Blog de música, tecnologías, poesía y cerveza fría

20/09/2017

Jo, qué noche!

Los días caen rápidamente mientras tu cabeza se enfrasca en aguantar el tirón de la rutina de la manera más digna posible.

Pasas horas y horas encerrado bajo un mismo techo sin llegar nunca a comprender muy bien el sentido. No te permites muchas alegrías pero tienes buenas orejas, imaginas cosas y tu punto de insatisfacción continuo periódicamente te da a entender que ahí fuera hay un mundo fascinante y diverso que te estás perdiendo.

Incluso si no pones freno a la ensoñación, ésta supondrá que la noche facilita encuentros llenos de grandes promesas de apareamiento. Tu corazón se expande en busca del alma gemela que establezca conexión y comprensión mutua. Pero la fantasía es ciega y olvida que lo más probable es que los protagonistas de la noche sean seres perdidos y desnivelados que pueblan ambientes a menudo sórdidos. O que aquellos con los que te cruzas necesitan tanta o más ayuda que tú mismo. Si estás dispuesto a hacer el esfuerzo y correr riesgos, adelante. Y si no, considera ahórrartelo.

Algo de esto es lo que se le plantea a Paul Hackett, un informático con una vida cuadriculada y monótona frente a la pantalla del ordenador de su trabajo, en una empresa desmesurada de una ciudad desmesurada como es Nueva York.

Así que una noche decide alterar su guión y sale un rato de casa a probar suerte. En un bar aborda a una chica y conversan un rato, se pasan los números de teléfono y poco después de separarse Paul se arma de valor y la llama para visitarla. ¡Bingo! Está harto de su soledad y la chica le gusta de veras. El plan promete.

Estoy hablando de la película de 1985 Jo, qué noche! (traducción absurda en España de After Hours), estupendamente protagonizada por Griffin Dunne, quien aparecía también en la excelente Un hombre lobo americano en Londres (1981). Lo acompañan magníficos actores de reparto, cada uno con su ratito de gloria y entre ellos la hermosa Rosanna Arquette (¡qué fácil fue enamorarse de ella!).

Paul parte en busca de emociones sin sospechar que le llegarán a raudales en la noche desquiciada que se le avecina. Atrapado por un bucle de desdichadas casualidades, nuestro protagonista -que no es más que un chico normal en apuros- cae de un problema en otro hasta anhelar con todas sus fuerzas regresar al cálido manto de su rutina perdida.

Jo, qué noche tiene la firma nada menos que de Martin Scorsese. Apoyada por un guión brillante, que despliega con acierto la historia en una sola noche, es una peli de culto para unos y una comedia de un humor particular a veces de tintes oscuros. Sin duda fue una apuesta personal y un divertimento del maestro.

El film regala escenas de surrealismo desenfadado en el escenario de las calles de la gran ciudad, espacio donde conviven noctámbulos estrafalarios, algo que en realidad todos somos (estrafalarios, digo).

La volví a repasar hace unas semanas y veo que After hours se mantiene en buen estado de forma: fresca, ágil y divertida. ¿Cómo explicar si no que acabe tan pronto? Sigo pensando que es un puntazo y quería reivindicarla.

Todavía le doy vueltas a un par de cosillas de esta película:

1. No he averiguado por qué el personaje que interpreta Rosanna Arquette utiliza una crema para quemaduras de 2º grado. Sutil misterio.

2. El mismo personaje cuenta que su marido cada vez que llega al orgasmo grita: “Ríndete Dorothy” (la chica de El mago de Oz). Ja, ja, ja…

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