La vida es una propuesta curiosa… después de todo

Cómo una pieza de vodevil de 1904, recuperada por Boardwalk Empire, sigue hablándonos con una lucidez sorprendente.

Una canción de 1904 que cobró sentido cien años después

Muchas canciones pasan desapercibidas hasta que, en un instante impreciso, te encuentran y provocan una sacudida: puede ser un acorde, un timbre de voz, una armonía o, como en este caso, la fuerza de la letra. Life’s a Funny Proposition After All, rescatada por Boardwalk Empire, pertenece a esa rara categoría.

Nacida como una pieza de vodevil en 1904, terminó, contra todo pronóstico, convirtiéndose en una reflexión insospechada sobre el misterio de existir.

Llegué a Boardwalk Empire tarde, pero la serie se ha ganado un lugar entre mis favoritas por su atmósfera minuciosa, por la densidad de sus personajes y por esa crónica ambiciosa de la mafia estadounidense en tiempos de la Prohibición.

Y entonces, al final de la primera temporada, irrumpió una interpretación musical., casi como un epílogo emocional. Nucky Thompson había perdido cualquier resto de inocencia moral, Jimmy había roto definitivamente con la figura paterna y otros quedaban suspendidos entre la culpa, la ambición o la mera inercia de sobrevivir.

Aquella pieza no solo cerraba con precisión lo que acababa de suceder en pantalla; abría, además, una grieta más amplia. Hablaba de todos nosotros: de la incertidumbre, del azar que nos gobierna, de nuestras pequeñas miserias y de esa obstinación, casi ingenua, por descifrar una realidad que se resiste a ser explicada.

Lo sorprendente es que esperarías encontrar estas intuiciones en una obra de pensamiento, y sin embargo tropiezas con ellas en una canción de 1904, escrita para arrancar sonrisas en un teatro. Quizá por eso, más de un siglo después, sigue sonando cercana, como si hubiera aguardado pacientemente a que llegáramos hasta ella. Y lo hace con una precisión inquietante: convierte el caos en una observación tan elegante como mordaz sobre lo provisional de todo y, aun así, sobre la necesidad —casi absurda— de seguir bailando.

Merece la pena detenerse un momento en quien la escribió.

El hombre que hizo del escenario su idioma

Detrás de la composición está George M. Cohan (1878-1942), un personaje que merecería su propia serie. Creció sobre las tablas: hijo de artistas itinerantes, debutó siendo un niño junto a su familia, The Four Cohans, recorriendo Estados Unidos de punta a punta. De ahí pasó a convertirse en una industria en sí mismo: actor, autor, compositor, bailarín y productor.

Escribió, compuso o produjo más de cincuenta espectáculos, apareció en tres docenas de musicales y firmó más de trescientas canciones. Siguió actuando en cine hasta bien entrada la década de los treinta y sobre las tablas hasta 1940. Nunca abandono el escenario. Para Cohan, actuar no era un oficio: era su forma de existir.

Life’s a Funny Proposition After All procede de Little Johnny Jones, el musical que estrenó en Broadway en 1904 y que hoy se considera uno de los primeros verdaderamente americanos.

Frente a la solemnidad de la ópera europea, ofrecía un héroe atrevido y optimista, un lenguaje directo y una energía nueva. Triunfó en un país que avanzaba a gran velocidad —crecimiento urbano, expansión industrial, prensa de masas, nuevas formas de ocio— y porque hablaba exactamente ese idioma con melodías pegadizas, ritmo ágil e ironía sin complejos para tratar asuntos como el dinero, el matrimonio o la suerte.

Cohan no escribía tratados filosóficos. Creaba canciones para un público que pagaba una entrada para desconectar de sus preocupaciones. Ahí reside su genio. La esencia de este tipo de espectáculos no consiste en dar lecciones ni en negar las tragedias, sino envolverlas en una melodía que uno pueda tararear al salir de la representación, llevándose de propina una pequeña reflexión.

Con el tiempo, esa mezcla de humor, ligereza y resignación terminó impregnando buena parte de la cultura popular estadounidense. El mundo podía ser caótico y, precisamente por eso, había que aprender a bailar mientras se derrumbaba.

Did you ever sit and ponder,
Sit and wonder, sit and think,
Why we're here and what this life is all about?

-
¿Alguna vez te has sentado a reflexionar,
a preguntarte, a pensar,
por qué estamos aquí y cuál es el sentido de esta vida?

¿Por qué nadie entiende la vida?

La canción arranca con una pregunta que desarma cualquier tentación de solemnidad: ¿alguna vez te has parado a pensar por qué estamos aquí y de qué va todo esto?

Cohan responde con sorna. El asunto ha llevado a más de una mente brillante a la botella, y ni siquiera con el peso de todas las teorías científicas ha logrado esclarecerse. Después de todo lo pensado y aprendido, apenas sabemos esto: nacemos, vivimos un tiempo y morimos… Es un comienzo espléndido porque no promete respuestas —al contrario, se ríe de que nadie las tenga—, fijando así el tono de todo lo que sigue con verdades que se cantan entre bambalinas.

El propio título ya contiene toda una actitud. No hay revelaciones ni certezas absolutas, solo un encogimiento de hombros: la vida es una proposición muy curiosa, después de todo. A partir de ahí, Cohan retrata un paisaje reconocible: nos pasamos la existencia persiguiendo dinero, porque sin él sencillamente no cuentas; discutiendo sin descanso, convencidos de que el equivocado siempre es el otro y viviendo con una prisa que solo se detiene cuando cae el telón.

La comedia de estar vivos

El mundo que retrata Cohan no está poblado de héroes ni villanos, sino de gente corriente. Personas que convierten pequeñas rivalidades en grandes conflictos, que viven pendientes de la opinión ajena y que arrastran las mismas inseguridades generación tras generación. Toda una galería de personajes intentando encontrar rumbo mientras se destruyen mutuamente, con el vacío moral colándose entre el lujo y el glamur. No hay gestas épicas, solo ambiciones, miedos y vanidades que se parecen demasiado a las nuestras.

Todos interpretamos un papel cuyo libreto desconocemos; entramos en la función sin saber por qué y la abandonamos sin una explicación definitiva. Cohan, que creció entre bastidores, sabía algo que a menudo tardamos en aprender: la vida no es un drama que se nos cuenta. Es una comedia que inventamos sobre la marcha, sin ensayo ni director que nos indique cuándo es nuestro turno para intervenir o cómo hacerlo.

El sol se apaga sin avisar

Cuando todo fluye, la vida transcurre bajo un sol radiante; en cuanto el destino gira en contra, esa misma existencia se vuelve una carga difícil de sostener. No hay una única manera de experimentarla, más bien un juego de circunstancias que la tiñe de sentidos distintos cada vez. Pocos arcos de la temporada lo ilustran con tanta crudeza como el de Jimmy Darmody: todo parecía alinearse a su favor… hasta que dejó de hacerlo, y la misma suerte que le sonreía terminó por volverse contra él.

Cohan introduce un matiz de una sencillez casi despiadada: lo que hoy trae sonrisas, mañana queda suspendido en la incertidumbre; lo que a unos alegra, a otros deja indiferentes, puesto que la vida no se distribuye de forma equitativa ni se experimenta del mismo modo. Y ahí, en ese reparto desigual, asoma el chiste. Un desequilibrio —casi un guiño— que es, al mismo tiempo, una forma de entenderla.

Late aquí una sabiduría popular teñida de resignación: la certeza de estar expuestos a una farsa donde las apariencias y las urgencias materiales dictan las reglas. En la serie, vemos a un grupo de hombres que cree gobernar el mundo mientras ese entorno —la Prohibición, la corrupción, el azar mismo— los sacude hasta derribarlos. Como ellos, nos enredamos en disputas banales, perseguimos un reconocimiento que es pura fachada y olvidamos que el reparto de papeles depende, en buena medida, de una fortuna que jamás elegimos.

Cuando cae el telón

El final de la canción no promete respuestas. Cohan lo resume con una imagen que desarma: un día eres joven y al siguiente viejo y canoso, como la rosa que brota, florece y se marchita. Añade que perdemos la salud por alcanzar la riqueza mientras recorremos este sueño efímero, y cierra con la metáfora teatral definitiva: batallas que peleamos con emoción hasta que cae el telón.

Esa tensión entre la certeza de la muerte y la incertidumbre de para qué vivimos es el corazón del tema. No es una canción oscura, sino una observación burlona sobre el caos de la existencia. Cohan escribió un número cómico musical sobre el desconcertante oficio de vivir; cien años después, una producción sobre gánsteres lo recuperó para decir exactamente lo mismo.

La serie añade, además, un guiño histórico de gran elegancia. La canción no suena como un simple fondo musical, la interpreta el propio Eddie Cantor, convertido también en personaje de la trama. No es un detalle casual. Cantor pertenecía a la generación de artistas que heredó el género de variedades que George M. Cohan había contribuido decisivamente a popularizar. De ese modo, Boardwalk Empire rescata una vieja canción y la devuelve al escenario del que surgió.

Lo extraordinario es que todas estas preguntas no habitan en un tratado severo, lo hacen en una pieza ligera escrita para una función de variedades. No pretenden resolver el enigma, simplemente sonríen ante él.

Quizá por eso Life’s a Funny Proposition After All sigue sonando tan cercana más de ciento veinte años después. Al fin y al cabo la cultura popular posee una rara virtud: esconder las preguntas más profundas detrás de una melodía aparentemente inofensiva.

La función termina. Nadie sale a saludar. Las preguntas, sin embargo, siguen ahí.

George M. Cohan: Life’s a Funny Proposition After All

Lyrics

(Verse 1)
Did you ever sit and ponder,
Sit and wonder, sit and think,
Why we’re here and what this life is all about?
It’s a problem that has driven
Many brainy men to drink,
It’s the weirdest thing they’ve tried to figure out.
About a thousand diff’rent theories
All the scientists can show,
But never yet have proved a reason why
With all we’ve thought
And all we’re taught,
Why all we seem to know
Is we’re born and live a while and then we die.

(Chorus 1)
Life’s a very funny proposition after all,
Imagination, jealousy, hypocrisy and all.
Three meals a day, a whole lot to say;
When you haven’t got the coin you’re always in the way.
Ev’rybody’s fighting as we wend our way along,
Ev’ry fellow claims the other fellow’s in the wrong;
Hurried and worried until we’re buried and there’s no curtain call.
Life’s a very funny proposition after all.

(Verse 2)
When all things are coming easy, and when luck is with a man,
Why then life ti him is sunshine ev’rywhere;
Then the fates blow rather breezy and they quite upset a plan,
Then he’ll cry that life’s a burden hard to bear.
Though today may be a day of smiles, tomorrow’s still in doubt,
And what brings me joy, may bring you care and woe;
We’re born to die, but don’t know why, or what it’s all about,
And the more we try to learn the less we know.

(Chorus 2)
Life’s a very funny proposition, you can bet,
And no one’s ever solved the problem properly as yet.
Young for a day, then old and gray;
Like the rose that buds and blooms and fades and falls away,
Losing health to gain our wealth as through this dream we tour.
Ev’rything’s a guess and nothing’s absolutely sure;
Battles exciting and fates we’re fighting until the curtain falls.
Life’s a very funny proposition after all.


George M. Cohan: La vida es una proposición curiosa, después de todo.

LETRA en español

(Estrofa 1)

¿Alguna vez te has sentado a pensar,
a preguntarte, a reflexionar
por qué estamos aquí y de qué va esta vida?
Es un problema que ha llevado
a muchos cerebros brillantes a beber;
es lo más extraño que han intentado desentrañar.
Unas mil teorías diferentes
es lo único que los científicos pueden mostrar,
pero aún no han demostrado la razón por la que,
con todo lo que hemos pensado
y todo lo que nos han enseñado,
lo único que parecemos saber
es que nacemos, vivimos un tiempo y luego morimos.

(Estribillo 1)

La vida es una proposición muy curiosa, después de todo,
imaginación, celos, hipocresía y todo eso.
Tres comidas al día, mucho que decir;
cuando no tienes dinero, siempre estás de más.
Todo el mundo se pelea mientras seguimos nuestro camino,
cada cual dice que el otro es el que está equivocado;
apurados y preocupados hasta que nos entierren, y ya no hay salida a escena.
La vida es una proposición muy curiosa, después de todo.

(Estrofa 2)

Cuando todo sale bien y la suerte acompaña a un hombre,
la vida le sonríe por doquier;
pero cuando el destino le juega una mala pasada y trastoca sus planes,
entonces se quejará de que la vida es una carga difícil de soportar.

Aunque hoy pueda ser un día de sonrisas, el mañana sigue siendo incierto,
y lo que a mí alegra, a ti te puede traer preocupación y tristeza.
Nacemos para morir, pero no sabemos por qué ni de qué va todo esto,
y cuanto más intentamos aprender, menos sabemos.

(Estribillo 2)

La vida es una proposición muy curiosa, puedes apostarlo,
y nadie ha resuelto el problema del todo todavía.
Joven por un día, luego viejo y canoso;
como la rosa que brota, florece, se marchita y se deshoja,
perdiendo salud para ganar riqueza mientras recorremos este sueño.
Todo es una suposición y nada absolutamente seguro;
batallas emocionantes y destinos con los que luchamos hasta que cae el telón.
La vida es una proposición muy curiosa, después de todo.

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