El galgo, triste orgullo español

Vení­amos de visitar unos amigos en Ostersund. Tras tanto aeropuerto, retrasos y aviones viajábamos ya por fin en autobús de Madrid a Málaga. A eso de la 1 de la mañana el autobús hizo una parada en una venta en medio de la nada en algún lugar de Ciudad Real o quizá era ya Jaén,

El Peak Oil y fin del sistema

En 1956 un geofí­sico norteamericano, Marion Hubbert, enunció una curiosa teorí­a a la que generalmente se le ha negado la credibilidad pero siempre se ha mirado de reojo: la teorí­a del cenit del petróleo, más conocida por Peak Oil (pico petrolero o cénit petrolero). Hubbert, que trabajaba para la petrolera Shell en Texas, se dio

Una inedia de tres pares de cojones

Se denomina inedia sencillamente a no comer, concepto ligado a la mística propia de distintas religiones que va más allá del simple ayuno. Y aquí­ tocarí­a hablar de santos, santones e iluminados, principales protagonistas de tan duro sacrificio autoimpuesto).

Surfing the city

Excelente paseo por la ciudad a lomos de monopatí­n. Unos chicos quedan antes de las 7 de la mañana en el metro de Gran Ví­a para aprovechar la hora mágica de luz que nos regala el cielo (sí­, incluso en una ciudad grande como Madrid se producen estas cosas). Propósito: grabar un video a ras

Rosalia de Castro: Yo no sé

Yo no sé lo que busco eternamente en la tierra, en el aire y en el cielo; yo no sé lo que busco; pero es algo que perdí no sé cuándo y que no encuentro, aun cuando sueñe que invisible habita en todo cuanto toco y cuanto veo, Felicidad, no he de volver a hallarte

Gabriel Celaya: «Momentos felices»

Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo tirando todo al fuego: poemas incompletos, pagarés no pagados, cartas de amigos muertos, fotografí­as, besos guardados en un libro, renuncio al peso muerto de mi terco pasado, soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego, y así­ atizo las llamas, y salto la fogata, y apenas si

Gabriel Celaya: «Se trata de algo positivo»

Hoy, por ejemplo, estoy más bien contento. No sé bien las razones, pero por si acaso anoto: Mi estómago funciona, mis pulmones respiran, mi sangre apresurada me empuja a crear poemas. (Solamente -¡qué pena! no sé medir mis versos).

Gabriel Celaya: «Tranquilamente hablando»

Puede reírse el mundo con sus mandíbulas, con sus huesos, su esqueleto batiente de rabia seca y dura, con sarcasmo y aristas, puede reírse, enorme, sin verme tan siquiera. Porque estoy solo, y, solo, yo lloro, no lo entiendo.