Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

20/09/2017

Predicar en el desierto

Ingenuos, sí, pero con el carácter despierto hacia un mundo donde las ineptitudes se evalúan más que al tipo silencioso que contempla la vida con la sospecha de que algo no va bien y de que alguien le está sacando la sangre por debajo de la puerta.

José Antonio Labordeta (1935-2010), cantautor, profesor, escritor, presentador de televisión y uno de los aragoneses más queridos.

Publicado un año antes de su muerte, en Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados Labordeta rememora con peculiar estilo su paso por el Parlamento, donde estuvo dos legislaturas, entre 2000 y 2008 como diputado de la Chunta Aragonesista.

Un libro ameno, didáctico y directo, en realidad más que de memorias se trata de un conjunto de notas dibujadas por un hombre sencillo y honesto a quien el destino reservó el papel de representante político por unos años.

Labordeta es un claro ejemplo de las minorías políticas en las Cortes (él era el único diputado de su partido), lo que significa la lucha sin descanso contra el rodillo de la mayoría absoluta, ese monstruo que en el sistema bipartidista saca todas las leyes adelante por encima de lo que sea, incluido el sentido común y que seca toda iniciativa contraria a los intereses propios.

Nos ofrece un bosquejo de la galería de personajetes encumbrados que por allí pululan de vez en cuando, así como del día a día de “los otros partidos” que conviven en el hemiciclo, cuyos representantes han de soportar el vacío, la indiferencia y hasta el desprecio por parte de los uniformados con “zapatos brillantes y gomina en el cabello”, aquellos que se consideran políticos antes que ciudadanos y que no sienten la obligación de prestar atencion a otras cosas que no sean las directrices de su partido. De ahí surge el “beduino” del título del libro, para expresar la soledad del habitante del desierto.

Frente a ello alguien que se considera ciudadano, un hombre amable y respetuoso, pero también contundente cuando le sacan de sus casillas las hipocresías de los políticos:

Ocho años contemplando las huellas de los ambiciosos, ambiciosas, de los poderosos, poderosas, de los divertidos y de las divertidas, y viendo, asombrado, la caída de los tipos combativos y defensores de sus ideologías, mientras ascendían los obedientes, lameculos y simplones.

Cumpliendo sus obligaciones, Labordeta estuvo metido en diversas comisiones parlamentarias, nada importante, como él mismo comenta con sorna, para el poder absoluto de quienes están arriba. De todas formas le tocó vivir una época de crispación con el último gobierno de Aznar, la guerra de Irak, las movilizaciones en la calle y el 11-M en Madrid.

No conocemos el mundillo del Congreso de los Diputados, ante el que guardamos respeto reverencial desde el momento -así nos lo han inculcado- en que allí unos señores trajeados e importantísimos toman decisiones trascendentes que a todos nos afectan. Es el templo de los discursos que luego comentan los medios, el hábitat para los pactos políticos y todo eso. Este libro sin más pretensiones es una buena oportunidad para conocer un poquito los mecanismos de que hacen uso nuestros representantes políticos, para descubrir algunas de sus trampas e imperfecciones, para comprobar cómo en todos lados cuecen habas.

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