Has visto muchas pelí­culas (3)

Si tras leer las dos entregas anteriores [1] y [2] pensabas que el cine norteamericano ya no tenía más trucos para manipular tus emociones, lamento decir que Hollywood es un pozo sin fondo de clichés.

Aquí va una nueva ración de tópicos cinematográficos norteamericanos que si se aplicaran en la vida real harían del mundo un lugar mucho más lineal, conveniente y perfectamente cronometrado.

La Cenicienta cuántica

La científica más destacada en cualquier campo siempre es joven y extremadamente tímida. Sin embargo, cuando las cosas se ponen feas, demuestra una determinación de hierro, se quita las gafas de pasta, suelta el pelo de su apretada coleta y con un vestido de noche deja al protagonista con la mandíbula colgando.

El héroe retirado

El héroe de acción, un ex-agente de la CIA o de las fuerzas especiales que vive retirado con su perro en una cabaña remota cortando leña, aceptará «un último trabajo» cuando alguien de su pasado lo convence de que es el único capaz de hacerlo. O si un desalmado tiene la pésima idea de tocar a un viejo amigo, a su familia (aunque no se hable con ninguno de ellos) o, peor aún, a su perro.

Coches de nitroglicerina

Si un coche se despeña por un barranco o recibe un balazo en el parachoques, no arde simplemente: explota con la fuerza de una supernova.

Vuelos express y aparcamiento VIP

Cualquier ciudadano estadounidense puede plantarse en el aeropuerto sin reserva, comprar un billete a Kuala Lumpur en el acto y embarcar minutos después. Y por supuesto, el coche aparcado en la mismísima puerta de la terminal.

El segundo más largo de la historia

Cuando nuestro héroe tiene que desactivar la bomba que podría vaporizar medio continente, el experto por el pinganillo siempre duda. «¡Corta el rojo! ¡No, el azul!». El sudor resbala por su frente, la música sube de tono y el mundo entero depende de él. Entonces corta un cable -el que sea- exactamente cuando el cronómetro marca 00:01. Nunca explota y todos respiran aliviados.

Villanos con incontinencia verbal

El villano, aunque tenga al protagonista atado y desarmado, en lugar de apretar el gatillo prefiere dedicar diez minutos a explicarle con pelos y señales su plan maestro, revelando de paso traumas infantiles mezclados con metáforas sociales. Tiempo más que suficiente para que nuestro héroe encuentre un objeto punzante, se libere y acabe con él.

Nota adicional: nunca des la espalda al malo aunque le hayas vaciado el cargador en el estómago porque siempre revive para un último susto antes de los créditos. Entonces, sí, suena la fanfarria final.

Justicia en un sobre

En los tribunales de película, las pruebas definitivas siempre llegan en un sobre a última hora, entregado por un ayudante sudoroso que irrumpe en la sala justo cuando el juez levanta el mazo. Tras una mirada de superioridad al fiscal, el abogado defensor obra el milagro: el jurado cambia de opinión en sesenta segundos y el caso se resuelve en un abrir y cerrar de ojos ante el asombro general.

El falso mentor

Ese policía veterano y entrañable que regala sabios consejos al novato, que lo invita a cenar con su encantadora esposa y le habla de valores mientras vigila la barbacoa, es casi con seguridad el cerebro de la trama corrupta.

Kit del detective atormentado

El poli insobornable, el mejor de su unidad, es o ha sido alcohólico, fuma demasiado, está separado, anda peleado con todo Cristo y despierta por las noches recordando de forma obsesiva aquella escena en que mató accidentalmente a un inocente.

Vacaciones forzosas pero muy productivas

Cuando nuestro policía conflictivo destroza media ciudad intentando detener al psicópata, a quien nadie cree culpable, el comisario comienza echándole una bronca monumental sobre su indisciplina y los gastos extra del contribuyente, pero acaba dándole vacaciones («tómate unos días», «sal a pescar»). Y si la presión política aprieta, le exigirá la placa y el arma reglamentaria, pero todos sabemos cómo termina esto: seguirá investigando por su cuenta, más peligroso y decidido que nunca ahora que es un «fuera de la ley».

Seguridad para retrasados

Si necesitas entrar en una casa, mira bajo el felpudo o en la maceta. Si necesitas robar un coche, las llaves estarán en el parasol.

El amigo taxista

«¡Rápido, siga a ese coche!». Es la frase mágica. El taxista no pregunta ni protesta; sin mirar el taxímetro pone el coche a dos ruedas y se lanza al tráfico encantado como si compitiera en el Mundial de Rallyes. Todo sea por la promesa implícita de una generosa propina.

Tecnología de ciencia ficción

El zoom de las cámaras de seguridad es prodigioso: de una grabación granulada en un parking oscuro los expertos logran extraer el número de serie del reloj del asesino o captar el reflejo perfecto de su cara en el cristal de una ventanilla.

La conspiración de los despertadores

Si el protagonista tiene a las 8:00 AM la reunión de su vida, el despertador no sonará. Se levantará a las 8:30 con los ojos desencajados, tropezará con todo, esquivará mil obstáculos en la calle y aun así llegará a la oficina justo a tiempo de una intervención brillante.

La noche de la graduación

Noche del baile de fin de curso: el chico espera en el salón, incómodo en su esmoquin alquilado. De repente, ella aparece muy guapa y elegante en lo alto de la escalera y baja a cámara lenta mientras suena una balada pop y los padres al fondo observan henchidos de orgullo.

El karma instantáneo

En el cine juvenil de terror, si aparece un típico guaperas capullo y arrogante, el destino ya le ha reservado una muerte truculenta: un atropello, un cuchillo en el cráneo o el ataque de un ente sobrenatural.

El lago para los insensatos

Da igual que sean las dos de la madrugada y que haya un asesino suelto por el bosque; si un grupo de adolescentes se topa con un lago, tienen que bañarse desnudos. Especialmente las chicas, que sienten esa necesidad imperiosa de chapotear solas mientras el espectador grita: «¡Pero sal de ahí, idiota!».

La dieta del desperdicio

En los bares de las películas la comida es meramente decorativa: los personajes piden una hamburguesa con extra de queso y una cerveza, dan un sorbo (o ni eso), ven a alguien o recuerdan un dato clave, y se marchan dejando el plato intacto y el cigarrillo recién encendido en el cenicero.

La vecina de la tarta

Cuando alguien se muda a una casa nueva con la intención de un «nuevo comienzo», a los diez minutos de soltar las maletas aparecerá un vecino o vecina con galletas recién horneadas o una tarta de manzana. Pues bien, esa sonrisa perfecta esconde a un cotilla insoportable o, peor aún, a alguien con un secreto siniestro.

Perros con sexto sentido

Si la familia tiene un perro, preferiblemente un labrador, este será el sensor biológico de lo sobrenatural, el primero en detectar que algo va mal ladrando a paredes vacías o negándose a entrar en una habitación específica mucho antes de que se manifieste la presencia maligna.

Los mercadillos son un estorbo

Primera ley de la persecución en coche: arremeter contra un mercadillo callejero y arrasar con los puestos de frutas y verduras dejando tras de sí una lluvia de naranjas disparadas como proyectiles y a un tendero agitando el puño en alto.

Callejón sin salida

En toda persecución a pie, la víctima padece un magnetismo fatal por las alturas. En lugar de buscar la salida a la calle, subirá escaleras hasta la azotea para correr desesperadamente hacia la cornisa. Allí, atrapada entre el abismo y su perseguidor, se quedará mirando el vacío con cara de incredulidad. Mientras tanto, el asesino la alcanzará con paso pausado y rítmico.

El mural del hilo rojo

Detectives y agentes especiales del FBI son incapaces de resolver un crimen a no ser que forren la pared del despacho con diagramas y fotos de sospechosos conectados por hilos rojos. Cuando el caso más atascado parece, la hija, el portero o un camarero suelta una frase mundana o rematadamente estúpida. Nuestro hombre queda paralizado, con los ojos como platos, y sale corriendo sin dar explicaciones dejando a los demás con la palabra en la boca. Acaba de resolver el misterio.

Meteorología emocional

Normalmente hay paraguas en los entierros, una lluvia fina y romántica cuando la pareja se besa en mitad de la calle y un aguacero torrencial que hace acto de presencia justo cuando te dejan plantado.

El padre ausente

Los padres del cine siempre están demasiado ocupados para llegar al partido de béisbol o a la función escolar de su niño, lo que genera un catálogo de remordimientos y reproches por parte de la madre —que sí llegó, con cámara en mano— y el niño, que se siente el ser más ignorado del planeta. Un problema que queda resuelto con un abrazo lacrimógeno antes del final de la película.

El televisor de las noticias oportunas

Al entrar en un bar cualquiera, por la televisión está emitiéndose en ese preciso instante la noticia que afecta a la trama o apunta directamente al protagonista, que se encuentra a la fuga. Y el camarero o un parroquiano anónimo se percatará al segundo, lanzando una mirada sospechosa o soltando el comentario que obliga al héroe a salir pitando calándose la gorra.


Si después de leer todo esto te descubres anticipando muchas escenas antes de que ocurran, no te flipes: no eres adivino. Simplemente has visto muchas películas. Y Hollywood, generoso como siempre, seguirá dándote la razón.

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