Por favor, mátame

Richard Hell (The Voidoids, Television, Heartbreakers) había diseñado una camiseta con el lema «Por favor, mátame» pero no se la ponía nunca. Le dije que ya me la pondría yo. La llevé cuando tocamos en la planta superior del Max´s Kansas City y al acabar se me acercaron unos chicos. Aquellos fans me dirigieron una mirada psicótica y me preguntaron: «¿Hablas en serio?». Entonces me dijeron: «Si eso es lo que quieres lo haremos con mucho gusto, porque somos unos fans totales». Me miraban con ojos de loco, y yo pensé: «Nunca más me vuelvo a poner esta camiseta».

Richard Lloyd, antiguo guitarrista de Television

A estas alturas ya deberíamos saber que el Punk no se originó en Inglaterra, sino en USA.

Nico, la musa de Warhol y el Underground neoyorkino. La mujer que sedujo a Bob Dylan, Jimmi Hendrix, Lou Reed, Brian Jones, Jim Morrison…

En Nueva York germinaba desde mediados de los años 60 una escena musical propia que apostando por el rock crudo y visceral anticipó el Punk.

La cultura underground de entonces tomó esa inmediatez para expresar música rabiosa con todo tipo de mensajes nihilistas. A la inspiración primaria de Velvet Underground, Patti Smith, MC5 y los Stooges (estos dos últimos de Detroit) sucedieron Dead Boys, Blondie, Television, New York Dolls, Johny Thunders y Heartbreakers, Dictators y por supuesto los Ramones.

Dick Manitoba (Dictators) con su chica en la puerta del mítico CBGB

Los nuevos sonidos con sus letras deliberadamente oscuras nutrieron a los músicos irreverentes que llegaban en tropel a partir de 1977, ahora sí, desde Gran Bretaña: The Damned, The Clash y Sex Pistols.

Ramones en plena actuación en el CBCG (1974)

La historia del Punk y sus antecedentes fue recopilada por el escritor estadounidense Legs McNeil con la ayuda del canadiense Gillian McCain y publicada en 1996 bajo el tí­tulo de «Por favor, mátame: la historia oral del Punk» (Please Kill Me: The Uncensored Oral History of Punk), completa retrospectiva sobre la gestación del punk y su posterior impacto internacional.

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El propio autor, Legs McNeil, andaba por Nueva York en 1975 y junto con el dibujante John Holmstrom fundaron Punk Magazine con la idea de tratar los temas que más les gustaban, literalmente:

«Las reposiciones por televisión, beber cerveza, el sexo, las hamburguesas con queso, los cómics, las pelí­culas serie B y aquel extraño y nuevo estilo de rock and roll que a nadie parecía gustarle».

Así­ que fue testigo directo y partícipe de unas de las grandes revoluciones del Rock y la cultura popular del Siglo XX.

El libro contiene un montón de horas de entrevistas a los protagonistas de aquello, no solo músicos, también amigos, novias, managers y otros personajes de la fauna que siempre rodea esto y que ponen al descubierto un conjunto de anécdotas sabrosas rememoradas sin censura.

«La primera vez que vi a Iggy fue en el concierto de los Stooges en el Electric Circus de St. Marks Place, en junio de 1971. Salieron muy tarde porque Iggy no encontraba venas donde inyectarse, tenía los brazos hechos polvo. El tío no salía del cuarto de baño, así que tuvimos que esperar. Al final el grupo salió e Iggy no parecía encontrarse muy bien. Llevaba el cuerpo pintado de color plata y, como única prenda, unos calzoncillos, el pelo y las uñas dorados y alguien le había echado purpurina encima. Salieron y tocaron la misma canción bastante rato, solo tenia tres acordes. La letra se limitaba a «quiero saber tu nombre, quiero saber tu número». Entonces Iggy miró a todo el mundo y dijo: «¡Me ponéis enfermo!» y vomitó».

Dee Dee Ramone

Por las páginas desfilan groupies, yonkis, camellos, chaperos, prostitutas… Parece por momentos una crónica de sucesos con bastante depravación, diría yo.

Douglas Glenn Colvin, más conocido como Dee Dee Ramone. Cofundador y bajista de los Ramones.

Es chocante constatar que buenas creaciones musicales hayan sido obra de tipos así, pero cabe también recordar que en el día a día nadie es tan ingenioso y brillante como pueda o no serlo su obra, y que tampoco hay gloria sin las necesarias dosis de miseria y realismo sucio.

Debbie Harry, Blondie, durante una actuación también en el CBGB

La estructura oral del libro hace su lectura rápida y adictiva, las anécdotas sobre drogas, sexo y amoríos atrapan sin piedad. Aunque la carga de dureza en «Por favor, mátame» es grande y lacerante, queda espacio también para el hedonismo, la poesía perdida y la redención.

Es un relato que consigue capturar el brillo y las miserias de una generación.

New York Dolls. Provocadores, fugaces e influyentes

Esta pareció ser la revolución de los bichos raros, los que no encajaban. El Punk se gestó desde los barrios urbanos donde las drogas, la violencia y la exclusión social eran con lo que tenían que convivir muchos jóvenes.

Formar un grupo musical ruidoso y descarado, hacerse oír en un garito y ponerlo todo patas arriba, fue la salida para muchos, la única.

El tiempo demostrarí­a si eran de verdad artistas o genios circunstanciales. Compartieron en cualquier caso una juventud marginal rebosante de adrenalina y desparpajo que buscaba siempre incomodar.

«I’m a mess» (soy un desastre). Así­ era Sid Vicious (Sex Pistols), aquí­ en un foto tomada en San Antonio, Tejas (1978)

Como es natural hubo de todo: viciosos, desorientados, listillos, exhibicionistas y gente también muy desaprovechada. Muchos se quedaron en el camino, algunos siguen todavía en la senda.

Gran número de los protagonistas de este libro ya no están. La vida en el rock siempre fue, además de excitante, muy agitada. Y después vas y te mueres (posiblemente de sobredosis o efectos derivados).

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