Heridamente quieta está la tarde; las golondrinas trazan una fugahacia el oro inclinado de poniente,al imposible lado de la vida (…) tan sólo un ala quiso darme el cielo:con fe serena y con el propio esfuerzoelijo la pobreza por mis manos:quieta y herida como está la tarde,parece suspendida eternidadel inquietante incendio de los sueños.
Ni idea hasta ahora sobre la existencia de esto pero en cuanto me avisaron empecé a mirar por encima del hombro más de lo normal. No tenía tanto miedo desde que vi un documental sobre el dragon de Komodo.
«Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros» (Dicho por un tal Sócrates hace muchas lunas)
Uno va, viene y vuelve, cansado de su nombre;va por los bulevares y vuelve por sus versos,escucha el corazón que, insumiso, golpeacomo un puño apretado fieramente llamando,y se sienta en los bancos de los parques urbanos,y ve pasar la gente que aún trata de ser alguien. Entonces uno siente qué triste es ser un hombre.Entonces
Cuando Baroja llegó a Madrid tenía la ilusión de conocer a uno de los grandes de la literatura española, D. Benito Pérez Galdós y para ello se apostó en la calle del Ateneo esperando a que pasara.
Lord George Alfred Brown (1914-1985) fue líder del Partido Laborista inglés, ministro de Asuntos Exteriores de 1966 a 1968 y aficionadillo al brebaje.
En muchas ocasiones reunía a sus nietos y les contaba historias africanas: – «Iba yo un día por las selvas del Congo, sin armas ni nada, y de repente oí el rugido de un león. Rápidamente di media vuelta y comencé a correr en dirección al poblado. Pero en una revuelta del camino me encontré
A Tristan Bernard, seudónimo de Paul Tristan, que fuera novelista, periodista y abogado francés (1866-1947) se le atribuyen numerosas frases ingeniosas.