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22/11/2017

Dormir o no dormir

¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!. ¡He aquí un término devotamente apetecible!.

Hamlet, William Shakesperare

¿Dormir cuanto más mejor, o dormir lo justo? Para algunos dormir es sólo un hábito retorcido, un trámite animal ineludible.

No hay todavía un verdadero consenso sobre por qué necesitamos dormir exactamente; existen un montón de ensayos y teorías con bastante sentido: descansar, regenerarse, procesar la memoria… hasta protección molecular si nos ponemos. Pero no está clara la razón última, si es que acaso la hay, ni si es sólo una.

Que te retires a la penumbra para caer en un desmayo de varias horas cada vez, mientras tu mente ansía “muera la luz”, así siempre, durante toda la vida… ¿no es extrañísimo además de sobrecogedor? Tanto que hacer y estar apremiados por una cita nocturna en que lo abandonas todo, da que pensar. Por el contrario para los más felices dormir es una liturgia y todo un placer.

Y es que la privación de ese episodio cotidiano no hace sino empeorarlo todo. En ese sentido la palabra maldita es “insomnio”, un molesto acompañante que puede sobrevenir a causa del estrés y las preocupaciones, por acumulación de situaciones angustiosas, exceso de estimulantes o desórdenes diversos en los hábitos.

Maneras de dormir

El período de sueño se divide en ciclos; parece claro pensar que si interrumpimos un ciclo estamos rompiendo algún esquema predefinido con respecto al descanso.

Las funciones del sueño deben de ser importantísimas para nuestro organismo. En caso contrario no pasaríamos un tercio de nuestra vida durmiendo. Es decir, que una persona que viva 90 años pasará 30 durmiendo. Sin duda una barbaridad, pero lo cierto es que tendrá que pasarlos si quiere estar los otros 60 activo. Dormimos para poder estar en marcha al día siguiente.

Richard Fuller, quien se empeñó en lograr la máxima efectividad en todos los aspectos de la vida, logró desarrollar un sistema que le permitía dormir poco. Dedujo que cada 6 horas se producía un momento de fatiga y que con sólo 30 minutos de sueño cada esas 6 horas era suficiente para sentirse descansado. Nuestro amigo estuvo 2 años viviendo y trabajando con este sistema que al final abandonó por una evidente falta de compatibilidad con el resto del mundo.

Interesante de todas formas, porque según Fuller fue la condición más vigorosa y alerta que sintió en toda su vida.

Y esto no era nuevo. Leonardo Da Vinci, uno de los cráneos más privilegiados que ha parido madre, supuestamente siguió un método parecido: se echaba una cabezada de 15 minutos cada cuatro horas, es decir, dormía como hora y media al día. Cuentan que Napoleón dormía entre dos y cuatro horas y Winston Churchill unas tres horas al día.

También se ha sugerido, aunque me parece que sin mucho fundamento, que los bebés tienen ese tipo de patrón-horario al nacer y que la convención social les va cambiando el ciclo hasta que se acostumbran a dormir toda la noche.

Randy Gardner, que se pasó 264 horas despierto para batir un récord Guiness bajo control científico, se considera el caso mejor documentado. A los pocos días mostraba pérdida de concentración y memoria; al cuarto día empezaron las alucinaciones, a los 11 días no podía completar algunas tareas mentales básicas. A pesar de todo ello, a ratos parecía estar perfectamente normal.

Hay más noticias sobre gente pasando sin dormir cientos de horas para batir la marca, pero en 1989 el Libro Guiness de los Récords retiró la categoría por ser peligrosa para la salud (se lo quedó en 276 horas Toimi Soini, de Finlandia).

El sueño reparador

El descanso es esencial, y punto. La fatiga acumulada por la falta o interrupción del mismo baja los niveles de energía vital y en ocasiones conduce a una depresión en cualquiera de sus facetas. Pero la cantidad de tiempo que cada persona necesita para dormir es un poco diferente y depende de diversos factores. Aquí el desacuerdo puede ser eterno. Tampoco vale demasiado lo que te cuenten los demás acerca de su experiencia propia.

Experimentos o rarezas aparte, en general el sueño óptimo oscila entre 5 y 7 horas y según investigaciones lo que es en verdad beneficioso es más la calidad de las fases profundas del sueño que el tiempo que se duerme en sí. Una calidad de sueño menor tiene consecuencias negativas en todos los procesos regenerativos que tienen lugar en nuestro organismo. Si esta regeneración no discurre adecuadamente se debilita al sistema inmunológico, se acelera el envejecimiento y se ocasionan trastornos en el funcionamiento del efecto antitumoral. Con un sueño efectivo se puede minimizar todo eso.

O sea, que lo de las 8 horas de sueño como índice óptimo es bastante relativo, ya que no es el cuerpo el que necesita dormir sino el cerebro. Una vez que el cerebro ha descansado lo suficiente, dormir más no implica ningún beneficio adicional, salvo el vicio de algunos por estar pegados a las sábanas hasta las tantas. Con tiempo aprendes a ganar un poquitín de tiempo si duermes el número de horas que tú necesitas y que no tienen por qué ser muchas, pero sí bien empleadas.

Factores a tener en cuenta para un sueño reparador:

– Mantener un horario de sueño y una rutina relajante antes de dormir.
– Una cama que permita que el cuerpo se relaje bien (incluyendo una almohada decente)
– Un microclima ideal en la habitación: ni exceso de calor ni exceso de frío. Y si esa habitación es sólo para dormir, mejor que mejor.
– Tranquilidad de ánimo. Lo intentaremos.

Y factores que haríamos bien en evitar:

– Ruidos, olores intensos, estrés
– Digestiones pesadas, bebidas de alto contenido calórico y excitantes antes de acostarse.
– Campos de interferencia eléctrica, radiaciones. Si alguien sabe qué es realmente eso…

El descanso que hace bien es el profundo y rico en sueños, no el necesariamente largo. Por el contrario dormir mucho termina por causar un entorpecimiento que luego es difícil combatir. Dormir del tirón no está de más, siempre será un buen consejo.

Sin sueño no hay memoria

Sin que el ser humano lo note, el cerebro durmiente pasa revista a lo sucedido durante el día, reforzando las asociaciones existentes y dejando huellas en la compleja red neuronal. La memoria guarda datos de su actividad reciente en el archivo de recuerdos y teje redes de nuevas informaciones preparando de este modo el terreno para lo que vendrá en el futuro. También ayuda a regular el metabolismo.

Y ahora la realidad: gran parte de las buenas costumbres que se recomiendan para descansar son sistemáticamente pisoteadas por nuestra “peculiaridad” cultural latina de la que tanto presumimos y que nos lleva a alterar alegremente el descanso para despúes lamentarnos de ello. Pues entonces no os quejéis. Y luego están también muchas personas que padecen diversos trastornos del sueño (y desde luego hay un gran número de nombres casi impronunciables para hablar de eso).

The spanish siesta

Ahora bien, ¿y si existiera un procedimiento alternativo de efectos casi mágicos, que pudiese compensar los problemas de conciliación nocturna y encima resultara gratis?. Tal maravilla existe y se llama siesta (y ahora habría que añadir subrayándolo con trazo gordo, siesta sí, pero siesta ligera).

Esa costumbre que miran mal las sociedades contemporáneas, sobre todo si son de más allá de nuestras fronteras, vamos a decirlo bien alto: es una práctica sana que debería ser recomendada para todos.

Las siestas pueden convertirse en una espada de doble filo, ya que veces te dejan peor que al principio. No es fácil dominarlas (a mi me cuesta cuando lo intento) y de hecho constituyen un arte y un tremendo gustazo. La siesta ideal tendría una duración no superior a 30-40 minutos para resultar efectivamente beneficiosa y tras ella nos despertaremos frescos y dispuestos a emprender las actividades físicas, afectivas o psicológicas del resto del día con renovados bríos. Alargar la siesta más de lo necesario alterará el sueño largo de la noche y entonces andaremos a contrapié. ¡Qué sueño!

Algunas referencias:
Genciencia.
Saludterapia.

3 thoughts on “Dormir o no dormir

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