On Raglan Road

On Ranglan Road01

Aunque considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX en Irlanda, Patrick Kavanagh (1904-1967) es en cambio casi un desconocido en España.

Inconformista con las tendencias literarias de su tiempo, Kavanagh no hizo cuentas con el romanticismo nacionalista habitual en otros de sus congéneres; preferí­a cantar a la realidad desnuda de las cosas tal como le dictaba su carácter sencillo. Y aún consciente de toda la miseria e ignorancia ancestral del campo irlandés -del que él mismo procedí­a y cuyas opresivas estructuras siempre denunció-, fue hilando versos que hablan tanto de la dureza del medio como del compromiso con la tierra. Ante todo un poeta de lugares y de experiencias ligadas a esos lugares.

Fue autodidacta, abandonando el colegio con trece años, y aprendiz de su padre como zapatero además de trabajar en la granja familiar. En realidad durante los primeros 27 años de su vida vivió y trabajó como agricultor y en 1939 es cuando se estableció en Dublin (decisión que con el tiempo consideró un error), donde intentó ganarse la vida como escritor y colaborador de prensa. Soportó el desprecio de dandis, periodistas y funcionarios aspirantes a “artistas”, quienes conformaban el grupo literario dominante. Lo consideraron poco menos que un intruso de pueblo. Parece que tan solo él creyó en su propio talento y así­ fue tirando mientras se ganaba el pan entre colaboraciones literarias y artí­culos periodí­sticos.

En 1946 Kavanagh se trasladó a Belfast donde trabajó como periodista y camarero en diferentes pubs. Regresarí­a a Dublí­n años después pero progresivamente se fue aislando y paseó su figura abatida por los bares de la ciudad. Contó en sus últimos años con algunos benefactores y finalmente comenzaba a recibir un reconocimiento que nunca habí­a tenido, lo que supuso invitaciones a conferencias y hacerlo partí­cipe en jurados de premios literarios. Murió en 1967.

On Ranglan Road02

Su obra, no muy extensa, incluye dos novelas autobiográficas: The Green Fool (1938),Tarry Flynn (1948) y cinco libros de poemas, entre los que destaca el poema-libro La gran hambruna (1942), considerado como una de las obras centrales de la poesí­a irlandesa moderna.

El Premio Nobel de Literatura de 1995 Seamus Heaney -quien ha escrito excelentes páginas sobre Kavanagh- reconoce la profunda influencia que ejerció sobre él.

Conmemórame donde haya agua,
agua de canal, a ser posible,
tan calma y verde en el hondo verano.
”¨Hermano, conmemórame así­, bello,
junto a una esclusa donde ruge un Niágara
de cascadas para el tremendo silencio
de quien se sienta a mediados de julio.
No hablará en prosa
quien encuentre el camino a estas islas-Parnaso.
Un cisne inclina la cabeza con sus muchas disculpas,
la fantástica luz cruza ojos de puentes”
y, mirad, una barcaza llega llena de mitos
de Athy y de otras villas remotas.
Conmemórame sin tumbas de héroes bravos,
basta un banco en el canal para el paseante.

Inspirada en uno de sus poemas, en la alameda que corre paralela al Grand Canal dublinés, verde del metal fundido y del reflejo de árboles y lí­quenes sobre él mismo y el agua, hay una estatua de Kavanagh sentado. Cada 17 de marzo, después del desfile del dí­a de San Patricio, un grupo de “amigos” de Kavanagh se reúne en su honor alrededor de la escultura.

En el otoño de 1944 Patrick Kavanagh conoció y se enamoró de Hilda Moriarty, una estudiante de medicina de 22 años. En ese momento Kavanagh estaba a punto de cumplir 40 y se encontraba en paro después de perder un trabajo como columnista. Al principio Hilda aceptó esta relación. Le interesaba la literatura y le complací­a tener por admirador a uno de los principales poetas de Irlanda. Pero fue un breve romance que ella zanjó, haciendo luego lo posible por librarse de él.

De la amargura provocada por ello surgirí­a poco después un poema: On Rangland Road (o simplemente Raglan Road), una balada del desamor que describe una relación desde la ilusión del principio a la ruptura final. Es el nombre de una calle tranquila de Dublí­n por donde el poeta camina evocando un amor perdido. Sabí­a del riesgo de acabar con el corazón roto, pero aún así­ anduvo camino.

Lucas Kelly (1940-1984), de The Dubliners, coincidió con Kavanagh en The Baileys Pub de Dublí­n a mediados de los años 60. Después de escuchar a Kelly, Kavanagh le sugirió que deberí­a cantar On Raglan Road. Kelly aceptó y desde entonces muchos músicos irlandeses han hecho sus propias versiones de este tema, de conmovedora sencillez, incluidos Sinead O”™Connor, Van Morrison, Mark Knopfler y Billy Brag.

Lucas Kelly On Raglan Road

LYRICS

On Raglan Road of an autumn day
I saw her first and knew
That her dark hair would weave a snare
That I might one day rue
I saw the danger and I passed
Along the enchanted way
And I said let grief be a fallen leaf
At the dawning of the day

On Grafton Street in November
We tripped lightly along the ledge
Of a deep ravine where can be seen
The worth of passion’s pledge
The Queen of Hearts still making tarts
And I’m not making hay
Oh I love too much and by such by such
Is happiness thrown away

I gave her gifts of the mind
I gave her the secret signs
That known to the artists who have known
The true gods of sound and stone
And word and tint to without stint
I gave her poems to say
With her own name there
And her own dark hair
Like clouds over fields of May

On a quiet street where old ghosts meet
I see her walking now
Away from me so hurriedly my reason must allow
That I had loved not as I should
A creature made of clay
When the angel woos the clay he’ll lose
His wings at the dawn of day

Lucas Kelly On Raglan Road

LETRA en español

En Raglan Road, en un dí­a de otoño
la vi por primera vez y supe
que su pelo oscuro tejerí­a una trampa
que un dí­a habrí­a de lamentar.
Percibí­ el peligro y aun así­
recorrí­ el camino encantado.
Y me dije: que el pesar sea
como una hoja caí­da al amanecer”

En Grafton Street durante noviembre
viajábamos ligeros a lo largo del muro
de un barranco profundo
en el que aún puede leerse la súplica de pasión
La Reina de Corazones urdiendo sus embrollos
y yo sin saber cómo deshacerlos
Oh!, he amado tanto, pero tanto.
Y por esto y aquello la felicidad se desperdicia.

Le entregué dones de la mente
Le enseñé el signo secreto que sólo saben
los artistas que han conocido
a los verdaderos dioses del sonido y de la piedra
Y palabra y tinta sin lí­mite
Y poemas para que dijera con su único nombre allí­
Y su única cabellera oscura
Como nubes sobre los campos de Mayo.

Desde una tranquila calle donde los viejos fantasmas se encuentran
La veo caminando apresurada ahora lejos de mí­ ”¨
Mi razón debe comprender que he amado como no debí­a ”¨
a una criatura de “polvo”.
Cuando el ángel se enamora de la tierra
perderá sus alas al amanecer.

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Privacidad y cookies

Utilizamos cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mismas Enlace a polí­tica de cookies y política de privacidad y aviso legal.

Pulse el botón ACEPTAR para confirmar que ha leído y aceptado la información presentada


ACEPTAR
Aviso de cookies