Google nunca habrí­a nacido en España

O de por qué no se emprende aquí­

España: paí­s donde gran parte de las cosas funcionan a base de trucos. No es una problemática nueva, tenemos ese lastre desde tiempos inmemoriales. Pero el tiempo pasa, el mundo avanza y aquí­ las cosas cambian muy poco.

La inmensa mayorí­a de las ayudas que reparte el erario público no fomentan las iniciativas, al contrario, propician un modo de vida de baja productividad y dependencia crónica. Entretanto, millones de personas dirigen sus ojos a la Administración Pública en busca de la tabla de salvación para su futuro profesional. Pero si todos nos hacemos funcionarios, el sistema no puede sino ir anquilosándose paulatinamente. Y además, ¿quién producirí­a entonces?

El emprendedor se caracteriza precisamente porque puede subvertir esta situación, porque asume riesgos, salva obstáculos y busca financiación hasta debajo de las piedras y si triunfa, tendrá en sus manos la magia de ofrecer puestos de trabajo a sus semejantes. Sin embargo en este paí­s es patético lo que tiene que soportar para sacar su proyecto adelante. Incluso con una buena base de apoyo financiero la cosa resulta complicada, ni que decir tiene lo jodido que puede ser empezar desde cero.

Y si ya tienes constituida una empresa, por pequeña que sea, prácticamente un sueldo se va en una persona para que se haga cargo de las relaciones con las diferentes administraciones (llenas de vericuetos y trampas burocráticas), los bancos (para evitar que te expriman hasta la última gota de sangre) y la gestión de cobros (siempre persiguiendo a una legión de morosos). Eso, permitidme que lo diga a voces, es absurdo. No tiene ninguna lógica tal pérdida de tiempo y de dinero llevar a cabo un conjunto de operaciones que deberí­an de ser rápidas, casi automáticas (repito, al menos en una empresa pequeña, que es la única que abunda por estos lares).

En la moderna sociedad de la información, las personas que poseen el conocimiento no suelen casi nunca ser buenos vendedores, lo que viene a significar que una buena idea puede morir sin llegar a ver la luz. En cambio hay un ruido incesante a través del aparato propagandí­stico del gobierno de turno, incluidos medios de comunicación, que todos los dí­as nos venden falsos avances en la innovación. ¿Qué innovación, por el amor de dios?.

En boriel.com hay un muy recomendable artí­culo donde se exponen algunas de las claves sobre las dificultades que representa emprender en España.

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