrónica de equipos informáticos».

Era una especie de batiburrillo en el cual se supone que deberí­amos aprender las bases de los sistemas electrónicos controlados por ordenador y la robótica industrial. A mi siempre me habí­a atraí­do la electrónica y la informática, así­ que pensé ¿qué mejor que estudiar esto?

Aquellos tres años en el instituto fueron bastante curiosos: compartí­amos instalaciones y material con la escuela de Ingenieros Técnicos Industriales, los cuales siempre nos miraban por encima del hombro.

No solo nos veí­an como a simples aspirantes a tecnicuchos que nunca sabrían ni la mitad que ellos, sino que además tení­an acceso a varias aulas con material informático y tecnológico bastante mejor que el nuestro.

En ese ambiente nos tení­amos que desenvolver como podí­amos, supliendo los deficits de material con cierto aporte de nuestros bolsillos, comprando aquellas cosas que los profesores nos demandaban para hacer las prácticas.

Algún tipo de trauma me debió quedar de todo aquello, puesto que no pocas veces he soñado que volví­a a tener 17-18 años y estaba entre esas aulas, en un instituto inmenso caminando por un laberinto de pasillos lúgubres y aulas sombrí­as, hasta encontrarme con fantásticos y maravillosos centros de datos «vintage» con decenas de ordenadores legendarios.

Ordenadores PDPs-11, VAX corriendo VMS y BSDs 4.2, servidores Alpha con DEC OSF-1 y viejos MainFrames de IBM se mezclaban con equipos de sobremesa legendarios:

Máquinas BeBox, estaciones gráficas de Silicon Graphics corriendo IRIX y potentes WorkStations ONIX de Sun Microsistems, mientras sistemas ViZualWorkstation de InterGraph realizaban complejos cálculos sobre vuelos de naves espaciales en tiempo real…

En mis sueños un montón de tí­os con bata blanca y aspecto de cientí­ficos manejaban aquellas computadoras conectándolas con el exterior, con baterí­as de viejos modems de 2400 baudios y cientos de luces parpadeantes en medio de un mobiliario de los años 70.

La moqueta de estos centros de datos era siempre de un color marrón pasado de moda, mullida y con olor a Plexiglass.

Algo así como las fotos típicas oficnas que las revistas de negocios de los años 70 mostraban.

La cuestión es que en aquellos años yo tení­a en mi casa un flamante 386DX con un mega de memoria RAM a 40Mhz. y procesador AMD corriendo Windows 3.11 para trabajo en grupo.

Windows 95 se acababa de lanzar a principios de año mediante una campaña de publicidad impresionante y todos los estudiantes estábamos deseosos de sentarnos a los mandos de un potente 486 o Pentium para ver lo que podí­a dar de si el nuevo sistema de Microsoft.

Yo, por mi experiencia con Windows 3.0/3.1 y 3.11, sabí­a que no tení­amos que echar las campanas al vuelo, ya que por aquel entonces Microsoft ya se estaba ganando a pulso el hecho de que sus sistemas domésticos no eran todo lo buenas que deberí­an ser (por decirlo educadamente). Solo la honrosa excepción del Windows Server 3.5 (basado en el sistema operativo VMS de Digital Corporation) nos hací­a ver a Microsoft con distintos ojos.

Con la ansiedad de ver el nuevo sistema de sobremesa en funcionamiento, organizábamos una especie de «batidas» por las aulas de los ingenieros para ver si de refilón conseguí­amos vislumbrar algún ordenador con Windows 95 instalado y conseguí­amos convencer a alguno de esos prepotentes individuos para que nos dejaran usarlo.

El huevo del Cuco. Clifford Stoll

Con la curiosidad que da la juventud yo habí­a oí­do hablar del sistema operativo UNIX en el genial libro de Clifford Stoil de 1989: El huevo del cuco, uno de los libros de «hacking» que marcó mi juventud.

Por lo visto UNIX (con el permiso de VMS) era lo que marcaba la diferencia entre los simples usuarios y los auténticos hackers de la informática. UNIX era lo que nosotros necesitábamos para poder mirar por encima del hombro a nuestros acerrí­mos enemigos, los ingenieros industriales con los que compartí­amos edificio.

Por lo tanto, un buen dí­a, en medio de una charla de nuestro profesor de sistemas operativos (un obeso, risueño, despistado y simpático señor de mediana edad con los mofletes siempre rojizos) me levanté y dije en voz alta y clara: «Profesor, ¿por qué no nos enseña usted UNIX?»

La cara del profesor fue todo un poema. Se puso rígido, tragó salida y dijo con voz muy solemne:» Eso no lo usa nadie. Además, si queréis aprender UNIX yo me lo tendrí­a que estudiar, ya que nunca lo he usado.

Al menos me gustó su sinceridad y al final de la frase del profesor se levantó uno de los alumnos que peor me caí­a de la clase (una especie de aprendiz de Nerd y en el fondo un macarra), me miró fijamente a los ojos y me dijo: ¡Eso de UNIX es una gilipollez reciente y nadie va a usarlo!

Entonces entorné los ojos y muy despacio le dije: «UNIX nació en el año 1969 y estamos en 1995».

Lentamente saboreé la victoria frente a aquel capullo que siempre creí­a saberlo todo y que no tení­a idea de nada. Contemplé victorioso como bajaba la vista, se sentaba y la clase quedaba en silencio. ¡Uno a cero!, pensé para mis adentros mientras esbozaba una sonrisa en la comisura de mis labios.

Aquel incidente se saldó de la manera previsible: el asunto quedó cerrado y el profesor dijo que lo que necesitábamos era seguir profundizando MS-DOS.

¿MS-DOS? ¡Maldito MS-DOS! Me lo sabí­a a la perfección desde los 17 años, podí­a escribir los comandos con los ojos cerrados. Necesitábamos aprender algo más serio, algo que tuviera multitarea, algo con el que se pudiera montar un servidor de verdad, algo con lo que aprendiéramos los protocolos de Internet y nos permitiera sentiros auténticos hackers, algo con lo que pudiéramos asomarnos a eso llamado «Internet» que tí­midamente estaba llegando a España a precios de caviar Beluga

¡Yo querí­a ser el cazador de crackers del del huevo del cuco!

Pasaron un par de meses y comenté a un buen amigo que estaba estudiando la carrera de fí­sica y habí­a vivido en Estados Unidos que donde y como podí­a instalar UNIX en mi pequeño 386. Mi amigo frunció el ceño y me dijo: instálate Linux, el «UNIX para PC».

XENIX, el UNIX para PC

¿Linux? ¿Que coño era eso de un UNIX para PC? ¡Pero si ya existí­a XENIX de Microsoft y se podí­a instalar en cualquier PC! Yo lo que necesitaba era una copia de XENIX, pensé.

Pasaron otros dos meses y mi búsqueda de una copia de XENIX para instalar en mi PC fue por completo infructuosa. Entonces decidí­ volver a hablar con mi amigo el fí­sico y preguntarle donde podrí­a encontrar una copia del tal Linux. Para mi desesperación me dijo que no tení­a ni idea.

No me di por vencido, estaba decidido a instalar Linux en mi PC (luego descubrí­ que en el fondo se llamaba GNU/Linux).

Ideé un plan: al dí­a siguiente me tragarí­a mi orgullo y pasarí­a por todas las aulas de la escuela de ingenierí­a industrial a preguntar cómo comprar una copia del mismo.

Obviamente (pensé) los ingenieros industriales tenían que tener una copia de GNU/Linux, ya que según me dijeron, era muy utilizado en el ámbito cientí­fico e industrial.

Mi desesperación llegó a cotas máximas cuando todos y cada uno de los ingenieros me dijeron que no tení­an ni idea de que era aquello…

La verdad es que mis sentimientos eran encontrados. Por un lado estaba frustrado por no conseguir una copia de GNU/Linux, sin embargo por otro lado ahora era yo quien miraba por encima del hombro a nuestros eternos enemigos:

¿No sabéis qué es GNU/Linux? ¡Vaya mierda de ingenieros! (pensé yo).

Varios meses más tarde vi al fin una luz. Una de las revistas de informática que habitualmente compraba en los kioskos (PC-Actual) incluía un flamante CD-ROM en el que estaba serigrafiado en letras bien grandes lo siguiente: Linux Slackware Versión 3.0.

¡Por fin! No solo tení­a mi propio Linux, además de la mano de mi querido PC-Actual y gratis en casa (todaví­a no sabí­a que Linux se distribuí­a gratuitamente).

AMD 386DX-40Mhz

Saqué de forma ceremoniosa el CD-ROM de su funda de plástico, lo introduje en mi viejo 386 y arranqué el PC desde la unidad de CD-ROM…

De pronto mi viejo ordenador (al que llamaba «Tritón») empezó a escupir miles de arcanas líneas en inglés por la pantalla y frente a mi apareció un burdo menú de instalación más propio de la época de los teletipos que de los ordenadores industriales. El menú me invitaba a realizar un particionado del disco duro mediante una herramienta llamada fdisk parecida a la del MS-DOS.

¡Aquello era un desastre! No sabí­a ni por donde empezar.

Después de semanas buscando información en revistas y libros especializados, conseguí­ instalar el GNU/Linux en mi ordenador.

La verdad es que aquello me pareció una autentica basura. No solo me recordaba sospechosamente a MS-DOS, además, no veí­a la forma de poder tener algo parecido a Windows 95: una interface gráfica de usuario bonita y llena de iconos.

Más tarde y después de mucho investigar, conseguí­ ver una pantalla blanca con miles de puntos grises y con una «X» en medio, el puntero del ratón.

¿Y los iconos? ¿Y el procesador de texto? ¿Y el Paint?

¿Esa porquerí­a era el famoso UNIX para PC? ¿Cómo iba a ver el alucinante software que decí­an se podí­a ejecutar en Linux?

Completamente descorazonado y pensando que ya habí­a perdido meses con mi aventura de Linux sin conseguir nada, borré el disco duro e instalé la vieja copia de Windows 3.11 que tení­a y el procesador de texto Word 3.0

Mi próximo contacto con Linux se producirí­a tres años más tarde (con Linux RedHat 5.1) y fue una larga historia de encuentros y desencuentros.

Para no aburriros queridos lectores, os diré que mi relación con Linux los siguientes años fue de amor y odio: lo instalaba, lo probaba, trasteaba con el mismo y lo terminaba borrando.

Una veces por la dificultad que entrañaba aprender todos los comandos, otras por la inestabilidad de las primeras versiones de los entornos gráficos (KDE y Gnome), el caso es que nunca di a Linux la oportunidad que se merecí­a.

Pasaron los años y me fui convirtiendo en administrador de sistemas Windows y fundé mi pequeña empresa de informática junto a un buen amigo.

Cuando te metes en el mundo de los negocios empiezas a descubrir muchas cosas que antes no veí­as, tres de las cuales son: costes, fiabilidad y que a tus clientes les da igual que el servidor sea Windows, Linux, OS2 o lo que te de la gana. Ellos solo ven una caja de metal y quieren que cumpla la función que necesitan.

Los costes te impiden vender software empresarial comercial (a no ser que tu cliente tenga mucho dinero) y la fiabilidad implica que a tus clientes no les hace gracia quedarse sin servidor de ficheros, página web o correo electrónico cada vez que al servidor le apetece escupir una ventana azul.

Así­ que sobre el año 2002 y con el recién salido Windows 2000 Server en la calle, decidí­ tomarme a Linux en serio.

Mucha gente me dirá que los sistemas operativos de Microsoft ya no son tan poco fiables como antes, y que los mismos son fáciles de administrar, y además son los más extendidos, etc.

Querido lector, no quiero confundirte: Sigo trabajando con servidores Windows todos los dí­as de mi vida. Y GNU/Linux también.

Microsoft ha mejorado la fiabilidad de sus servidores y estaciones de trabajo de manera asombrosa y ademas sus sistemas operativos de servidor tampoco son terriblemente tan caros como los Unices comerciales de los años 90 (siempre he pensado que GNU/Linux mató a los UNIX comerciales haciéndole un gran favor a Microsoft).

Esto no es un «flame» Microsoft vs GNU/Linux vs Apple. Quiero decir que tanto Microsoft como Apple han contribuido enormemente a la difusión de la informática tal y como la conocemos y se merecen todo mi respeto y admiración.

Mas adelante comentaré por qué prefiero GNU/Linux a Windows.

Siguiendo el hilo de mi historia, os diré que en el año 2002 me puse a aprender Linux como un loco hasta tener mi primer servidor Linux completamente operativo en un cliente (que me dio su permiso para utilizarle de conejillos de indias) en ese mismo año.

Mandriva-Linux

Este servidor, un servidor de ficheros departamental con Linux Mandrake, se mantuvo una vez encendido durante 143 dí­as de forma ininterrumpida con veinte usuarios accediendo continuamente al mismo. Tuve que reiniciarlo en el dí­a 144 porque el sistema de comparación de ficheros SAMBA empezó a hacer cosas raras. Una vez reiniciado el servidor, los problemas desaparecieron.

Así­ es como los servidores Linux se reprodujeron en las empresas de mis clientes como conejos en prado verde.

Entonces di un paso más hacia adelante y en el año 2010 comencé a alquilar servidores en Internet, instalarles Linux y alojar en los mismos el correo electrónico y las webs de mis clientes. Me convertí en una pequeña empresa de hosting.

Nuestros servidores Linux se han portado estos años de maravilla: son fiables, rápidos, baratos, casi inmunes… Pero todaví­a tení­a una deuda pendiente con Linux: utilizarlo como ordenador personal.

Mientras que mis servidores llevaban todos Linux instalado, mis ordenadores de sobremesa seguí­an siendo Windows y no veí­a como podí­a deshacerme de ellos: instalaba en ellos Linux y al poco lo eliminaba y volví­a a Windows.

Odiaba el escritorio de GNU/Linux, me parecí­a inestable ineficiente y confuso.

Incluso mandé un correo a varios de mis amigos (uno de ellos trabaja en Microsoft) quejándome de la basura que me parecí­a el escritorio de GNU/Linux.

No obstante, hace unos años, coincidiendo con la enorme mejora del los escritorio de GNU/Linux, llegué a una conclusión:

El escritorio de GNU/Linux no tenia nada que ver con GNU/Linux (me refiero al Kernel o núcleo del mismo), por lo tanto, habí­a que «ponerse las pilas»y estudiar con detenimiento el funcionamiento interno de los diferentes escritorios que habí­a en el mercado de Linux.

El lector podrá pensar que esto que he dicho es algo raro, pero le aclararé que mientras que GNU/Linux es un núcleo de sistema operativo y una serie de herramientas (casi todas en modo texto) que nos hacen más cómodo su uso, los diversos escritorios de GNU/Linux los fabrican y mantienen empresas y personas que no tienen nada que ver con este «núcleo».

Por lo tanto, el núcleo (llamado Kernel) del sistema puede ser inmejorable, pero si el escritorio es una basura, el sistema se vendrá abajo cada vez que el mismo falle.

Y este es uno de los problema de GNU/Linux: los escritorios de Linux no son ni la décima parte de robustos que el Kernel (o eso pensaba yo hasta hace tres años).

Ubuntu

Así­ que decidí­ dar una nueva oportunidad al escritorio de Linux: formateé mi equipo de sobremesa y mi portátil e instalé un flamante Ubuntu 14.04 que tenía fama de ser muy sencillo.

Hubo dí­as muy duros en los que no sabí­a manejarme con los equivalentes GNU/Linux a los programas para Windows (Office, Photoshop, Dreamweaver, Autocad, etc. y por supuesto los juegos).

La mitad de las veces arrancaba una máquina virtual para usar los programas que conocí­a y necesitaba desde Windows. No obstante, me di cuenta que la clave de la cuestión siempre es la misma: dedicar tiempo y aprender.

Ahora que han pasado esos tres años es raro que necesite arrancar mi máquina virtual con Windows.

He visto que todo lo que hací­a con Office lo puedo hacer con LibreOffice, que todo lo que hací­a con Outlook lo puedo hacer con ThunderBird, que todo lo que hací­a con Photoshop y Dreamweaver lo hago con Gimp y NetBeans, etc.

Ahora hay juegos de calidad para Linux (Steam), soluciones comerciales equivalentes para muchos programas como Autocad o Multisim: Draftsight, Briscad, Proteus, etc. y además, es difí­cil que fabricantes de software industrial y cientí­fico (como MatLab) no tengan su versión para Linux.

Tienes que ser muy «hard-user» de un programa comercial para que su contrapartida en Linux no te valga. En serio, ¿quién utiliza todas las opciones de Office o de Photoshop?

¿Por qué uso Linux?

Todo este tocho escrito se puede resumir en los siguientes puntos:

No tengo que plegarme a los intereses comerciales de ninguna empresa:

¿Y si mañana dejan de hacer Illustrator (como ya pasó con FreeHand) o la nueva versión de Office es absolutamente inusable para mi? (como me pasó con la interface Ribbon)?

¿Y si mañana me obligan a alquilar anualmente el software que necesito? (como ha hecho Adobe).

¿Y si deciden que hay que cambiar el lenguaje de programación con el que yo me sentí­a a gusto desarrollando aplicaciones? (como pasó con Visual Basic).

¿Y si mañana, el nuevo Office pesa tanto que tengo que comprarme un nuevo ordenador?

Lo que aprendo no cae en un saco roto

Unix casi no ha cambiado en esencia en cuarenta y siete años. Mientras que sistemas como Mac OS, Windows cambian sus «APIS» y herramientas de desarrollo cada vez que les apetece.

Un ejemplo de esto fue cuando Apple decidió unilateralmente acabar con el lenguaje de programación HyperTalk obligando a muchas empresas que hací­an aplicaciones bajo este lenguaje a cerrar sus puertas, o cuando decidió cambiar su plataforma de Motorola a PowerPC y luego a Intel.

El 99% de las aplicaciones antiguas funcionan con las modernas versiones de Linux

Tengo un cliente que tiene una máquina muy curiosa que hace sellos de caucho para empresas mediante un rayo láser.

Estos sellos de caucho son los tí­picos sellos que se estampan en los documentos de las empresas con su logotipo, dirección, datos fiscales, etc.

A mi cliente está máquina le costó hace quince años casi 40.000€ y a día de hoy sigue funcionando pero resulta que solo a través del puerto serie y con Windows XP. Con lo cual tiene dos opciones:

a) Seguir con Windows XP el resto de la vida (hasta que no se deje instalar en algún moderno ordenador).

b) Complicar la vida a sus trabajadores enseñándole a trabajar bajo virtualización.

Por cierto, esta última opción no funciona con esta máquina debido a ciertas incompatibilidades entre la máquina virtual, el puerto serie y el software de los sellos de caucho.

El 99% del hardware viejo funciona con Linux

Efectivamente, tengo un escáner HP G2410 que funciona con Linux perfectamente aunque ya no existe soporte para Windows 8 o Windows 10. Lo mismo pasa con un plóter industrial de otro cliente o con un montón de hardware antiguo.

Seguridad

Todaví­a no he conseguido que un virus infecte una de mis máquinas con Linux. Mientras que con Windows…

Hace seis meses nos llamó un cliente y nos contó que todos los documentos de su empresa se habían cifrado. Por lo visto una empleada con acceso al repositorio principal de documentos de su empresa mediante una carpeta mapeada, abrió un correo, hizo clic en un enlace y acto seguido 300 GB de documentos Word, Excel y PowerPoint de los últimos diez años desaparecieron bajo una capa de encriptación.

Todos los dí­as se hací­an copias de seguridad, pero el susto, las molestias y la pérdida de tiempo y dinero fueron considerables.

No quiero que nadie me malinterprete, no acuso a Microsoft de hacer sistemas operativos inseguros, simplemente es cuestión de que Windows es la plataforma mas usada en PCs y por lo tanto la que más virus tiene.

Hay un montón de software muy bueno ahí­ fuera

En serio, hay un montón de programas desconocidos que te dejarán con la boca abierta y te harán olvidar sus contrapartida de Windows o Mac.

Un ejemplo es MasterPDF Editor, que me permitió dejar el monopolístico Adobe Acrobat y poder editar PDFs sin problema.

Otro ejemplo es Shutter, el mejor «capturador de pantallas» que he utilizado o Kicad, con el que puedo crear circuitos impresos de hasta doce capas y «rutearlos» (ya no necesito Orcad o Mulstisim para hacer esto).

De verdad, buscad por ahí­ fuera, hay un montón de software muy bueno.

Precios

Ya no tengo que gastarme dinero (o piratear) software. Lo tengo casi todo gratis y de forma legal.

Mis clientes tampoco han de gastarse un montón de pasta en una maquina Windows Server, por lo tanto, son menos reticentes a abordar proyectos que impliquen más gasto en mano de obra.

Libertad

Puedo modificar un programa y adaptarlo a mis necesidades, venderlo, regalarlo, instalarlo a mis clientes y familiares, etc.

Aprendizaje

Linux está mucho más cerca del «hardware» que Windows, por lo tanto. aprendes como funciona un ordenador mucho mejor.

GNU/Linux, al no tener costes te permite, por ejemplo, enseñar a las personas mayores o a los niños su funcionamiento. Todo el mundo puede tener GNU/Linux en su casa

Economí­a local

Cuando instalas Windows o MacOS a un cliente, una enorme parte de los que cuesta va a parar a manos de una empresa extranjera que además suele tributar en paraí­sos fiscales.

Cuando instalas GNU/Linux a un cliente solo le cobras la mano de obra. Además, puedes cobrarle un poco más, ya que le estás ahorrando cientos de dólares en software.

Ese dinero va a tus bolsillos y no a una multinacional.

No menos importante: es divertido

Linux es más divertido que Windows, te presenta retos más difí­ciles y convierte a una persona normal en un «hacker» tecnológico.

La informática es el presente y el futuro, hay que aprender sobre la misma.

Conclusiones finales

Querido lector, si has llegado hasta aquí­ y has sido capaz de leerte todo el «ladrillo», te felicito y voy a darte un obsequio en forma de consejo:

Para usar Linux tienes que dedicarle tiempo. Pero es un tiempo que luego te será devuelto con creces.

Recuerda: para dominar algo en esta vida tienes que dedicarle tiempo y esfuerzo.

Yo estuve años «tonteando con Linux y solo empezó a serme verdaderamente útil cuando tuve la fuerza de voluntad para dedicarle tiempo y esfuerzo.

El ser humano es un animal de costumbres: si llevas toda la vida usando una herramienta, te va a molestar tener que cambiar la misma (aunque sea mejor).

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