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21/11/2017

Un atraco que pudo ser perfecto

Cinco años entre barrotes dan para desarrollar y pulir ideas o planes. En este tiempo Johnny Clay no ha dejado de dibujar en su cabeza los detalles precisos para, una vez en libertad, volver a delinquir pero esta vez con el golpe que le brinde un retiro definitivo con los bolsillos llenos. Todos sus sueños convergen en la 7º carrera del hipódromo. Sí… ahí es donde alcanzará su cenit una sinfonía perfectamente orquestada.

Un ex-convicto Johnny Clay (Sterling Hayden) anuncia nada más terminar su condena el decidido propósito de cometer un atraco audaz, único: hacerse con la recaudación de un hipódromo estadounidense en un gran día de carreras. Lo que lo hace perfecto no sólo es la meticulosidad con que ha planeado todo sino el hecho de hacer partícipes a una banda que no es tal, ya que estará integrada por personajes corrientes y grises, cada uno con un pequeño pero decisivo papel en la trama. No son en absoluto delincuentes sino empleados mal pagados y hartos de una vida penosa.

Todos los convocados quieren participar sabiendo que en el atraco nadie sufrirá daño; además el jefe es persuasivo y otorga seguridad, pero sobre todo sueñan con dar un giro total a sus vidas convencidos de que el dinero abundante suprimirá de un plumazo todos sus problemas para siempre. El poli con deudas que ya no puede afrontar, el barman pobre, el marido celoso (George Peatty) que quiere impresionar a su ambiciosa mujer… todos están insatisfechos y esperan el momento del atraco como quien posee un décimo de lotería ganador que sólo falta cobrar.

Tanta previsión por parte de Clay y sus hombres no puede sin embargo contar con tener todos los factores posibles controlados y así harán su aparición las ambiciones cruzadas, los dobleces y la traición que siempre acompañan al género humano, y más particularmente en este caso el elemento femenino en forma de “femme fatale” es el desencadenante de una crisis que dará al traste con el tinglado tan escrupulosamente planeado y ejecutado.

Esta semana he vuelto a encontrarme con esta crónica, que es una de mis historias favoritas de perdedores y fantasías truncadas, releyendo la novela de Lionel White y revisitando después la película de Kubrick.

Partiendo de la novela de Lionel White (“Clean Break”) y sobre un guión de otro novelista de serie negra, Jim Thompson, Stanley Kubrick dirigió en 1956 Atraco Perfecto (The Killing, literalmente “La Matanza”, porque todo acaba como el rosario de la aurora), la que es considerada su primera obra maestra. El libro de Lionel White (1905-1985), novelista de los años 50-60-70 admirado entre otros por Quentin Tarantino -quien muchos años después lo cita en Reservoir Dogs-, es en general más explícito que la peli, respira mayor violencia y hasta sexualidad. Además tanto algunos detalles como los finales, difieren.

Atraco Perfecto -la película- atrajo las miradas de algunos personajes de Hollywood, por ejemplo Kirk Douglas quien firmó con Kubrick un contrato para cinco películas, siendo la primera en 1957: Senderos de gloria, Paths of Glory, la del hermoso mensaje antibelicista. De la mano de Kubrick vendrían también tan grandes films como “Teléfono Rojo…”, “2001”o “Espartaco”.

La utilización del tiempo cinematográfico en Atraco Perfecto supuso una innovación para le época gracias a un estilo no lineal que expone los hechos desde los diversos puntos de vista de los personajes, con planos picados, buena composición fotográfica en blanco y negro, la idea del doble complot y flashbacks continuos. Un guión cargado de suspense hará el resto. Y sin embargo la película pasó casi inadvertida y sólo la recuperó el gran público tras los posteriores éxitos de Kubrick tiempo después.

No es perfecta, tiene algunos fallos. La jungla de asfalto (John Huston, 1950) es parecida pero seguramente superior. Pese a ello resulta un gran ejercicio de cine negro que reúne los ingredientes básicos del género: delito, apuestas, hampones y vampiresa, humo, sangre, todo en una poderosa síntesis de menos de hora y media.

Tal vez la película resultase chocante para el público de los años cincuenta, acostumbrado como estaba a historias moralmente concluyentes con héroes y villanos enfrentados de manera inequívoca. Los delincuentes de Atraco Perfecto son personas sencillas y honestas, pobres diablos en pos de un objetivo que se les va de las manos y caerán víctimas del destino inmisericorde ¿quiénes son realmente los malos?.

La lucha de un antihéroe soñador en su enfrentamiento con el mundo acarrea un final necesariamente malaventurado. El protagonista llega a oler la gloria en el aeropuerto y tú deseas con toda el alma que no lo atrapen y escape con su chica y la maleta repleta de billetes. Pero el azar, en forma de un repelente caniche y su dueña (en la película, no en el libro), lo va a desbaratar todo. Con la mirada perdida, Johnny baja los brazos y es devuelto a la amarga realidad. Y es que las viejas con caniche en brazos al que hablan como a un niño mimado siempre resultaron muy muy peligrosas.

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