Triana: En el lago

Una introducción para divagar un poco

A menudo al evocar aquel pasado en que reinaba la juventud se apodera de uno la perplejidad.

Especialmente cuando al cerebro, de forma inquietante, le da por sacar a la superficie y traer a tu presencia instantáneas de otro tiempo con su maldita técnica cinematográfica. Por momentos revives voces, aromas, luces o gestos de una forma poderosa y realista que en seguida desaparecen.

La vida en el pueblo tenía su propio microcosmos; la de la ciudad evolucionaba con rapidez a partir de las familias llegadas precisamente de los campos españoles, creando una realidad diferente en las vecindades preparadas a toda prisa por los especuladores.

En los años del desarrollo y crecimiento económico España vivía en la tradición y en la modernidad al mismo tiempo, repitiendo una de sus pautas históricas favoritas.

Si algo tenían en común el campo y la ciudad es que había una España miserable en los pueblos vaciados del interior y una España igualmente miserable en los populosos barrios pobres de Madrid y Barcelona.

Barrio de Aluche (Madrid) en los años 70

Las imágenes rodadas en las calles por RTVE a finales de los años 70 con ese característico color retro, revelan las carencias de unas barriadas que crecían desmesuradas en torno a la gran ciudad, con sus callejones de tierra encastrados entre altos bloques residenciales, abundante ropa tendida, las paredes desconchadas y ruidosas motos de fondo. Y muchos, muchos crí­os correteando por ahí…

Por esos barrios incipientes, desconectados entre sí, convertidos en focos de distintos problemas, crecían y deambulaban jóvenes rebeldes de grandes patillas, pantalón ceñido por la cintura y exageradamente acampanado. Recuerdos del pelo largo, que cantaban los Burning.

Sí­, todo decididamente cutre, sin embargo fue una España alegre y bulliciosa luchando por abrirse camino. No hace mucho de todo esto.

El Rock urbano español

En la segunda mitad de los años 70 el «Underground» se había agotado y el rock español no vendía. El público y los medios solo apostaban por la canción melódica o por la música disco.

Sin embargo el Rock como género seguía contando con mucha aceptación entre los jóvenes de todo el mundo, incluida España. En esos años triunfaron -o siguieron haciéndolo- Led Zeppelin, Pink Floyd, Bowie, Rolling Stones, Jethro Tull, Status Quo, Queen, Rory Gallagher, etc.

El divorcio se producía entre el Rock español y su público, aunque eso empezó a cambiar cuando surgen nuevas bandas asimilando las recientes corrientes internacionales.

Con nombres como Asfalto, que ya llevaban un tiempo, Ñu, Coz y más tarde Topo, Cucharada y Leño (sin duda los más influyentes), un sonido y una actitud nuevas cuajan en España.

Tras el fin de la era franquista y la censura y con los vertiginosos cambios sociales que estaban produciéndose, nace el Rock urbano en las calles de la periferia de las grandes ciudades. Y lo hace reflejando el entorno hostil y alienante de la propia ciudad, con letras que hablan de la vida cotidiana y de la marginalidad.

Se trata en realidad de un movimiento antes que de un género, con grupos de diferente estilo musical coincidentes en el tiempo.

El apoyo de Chapa Discos resultó crucial, de forma que entre 1975 y 1978 el Rock urbano se convierte (junto a su hermano el Rock andaluz) en la corriente más vigorosa del Rock español.

El Rock andaluz

En un movimiento generalizado por la búsqueda de las raíces, Smash fueron pioneros en fusionar flamenco y rock y, junto con Triana, padres de lo que se vino en llamar el rock andaluz.

Apenas existía industria discográfica en el Sur peninsular y las grabaciones habían de realizarse en Madrid o Barcelona. A pesar de las muchas dificultades y el escaso respaldo de los medios, en poco tiempo se producía una eclosión memorable de bandas andaluzas: Mezquita, Medina Azahara, Cai, Imán, Guadalquivir, Alameda

Imán y Cai presentaban una fuerte carga de rock sinfónico, otros tiraban más hacia el jazz-rock (Guadalquivir) o al hard rock, como Medina Azahara y Storm (de los Storm se dijo que eran «demasiado buenos para ser españoles»).

En cualquiera de los casos el rock andaluz ganó muchos adeptos tanto en la periferia de las ciudades como en los pueblos andaluces, se asentó firmemente y algunos de sus grupos tuvieron bastante proyección, incluso en ventas. Es el caso de Alameda, Triana y Medina Azahara, todos ellos obtuvieron éxitos importantes.

Muchos recordamos aún la trascendencia del rock andaluz y la herencia que nos legó, así como a una banda que elevaría el rock de raí­ces a otro nivel, un trío de referencia que tantos años después sigue brillando con intensidad: sus majestades Triana.

Triana

Triana fue el refugio de varios currantes de la música ejercitados en anteriores aventuras: Jesús de la Rosa (voz y teclados), Eduardo Rodrí­guez (voz y guitarra) y Juan José Palacios «Tele» (baterí­a y percusión). Los dos primeros eran sevillanos y el tercero del Puerto de Santa Marí­a.

Eduardo habí­a formado parte del popular grupo Los Payos (el éxito «Marí­a Isabel» data de 1969), mientras que «Tele» habí­a tocado la guitarra en numerosas formaciones. Y qué decir de Jesús de la Rosa, mito y maestro que de joven trabajó de platero, fue aprendiz de mecánico y aprovechaba cualquier ocasión para cantar, casi siempre actuaciones por fiestas de la zona.

Cuando Jesús hacía la mili en Madrid tuvo una incursión en Los Bravos pero a su voz le achacaron un excesivo «deje» aflamencado, lejos de los propósitos comerciales del grupo y fue rechazado.

Más tarde formarí­a «Tabaca» junto a Emilio Souto y Eduardo Rodrí­guez, un grupo que realizaba experimentos musicales sin orientación clara pero interesantes. Poco después Emilio Souto se fue al norte donde formó la Desde Santurce a Bilbao Blues Band y Jesús y Eduardo regresaron a Sevilla, donde junto a Tele y Lole y Manuel iban ensayando un nuevo proyecto de esencias flamencas.

Lole y Manuel seguirí­an por su lado; los otros tres formaron Triana, nombre del conocido barrio hispalense del que era oriundo Juan José Palacios.

La nueva formación significó para sus miembros libertad para tocar como querí­an. Años después Jesús declaró:

«En Triana me olvidé de aprender a ser cantante y me puse a cantar»

Triana nacen fusionando flamenco y rock progresivo, algo tan experimental como poco atractivo para las casas de discos y sus previsiones de ventas. Sin embargo ese era el cocktail propio del rock andaluz naciente: guitarra española, voces flamencas con palmas y técnicas propias del rock sinfónico.

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Triana logró reunir dinerillo suficiente para grabar en el verano de 1974 Luminosa mañana con la ayuda entre otros de Teddy Bautista, pero el single fue rechazado por todas y cada una de las discográficas hasta llegar a manos de Gonzalo Garcí­a Pelayo, quien con el sello Gong de Movieplay se aventuró en la grabación.

El polifacético Gonzalo Garcí­a Pelayo fue además presentador de televisión, director de cine y finalmente su pasión por los números le llevaría a emprender un particular tour por los casinos de medio mundo tratando de derrotar a la banca, cosa que efectivamente hizo en numerosas ocasiones al frente del famoso «clan de los Pelayos».

La filosofí­a y el sentimiento que desprende El Patio cala de inmediato entre la juventud más inquieta.

Este hermoso LP contení­a dos canciones convertidas pronto en clásicos que crean escuela dentro del rock andaluz: Abre la puerta y En el lago (o «El lago» a secas). Sin embargo las ventas del disco fueron escasas, sin apenas promoción, de modo que la difusión del sonido Triana era esencialmente a través del boca a boca, lentamente.

En 1976 Triana actúan en Madrid consiguiendo varios llenos en discotecas de la capital habituadas a las actuaciones de rock duro.

En 1977 grabaron su segundo disco, otra gran obra. Hijos del agobio consiguió vender bastante más e impulsó a su vez las ventas del disco anterior. Además hay que señalar que se edita en un momento muy especial de la historia de España, lo que justifica la exaltación de la libertad y la reivindicación de tono polí­tico en letras de algunos de sus temas:

«La guitarra a la mañana le habló / de libertad» (Rumor)

«Todos pretenden saber y decir lo que piensa usted / con elegantes palabras y el gesto duro a la vez. / Queremos elegir / sin que nadie diga más / el rumbo que lleva a la orilla de la libertad» (¡Ya está bien!)

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Los medios de comunicación habían reparado al fin en Triana y les dieron cancha en radio y televisión.

1978 serí­a clave para todo el movimiento emergente de rock español.

Algunas discográficas emulan la experiencia de Garcí­a Pelayo creando catálogos subsidiarios con los que editar a los nuevos grupos. El sello principal dejaba en manos de un sello secundario (diferenciado de él y marcando las distancias) la tarea de alumbrar nuevos grupos y correr con los riesgos. Zafiro crea el mí­tico subsello Chapa y lanza el primer disco de Asfalto, el primero de Bloque y después discos de Ñu, Topo, Leño y Cucharada. Una verdadera gozada ver cómo en el mercado nacional entraban en abundancia discos de rock en castellano.

En ese mismo 1978 aparece Sombra y Luz, el tercer album de Triana, considerado como la primera explosión comercial de un disco español, ya que se vendieron unas 300.000 copias.

Triana se habí­a convertido en el grupo español por excelencia. El 30 de septiembre más de 30.000 personas abarrotaron el Parque de atracciones de Madrid para verlos en una actuación para la historia (de ahí­ saldrí­a un disco en directo que es la primera grabación de este tipo en España).

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Llegado 1980 y después de los tres grandes trabajos, El Patio, Hijos del Agobio y Sombra y Luz, Triana cambian a un registro de corte Pop con Un encuentro, melodías más asequibles para todos los públicos concebidas para sonar y vender. De hecho Una noche de amor desesperada y Tu frialdad serí­an gracias a su difusión, sus canciones probablemente más tarareadas.

En 1981 Triana sacó su penúltimo album titulado simplemente Triana. Es el más flojo de todos e iniciaba la peor época para la banda.

1982 fue para ellos un año en blanco y 1983 registró un intento tí­mido de renacimiento con el disco Llegó el dí­a donde el grupo parecí­a recuperar algo de la inspiración de los primeros tiempos.

No podremos ya nunca saber si esa recuperación hubiera sido posible y qué otros frutos hubieran surgido, ya que un dí­a de octubre de 1983 el Telediario daba la triste noticia del fallecimiento de Jesús en accidente de tráfico con tan sólo 35 años. Recuerdo la conmoción de aquel dí­a. Sucedí­a en una carretera burgalesa volviendo de actuar en Pais Vasco.

Tampoco averiguaremos si, como se ha dicho en ocasiones, Jesús de la Rosa estaba en esos momentos proyectando llevar a cabo su carrera en solitario. Las discográficas trataron de exprimir al máximo las circunstancias sacando en los años siguientes todo lo habido y por haber sobre Triana: recopilaciones, reediciones, grabaciones rescatadas… contribuyendo a enmarañar su legado.

La muerte de Jesús supuso de facto la disolución de Triana. Eduardo Rodrí­guez publicó dos discos en solitario, «Velo de amor» (1986) y «Noche del dí­a» (1987), que pasaron desapercibidos. Se trasladó a Caños de la Meca y se retiró por completo del mundo de la música.

Acuciado por problemas económicos, Tele decidió junto a un puñado de eficientes músicos emprender una gira con el nombre de Triana en 1994 (tení­a derecho legal a ello), repasando el repertorio clásico y añadiendo alguna canción nueva. El resultado fue «Un jardí­n eléctrico» (1997) y «En libertad» (1998) y la repercusión resultó escasa. En 2002 y después de un concierto, un infarto acabó con su vida a los 57 años. Fue enterrado en Villaviciosa de Odón donde también reposa el cuerpo de su compañero Jesús.

Una noche aburrida, acodado en el bar, irrumpió por los altovoces la magia de «El lago» después de una sesión chabacana de melodí­as absurdas. Automáticamente una voz junto a mi musitó entre dientes: «eso sí­ era música». Desaliñado y con la mirada ausente, ese alguien era uno con el que apenas he cruzado unas frases en toda mi vida a pesar de conocerlo desde niño. Él también amaba a Triana y eso me emocionó (desgraciadamente murió pocos años después), así­ que decidí­ que algo debí­a escribir sobre ellos.

Triana es un de los grupos más representativos y queridos de nuestra historia musical y El lago una balada sobrecogedora.

Llama la atención leer que El Lago es la evocación soñadora de un viaje lisérgico (LSD, alucinaciones). No se, para mi siempre fue sencillamente una poesí­a hermosa con una perfecta melodí­a que nos hechizó durante años y que tanto entonces como ahora se escucha sobre todo con el corazón. Nunca olvidaré esa forma peculiar de acentuar la palabra pájaro.

Música en todo su esplendor.

Y en directo, en blanco y negro con toda su escala de grises:

Triana
En el lago

LETRA

Ayer tarde al lago fui­
con la intención de conocer
algo nuevo.
Nos reunimos allí­
y todo comenzó a surgir como un sueño.
Creo recordar que por la noche
el pájaro blanco echó a volar
en nuestros corazones
en busca de una estrella fugaz.

Vimos junto el amanecer
y el lago reflejó nuestros sueños.
Y en silencio fuimos a caer
junto al gran monte aquel
que nos dio el amor.

No puedo negar que me hizo daño,
que mi corazón huyó de ti.
Has de ser como la mañana
el dí­a que te conocí­.

Creo recordar que por la noche
el pájaro blanco echó a volar
en nuestros corazones
y en busca de una estrella fugaz.

Ayer tarde al lago fuí­…

Ví­a Wikipedia, Audiokat y más.

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