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18/11/2017

Max Planck

Los últimos 75 años de la física se han construido sobre el descubrimiento de que la energía, a nivel microscópico, existe en unidades indivisibles o quanta, igual que en la materia existen partículas. El hombre que provocó esta revolución fue Max Planck.

Próximo a su fin el S. XIX, la ciencia se relamía con la certeza de que habían sido aclarados en su mayoría los misterios del mundo físico: electricidad, mecánica, óptica, gases, magnetismo… Los científicos habían elaborado con el paso del tiempo un cuerpo sólido de leyes universales. El mundo despertaba al S. XX con un progreso en instrumentos y maquinaria tal que se pensó que ya poco le quedaba por hacer a la ciencia (A finales del S. XX se repetía esa historia de la fe ciega en el progreso y los logros científicos como un ciclo de eterno retorno, una autocomplacencia que necesitamos y practicamos).

Cuando Max Planck (Alemania, 1858-1947) era un estudiante que sobresalía en la Universidad de Munich (luego estudiaría también en Berlin), le recomendaron que no optase por la Física porque ya todos los problemas habían sido resueltos. Afortunadamente él no hizo caso a este consejo y estudió física teórica.

Investigó primero el campo de la termodinámica y después enfocó su atención en explicar el espectro de radiación emitido por los llamados cuerpos negros (un cuerpo negro es un objeto que absorbe toda la luz y la energía que inciden sobre él, de modo que no refleja radiación alguna). Estos estudios culminaron en el concepto de “quantum elemental de acción”, o “constante de Planck”, que definía la naturaleza atomística de la energía.

El interés de Planck por profundizar en la esencia de la energía le llevó a abandonar los principios de la física newtoniana tradicional y a introducir la teoría cuántica, un hallazgo que le valió el Premio Nóbel de Física en 1918. Max Planck había presentado en el año 1900 un trabajo a la Sociedad Física de Alemania donde planteaba que la energía no puede producirse en forma continua o en porciones de una dimensión cualquiera sino sólo en ciertos paquetes que él llamó cuantos (del latín, quantum).

Aunque en un principio Planck y sus colegas no se dieron cuenta plenamente de su alcance, la hipótesis sugerida era el comienzo de una revolución que desbarataría la imagen de la naturaleza que percibimos por los sentidos. La teoría de los Quanta conmocionó a los físicos y amenazó la Física clásica, cuyo fundamento era la continuidad de la energía.

Así pues, la mecánica cuántica fue una revolución no sólo científica sino también filosófica desde el momento en que postulaba la imposibilidad de predecir con exactitud el futuro e introducía el azar en la ciencia. Sus ecuaciones permitieron desarrollar el transistor y el láser.

La mecánica cuántica, cuyo significado cabal todavía discuten los físicos, se convertiría desde entonces en la base de la ciencia moderna y explicaría todo un conjunto de extraños efectos que se registran tanto en el mundo subatómico como en las vastedades del cosmos. Sus implicaciones todavía se discuten (las reglas de la mecánica cuántica admiten por ejemplo que una partícula subatómica, como un electrón, esté en dos partes al mismo tiempo, o en ninguna de las dos hasta que alguien la observa).

La colaboración de Max Planck con otro gigante, Einstein, hizo de Berlín el centro más importante de la física antes y depués de la I Guerra Mundial. Gracias a Planck, la humanidad comprendió la naturaleza de la radiación y del átomo y sus interacciones.

En el plano personal, la segunda parte de la vida de Max Planck fue muy desventurada. En 1909 moría su amada esposa. Su hijo mayor cayó en el frente de la I Guerra Mundial; sus dos hijas gemelas morían ambas de parto en un intervalo de dos años. Su casa en Berlín quedó totalmente destruida por las bombas aliadas en 1944, perdiendo con ello todos sus escritos, y ese mismo año su hijo menor, Erwin, era detenido y posteriormente ejecutado por la Gestapo por su implicación en la conspiración para matar a Hitler (*).

Todo este cúmulo de adversidades, aseguraba su discípulo Max von Laue, las soportó sin una queja. Al finalizar la guerra, Planck, su segunda esposa y el hijo de ésta se trasladaron a Göttingen donde él murió a los 90 años, en 1947.

(*) En la mañana del 20 de julio de 1944 el coronel de la Wehrmacht, conde Claus von Stauffenberg se prepara para una reunión con Adolf Hitler en la llamada “guarida del lobo”, el cuartel general del dictador en Prusia Oriental. Stauffenberg es la cabeza visible de una conjura, el Plan Walkiria, para acabar con el líder nazi mediante un maletín bomba. Tras el fracaso del atentado, más de 7.000 personas fueron detenidas por los nazis y 200 de ellas rápidamente ejecutadas, incluido el propio Stauffenberg. En 2004 se realizó una serie para la televisión alemana titulada “Operación Walkiria”, mientras que la película “Valkyrie”, con Tom Cruise, se estrenará en cines el próximo año.

Fuentes: [1] [2]

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