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21/07/2017

Moby Dick

Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación.

Así comienza Moby Dick, uno de los grandes clásicos de la literatura norteamericana y cuyo tema central es el conflicto entre el capitán Acab, (Akab o Ahab según traducciones) patrón del ballenero Pequod, y la gran ballena blanca que en un viaje anterior había arrancado su pierna a la altura de la rodilla.

Acab, ávido de venganza y cegado por el resentimiento, se lanza con toda su tripulación a la desesperada búsqueda de su enemigo. La obra de Hermann Melville (Nueva York, 1819-1891) sobrepasa en mucho la aventura para convertirse en una alegoría sobre el mal incomprensible representado por la ballena, monstruo de las profundidades que ataca y destruye lo que se pone en su camino y el capitán, que representa la maldad absurda y obstinada, empeñado en sostener una venganza personal que arrastra a la muerte inútil a muchos inocentes. ¿Cuántos episodios históricos no tendrán ese trasfondo?.

La trama misma es fascinante y va más allá de la lucha desigual de los balleneros contra el ser vivo más grande del planeta. El enfrentamiento en alta mar entre hombre y bestia es la escenificación del combate inacabable entre el bien y el mal que finaliza con la muerte de todos, excepto el joven Ismael que sobrevive para narrar la historia.

Fue la vida de Melville bastante convulsa y tan cargada de aventuras como los personajes de sus libros.

Nació en una familia burguesa con profundas raíces en la historia norteamericana: su abuelo paterno participó en el motín del té y su abuelo materno fue un héroe de la batalla de Saratoga. Sin embargo la repentina muerte de su padre, comerciante sin éxito, sumió a su familia en una inesperada pobreza.

Melville, movido por grandes deseos de independencia personal, comenzó a ganarse la vida por su cuenta y se enroló en un barco con destino a Liverpool y posteriormente en un barco ballenero (los cetáceos proporcionaban entonces el aceite de las farolas callejeras) con destino al Pacífico Sur. De este último desertó en las Islas Marquesas y durante un tiempo convivió con caníbales. Poco después escapó en un mercante australiano y desembarcó en Tahití, donde estuvo prisionero. A su regresó a Estados Unidos comenzó a escribir.

La acogida de su obra fue dispar; las primeras novelas, que narraban aventuras de sus viajes, fueron muy bien recibidas. En cambio sus escritos posteriores, cada vez más tendentes a la reflexión filosófica y a la experimentación formal, fueron rechazados por la critica y su figura ninguneada (hasta el siglo XX no se reconoció su importancia). Ésta fue la respuesta del editor cuando la aparición de Moby Dick:

Lamentamos decirle que nos oponemos a publicar “Moby Dick” ya que no lo consideramos apropiado para el mercado juvenil. Es muy largo, algo anticuado y en nuestra opinión no merece la reputación que parece disfrutar usted con sus otros libros.

El olvido en el que cayó Melville se refleja perfectamente en el mínimo obituario que le dedicó el New York Times, y en el que se referían a él como “Henry Melville” en vez de Herman.

Moby Dick (1851) es una novela de aventuras sólo en apariencia porque como ya se dijo su dimensión es bastante mayor. Se trata de un drama épico con personajes heterogéneos de múltiples facetas y la historia en sí es una exploración de temas psicológicos y metafísicos. El capitán es un marino que inquieta por su carácter sombrío, un mutilado obsesionado por encontrar a la ballena para darle muerte, pero a la que culpa también de todos los males de este mundo.

Herman Melville explora tal número de niveles del pensamiento y del sentir humanos que Moby Dick es profunda y perdurable y sus interpretaciones innumerables. Exactamente igual que cualquier otra obra universal.

William Faulkner dijo en reiteradas ocasiones que Moby Dick era el libro que le hubiera gustado escribir.

La película más conocida sobre Moby Dick la dirigió en 1956 John Huston y estuvo protagonizada por Gregory Peck en el papel del capitán Acab.

Hase sienes y sienes de años, mientras leía Moby Dick, no dejaba de tomar notas de algunos de sus pasajes cautivadores. Ayer encontré un papel con algunos de ellos y de ahí nació esta entrada. Los dejo por aquí sueltos.

Fragmentos de Moby Dick

– Tú perteneces a esa desesperanzada y pálida tribu (…) que es gente con la que uno gusta a veces sentarse y sentirse también un pobre diablo, y ponerse alegre entre lágrimas.

– Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso, cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustitutivo de la pistola y la bala.

– Mirad allí las turbas de contempladores de agua (…) la meditación y el agua están emparejadas para siempre.

– Cada silencioso adorador parecía haberse sentado a propósito aparte de los demás, como si cada dolor silencioso fuera insular e incomunicable.

– El gozo -un gozo muy alto, muy alto y muy entrañable- es para aquel que, frente a los orgullosos dioses y comodoros de esta tierra, siempre mantiene su propia persona inexorable.

– Sentía en mí algo que se fundía. Mi corazón astillado y mi mano enloquecida ya no se volvían contra este mundo de lobos.

– ¿Te parece ver destellos de esta verdad intolerable: que todo profundo y grave pensar no es sino el esfuerzo intrépido del alma para mantener la abierta independencia de su mar, mientras que los demás desatados vientos del cielo y tierra conspiran para lanzarla a la traidora y esclavizadora orilla?

– Meter la mano entre los inefables fundamentos, las costillas y la mismísima pelvis del mundo, es cosa terrible.

– Y también, si se miraba atentamente aquella surcada y marcada frente, se veían igualmente huellas extrañas, las huellas de su único pensamiento, sin dormir y siempre caminando.

– Hombres: sois igual que los años. Así se traga y desaparece la vida rebosante.

– Uno se traga todos los acontecimientos, todos los credos y convicciones, todos los objetos duros, visibles e invisibles, por nudosos que sean.

– … Cuando la memoria del primer hombre era un recuerdo claro y todos los descendientes suyos, no sabiendo de dónde había venido él, se miraban unos a otros como auténticos fantasmas y preguntaban al sol y a a la luna por qué habían sido creados y para qué fin.

– Siéntate como un sultán entre las lunas de Saturno y toma al hombre a solas, en elevada abstracción: parecerá un prodigio, una grandeza, un dolor. Pero desde ese mismo punto de vista, toma a la humanidad en masa y en su mayor parte parecerá un populacho de duplicados innecesarios, tan simultáneos como hereditarios.

– Pues aquí yacen soñando y soñando en silencio millones de sombras y siluetas mezcladas, sueños ahogados, sonambulismos, ensueños, todo lo que llamamos vidas y almas, agitándose las olas como durmientes con sueños en sus camas.

– ¿Qué es lo que me atraviesa como un disparo y me deja tan mortalmente tranquilo, fijo en la cima de un estremecimiento?.

2 thoughts on “Moby Dick

  • NINO

    La verdad es q estoy buscando alguna pelis de Mobi Dick, desde muy chico me fascinaba esta historia.

    Saludos, Jorge
    Argentina

    Reply

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